Olmecas
H. 1450 a.c. Parque la venta sobre la cultura Olmeca. Estado de Oaxaca. México
Foto: JETOVAR

Las cabezas colosales de la cultura Olmeca son uno de los restos más llamativos y sorprendentes de las culturas mesoamericanas del periodo preclásico (anteriores a la cultura Maya) y que están fechadas hacia el 1450 a.c.

Estas cabezas, de las que se conocen al menos 17 ejemplares, se caracterizan por su monumentalidad -miden entre 1,6 y 3 metros de altura- y elevado peso, en torno a las 10 toneladas, aunque hay algún caso que ha alcanzado las 30 o incluso más.

Se sabe que estas enigmáticas cabezas nunca formaron parte de un cuerpo. Como mucho incluían un pedestal sobre el que se asentaban y que en algunos casos no se ha conservado por haber sido encontradas desplazadas de su lugar original.

Todas ellas se esculpían desde una roca bruta de forma más o menos esférica que extraían de canteras de piedra -generalmente basalto- situadas a más de 100 km de distancia, desde las que las transportaban a los principales centros de la cultura Olmeca.

Uno de los aspectos sorprendentes es que en esta época los Olmecas no disponían de objetos de metal, lo que implica que toda la talla de la roca la hacían con instrumentos más o menos toscos.

Las cabezas presentan unos tocados característicos y unos rasgos faciales que recuerdan a las razas afroamericanas mas que a los propios habitantes de mesoamérica. Todas ellas estaban policromadas, aunque en casi ningún ejemplo nos han llegado a nosotros restos de esa policromía.

Independientemente de que a algunas de estas cabezas se les ha apodado con títulos como “el guerrero”, actualmente no sabemos todavía a quienes representaban. No hay datos concluyentes de que se trataran de dirigentes Olmecas, guerreros o héroes del juego de la pelota.

Representen a quién representen los estudiosos tienen claro que no representan a ninguna divinidad, por el realismo con el que lo representan.

Lo que sí que se ha estudiado es un patrón en las representaciones, que seguirían una especie de esquema con el que transmiten al espectador una idea de equilibrio, armonía y belleza, cuyo resultado tiene un aire especial y único dentro de la producción escultórica de todas las culturas precolombinas.