Peter Paul Rubens
Pedro Pablo Rubens. 1630. Óleo sobre lienzo. 199 x 286. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Esta obra de Pedro Pablo Rubens que se conserva en el Museo del Prado de Madrid también es conocida bajo los títulos de “Sarao de Rubens”, “Una conversación a la moda” o “Escuela del Amor”.

Todos conocemos a Rubens por sus figuras femeninas generosas en carnes y por sus cuadros de gran formato con numerosas figuras en los que predominan ante todo el color, el movimiento y la sensualidad, características estas que podemos encontrar en buena parte de la producción del pintor.

La obra rezuma sensualidad y movimiento en todas las escenas y grupos de personajes que componen la representación. A su vez el colorido vibrante y llamativo de los atuendos de determinados personajes dirige la mirada del espectador de uno a otro.

El cuadro, pintado en 1630, supone un punto de inflexión en la obra del artista que abandona el dramatismo y pesimismo de su obra anterior, provocado por la pérdida de su primera mujer en 1626, por un estilo más colorista y optimista fruto de su estudio y conocimiento directo de las obras de Tiziano en las colecciones reales de la monarquía española durante un viaje a Madrid y de su reciente matrimonio con la hija de un rico comerciante amigo suyo.

La obra es un homenaje a los placeres sensuales de la vida, siguiendo el hilo del cuadro de Tiziano: “la bacanal”.

A diferencia del genio veneciano, Rubens se dedicó a representar, no una época pasada y gloriosa inspirada en el mundo clásico, sino que pinta personajes contemporáneos mezclados con querubines y angelotes propios de la mitología. De esta forma crea una especie de fábula sobre un reino mágico, que es este jardín del amor.

La escena transcurre junto a un palacete barroco en el que se esta celebrando una fiesta. En el jardín vemos elementos arquitectónicos y escultóricos inspirados en la antigüedad clásica, como un detalle de una fuente de Gian Bologna que representa a la diosa Venus de cuyos pechos mana la leche que vierte sobre la humanidad y otra de las tres gracias en el fondo del cuadro, bajo el porche del palacio.

Rubens “vuelca” en el lienzo su felicidad y enamoramiento de su joven esposa -ella tiene 16 años y el 55- representando una alegoría de ambos en este acto social que el supuesto pintor aprovecha para presentar a su mujer a los demás caballeros y mujeres que asisten a la fiesta.

Se cree que el personaje de la izquierda y la figura femenina del centro -ataviada con un vestido azul- serían el pintor y su esposa, aunque esto sólo se ha sugerido por el parecido de estos personajes a los retratos de ambos cónyuges.

En el cuadro advertimos la presencia de varios amorcillos y angelotes en distintas actitudes -potando flores, disparando flechas, etc.- que sirven para mezclar lo real con lo fantástico y darle un aire amable a la pintura, un recurso que sería utilizado en las escenas galantes de la pintura rococó del siglo XVIII, en especial de Watteau, gran admirador del genio flamenco.