Michelangelo Merisi
Caravaggio. 1605. Óleo sobre lienzo. 292 x 211. Galeria Borghese
Foto: Wikimmedia

Este cuadro de grandes dimensiones es una de las obras de Caravaggio más impresionantes y sobre la que más se ha escrito. Por su simbología, por la magnífica ejecución técnica y por su polémica retirada de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Cuando se le encarga está obra Caravaggio ya es un pintor consolidado. Goza de gran fama y los encargos son cada vez más numerosos y complejos por la necesidad de articular el mensaje contrarreformista de la iglesia católica.

De la misma forma que su fama y sus seguidores crecen también los detractores y los escándalos relacionados con sus obras, que como en este caso sólo estuvo colgada en su emplazamiento original durante dos días.

Este cuadro también se conoce por títulos como “madonna con el niño y Santa Ana” o “virgen de la sierpe”.

La obra fue encargada por la cofradía de los palafreneros para la capilla de Santa Ana de la Basílica de San Pedro del Vaticano, aunque como ya hemos comentado apenas estuvo colgada allí dos días.

El excesivo realismo de la obra, en la que los personajes son modelos vulgares tomados de una realidad cruda y sin idealizar, además del hecho de que Santa Ana no ocupara el centro de la composición -siendo la advocación de la capilla para la que fue encargada-, fueron los motivos que escandalizaron al papado y provocaron su retirada de la capilla.

Caravaggio representa una doble alegoría. Por un lado el pecado original en el gesto de la virgen y el niño de pisar la serpiente. Y por otro lado la redención con Santa Ana, que adopta la pose de testigo de la crucifixión y redención de Cristo.

El pecado es representado por una serpiente que se retuerce de dolor mientras su cabeza es pisada por la Virgen María. Vestida con ropa de lavandera e iluminada por una luz cálida y tenue, sujeta con ternura a su hijo, que apoya su pie sobre el empeine de su madre como queriendo contribuir a la exterminación del pecado representado en la serpiente.

Santa Ana -madre de la Virgen María- está pintada como una mujer mayor, con la piel curtida y un aspecto oscuro propiciado por la ropa oscura como de gitana y misteriosa que parece difuminarse con el fondo de la habitación.