El Greco
Domenikos Theotokopoulos. 1587. Óleo sobre lienzo. 480 x 360 cm. Iglesia de Santo Tomé. Toledo
Foto: Wikimmedia

El entierro del Conde Orgaz es la obra más conocida de El Greco, pintor de origen griego que desarrolló la mayor parte de su obra en Toledo, ciudad que hoy día se identifica con el pintor y que está preparando los actos conmemorativos y celebraciones del 400 aniversario de la muerte del artista en 2014.

Situado en una capilla lateral de la iglesia de Santo Tomé es visita obligada para todos aquellos que viajan a Toledo.

Cuando El Greco pintó esta obra es ya un pintor consolidado que lleva más de 10 años en la ciudad. Era por entonces un pintor reconocido y maduro cuya técnica y estilo personal podemos considerarlos en la plenitud del artista.

El cuadro se divide en dos partes claramente diferenciadas: el ámbito celestial en la parte superior en el que vemos a Cristo y a la Virgen rodeados de ángeles y santos, y el ámbito terrenal donde representa propiamente el entierro del conde que da nombre a la obra.

La obra fue encargada por el párroco de la iglesia que quería que El Greco representara el milagro que tuvo lugar cuando se iba a enterrar al Conde de Orgaz: Gonzalo Ruíz de Toledo. Según cuenta la leyenda, en el momento de ser introducido su cuerpo en la tierra bajaron del cielo San Agustín y San Esteban y lo hicieron ellos con sus propias manos.

El cuadro tenía una doble función: por una parte servía para explicar la vida cristiana intachable del conde y otra moralizante, que incide en cómo cultivando determinadas virtudes nuestro alma puede alcanzar la vida eterna.

La diferenciación de ambos ámbitos la resuelve El Greco con la luz. Una luz cuya procedencia no podemos adivinar y que incide precisamente en aquellos personajes que el propio pintor quería enfatizar para dirigir la mirada del espectador hacia aquellos personajes que más y mejor le permitirían comprender la obra.

En la transición entre ambos espacios sitúa a un ángel que es el encargado de “elevar” el alma del Conde a los cielos, representada en forma de feto, que el propio ser divino introduce en el rompimiento de gloria por una abertura que recuerda a un útero, hacia el que se dirige la figura de la Virgen que “acogerá” ese alma en el cielo.

El ángel está cubierto con un manto amarillo y situado en una postura muy forzada llamada serpentinata, utilizada a menudo por los artistas manieristas.

El cielo está presidido por Jesucristo, a su derecha la Virgen María y a su izquierda San Juan Bautista. Se identifican también los figuras de San Pedro, algunos apóstoles como Santiago, Pablo o Santo Tomás y personajes Bíblicos como Moisés, Noé, el rey David o Lázaro.

En la parte inferior, vemos a San Agustín -a la derecha vestido como un obispo con la mitra- y San Esteban -a la izquierda- sosteniendo el cuerpo del Conde Orgaz. Tras estos personajes vemos frailes de distintas órdenes (franciscanos, dominicos o austinos), al alcalde de Toledo, al arquitecto Alonso de Covarrubias, Cervantes y un autorretrato del artista en segundo plano justo encima de la cabeza de san esteban y la mano derecha del alcalde de Toledo.

El párroco que encargo la obra a El Greco, Andrés Nuñez, y su mayordomo -que le ayudó a cerrar el encargo de la obra con El Greco- están representados en los extremos de esta parte inferior, mientras un niño nos señala la figura del Conde Orgaz, que se corresponde con el retrato de Jorge Manuel, hijo de El Greco.