Juan de Marcilla e Isabel de segura
Juan de Ávalos. 1955. Alabastro. Fundación amantes de Teruel
Foto: Wikimmedia

El grupo escultórico del mausoleo de los amantes de Teruel no es una obra maestra de la Historia del Arte, tampoco es de un artista de gran renombre internacional, por más que Juan de Ávalos recibiera muchos e importantes encargos en vida, y tampoco se incluye entre el catálogo de obras de arte que se estudia en los manuales de Bachillerato.

Sin embargo es capaz de recibir numerosos visitantes cada año y de mantener viva una leyenda: la de “los amantes de Teruel”, un cuento de juglares que ha perdurado hasta hoy como si de un suceso reciente se tratara, a pesar de haber sucedido en torno a los siglos XIII o XIV.

El autor de la escultura es Juan de Ávalos, conocido por ser uno de los mejores escultores españoles del siglo XX, y una “victima” artística de su tiempo, ya que sus principales obras fueron encargadas por el régimen de franco, y a su voluntad debía someter su labor artística.

Las bodas de Isabel
Las manos no llegan a tocarse
Foto: wikimmedia

En el caso de los amantes de Teruel el artista debía enfrentarse a la representación de una leyenda muy popular, lo que sin duda debió de tener muy en cuenta a la hora de componer las figuras y no romper el encanto y el romanticismo del cuento.

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII en Teruel vivía un joven, Juan Martínez de Marcilla que se enamoró de una chiquilla de buena familia, Isabel de Segura.

A pesar de declararse mutuamente su amor, el padre de ella prohibió el enlace ya que el joven Juan no tenía riquezas que ofrecer. Entonces Juan prometió a Isabel que trabajaría duro los próximos 5 años para poder ganar dinero y así poder casarse a su vuelta.

Juan regresó el día en que Isabel era tomada por esposa por Fernando de Gamboa, hermano del señor de Albarracín,.

Juan se plantó ante la novia y le pidió un beso, que Isabel le negó, cayendo muerto a los pies de ella. En su velatorio en la iglesia de San Pedro, y ante todos los turolenses, Isabel le dio el beso negado y murió sobre el cuerpo de Juan.

El sepulcro está tallado en alabastro y es doble, con una efigie yacente para cada personaje, bajo la cual se ubicaron sendas cajas de celosías que contienen las urnas de cristal en las que se dispusieron las momias de los difuntos.

Las bases de los sarcófagos son de bronce y tienen representado, en el caso de la de Isabel un ángel, símbolo de la obediencia, y un león en el caso del sepulcro de Diego, símbolo de la valentía.

Las cabezas de los enamorados están ligeramente ladeadas la una hacia la del otro, buscándose. A su vez los brazos se extienden el uno hacia el otro para acariciarse las manos, que no se llegan a tocar, simbolizando ese instante en el que el le pide que se acerque y ella rehúsa hacerlo, impidiendo que ya nunca se volvieran a juntar en vida.

Del conjunto destaca la serenidad de los rostros de los personajes significando un amor imposible y contenido que nunca llegó a materializarse y sobre todo las manos, unas manos que no se tocan y cuya separación cuenta mucho de esa historia que se vivió en el teruel de la baja edad media.