El Gigante
Francisco de Goya y Lucientes. 1808. 116 x 105. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

El coloso es una de las obras más polémicas en torno a la figura de Francisco de Goya y Lucientes, por cuanto siempre se ha dudado de la exactitud de la atribución de su autoría en favor del pintor aragonés.

Terminada hacia 1808, tras la muerte de Josefa Bayeu -esposa de Goya-, es una obra que se ha conocido con otros títulos como el pánico, la tormenta o el gigante.

Representa a un gigante con los puños en alto que se eleva por encima de unos montes y genera una situación de pánico entre la multitud del valle, que huye en estampida en todas las direcciones sin importar que sean personas, animales o carruajes.

Todos menos uno, un burro de color blanco que aparentemente está tranquilo en medio del caos, mirando hacia otro lado como si no pasara nada.

El cuerpo erguido del gigante ocupa el centro del cuadro y la mayor parte del espacio de la representación. Su postura es propia de alguien que se dispone a luchar -puño cerrado y torso en tensión-.

Para algunos autores Goya pretendió representar el enfrentamiento bélico que estaba a punto de empezar en el momento de pintar el cuadro:  la Guerra de la Independencia. El coloso sería una alegoría de la lucha del pueblo español contra la amenaza invasora.

La indefinición del rostro y de la pintura en general hace difícil asegurar la postura exacta del gigante ni si como aseguran algunos autores tiene los ojos cerrados, simbolizando en ese caso la violencia ciega que se practicó en algunos episodios de la guerra.

Como contraste el mencionado asno de color blanco que se ha interpretado como la osadia de la ignorancia o la incomprensión del fenómeno de la guerra, sentimiento y preocupación que estuvo presente en buena parte de la vida de Goya.

Otras interpretaciones sostienen que el gigante sería una alegoría de Fernando VII, soberbio y poderoso impone su voluntad al pueblo que huye, mientras el asno, que simbolizaría a la aristocracia, estancada, ignorante y ufana ante una amenaza que no lo es para los de su estatus.

Para la representación de la estampida de la gente del valle Goya utilizó una técnica abocetada parecida a la de sus pinturas negras, que compone con trazos rápidos que aunque parecen apuntes o bocetos, consiguen provocar el efecto de violencia y pánico que quiso reflejar el pintor.

Como en sus pinturas negras de la Quinta del Sordo, el color negro es predominante en el cuadro, aunque hay numerosos toques de color aplicados con espátula.

Más allá de las estériles polémicas entre Historiadores del Arte, que poco o nada más tienen que añadir a lo que se conoce sobre la obra, lo cierto es que se trata de un cuadro que perfectamente, por cronología, técnica y tema, debemos de encuadrar en la antesala de lo que luego fueron sus pinturas negras.