Brueghel el Viejo
Pieter Brueghel el viejo. 1562. Temple y óleo sobre tela. 117 x 162 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Este cuadro de Pieter Brueghel el Viejo es una de sus obras más conocidas y sin duda una de las obras maestras de la colección de pintura flamenca del Museo del Prado.

El tema del cuadro es la muerte, de la que Brueghel hace una visión absolutamente personal y épica sin que falten tonos de cierta ironía o humor, además de su función moralizante que nos recuerda la fugacidad del tiempo y el hecho innegable de que tarde o temprano a todo el mundo le llega su hora.

Brueghel crea un escenario de batalla enfatizando el título del cuadro en el que la muerte ha salido victoriosa -siempre lo hace- de la batalla frente a los vivos. Para crear esta escena se sirvió de una atmósfera ennegrecida por el humo que oculta el cielo, bajo el cual vemos un paisaje completamente arrasado y restos de naufragios a la orilla del mar que sitúa al fondo.

El catálogo de escenas e imágenes siniestras no podía ser más extenso y explícito en un paisaje en el que vemos mástiles coronados por ruedas, picotas en las que se exhiben los restos de criminales ajusticiados y ejércitos de esqueletos -humanos y de animales- atacando hombres que no encuentran ni tienen defensa posible ante la muerte.

Todos los escuadrones de esqueletos que portan escudos con forma de tapa de féretro conducen a las personas hacia un mismo lugar: una cueva artificial situada en el centro del cuadro que simula un ataúd al que le han levantado la tapa inferior para que pudieran pasar.

Brueghel representó a todo tipo de personajes: campesinos, soldados, nobles e incluso reyes –en la esquina inferior derecha- para dejar claro lo evidente. La muerte no entiende de condición social, rango o distinción.

No es infrecuente en la pintura flamenca encontrar obras como ésta en la que hay multitud de pequeñas figuras y escenas, entre las que el artista introduce un guiño o un detalle fuera de lo común. En este caso nos incluye a una pareja de enamorados -esquina inferior derecha- contemplándose el uno al otro, ajenos por completo a lo que sucede tras ellos.

Como ya hemos comentado Brueghel se sirve de una atmósfera oscura y sombría para representar un tema como éste, en un cuadro que es una buena fuente de estudio para que los historiadores analicen las costumbres de la época, indumentarias, instrumentos musicales o ingenios mecánicos como los relojes. El detallismo y capacidad técnica del pintor permite analizarlos y aproximarse con bastante probabilidad de acierto al objeto real.

Algunos autores han querido ver en este cuadro una interpretación pesimista del autor respecto a la situación política del momento y casi como premonición de la guerra de los 80 años o guerra de Flandes entre las 17 provincias de los Países Bajos contra el rey de España y que dio origen a lo que hoy es Holanda.