Carlos V
Tiziano. 1548. Óleo sobre lienzo. 332 x 279 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

La batalla de Carlos V en Mühlberg es uno de los cuadros más conocidos de Tiziano y se ha convertido también en un icono para la imagen del propio emperador.

El valor y la trascendencia de esta obra comprende dos niveles: el artístico por la maestría demostrada en el por parte de Tiziano, especialmente en la utilización del color, y por otra parte el valor histórico al representar al emperador triunfante en su guerra contra los protestantes.

Se trata de una tipología de obra muy común en la escultura desde época romana pero no tanto en pintura que se puede decir que inicia Tiziano con este cuadro, creando una tipología que se desarrollará y alcanzará su cénit en el Barroco.

Las ideas cristianas del emperador y su lucha contra el protestantismo condicionaron el encargo y Tiziano nos presenta al emperador como un soldado de Cristo en defensa de los valores de la iglesia católica.

Uno de los aspectos que más llama la atención es el título. Tratándose de la representación de una batalla, el pintor no se preocupa en ningún momento por representar al derrotado, ni el campo de batalla. Se trata de una escena en calma, sin soldados, armas o escenas de lucha que nos relacionen lo que vemos con el contexto en el que nos presenta el artista al emperador.

Tiziano se centra en representar al emperador a caballo que parece salir de un bosque que vemos en la parte posterior izquierda. Carlos V tiene un semblante serio y un porte tranquilo y sosegado ataviado con una armadura reluciente y con el caballo engalanado.

En la parte derecha ya no vemos el bosque sino un paisaje tranquilo y verde donde las praderas verdes bañadas por la luz del crepúsculo, que genera una sensación de serenidad y silencio, y permite a Tiziano desplegar su capacidad pictórica y su excelente manejo del color para componer el paisaje y el cielo del atardecer.

La técnica de Tiziano es la propia de la escuela veneciana, en la que el color aplicado en pinceladas amplias predomina sobre el dibujo, resultando una imagen muy colorista propia de esta escuela.

Iconográficamente la escena no es casual. Todo está pensado y basado en el relato de la batalla de los cronistas del emperador. Tiziano representa el momento en el que Carlos V se decide a cruzar a la orilla del río Elba, cuando a pesar de estar anocheciendo el sol se detuvo para concederle ventaja al emperador.

Las referencias a personajes bíblicos como Josué o a históricos como Julio César y a sus dudas sobre si cruzar el Rubicón, engrandecen la imagen del emperador, al que el sol por intercesión de Dios le concede algo más de tiempo -como a Josué- y su valentía en cruzar a la orilla del río Elba -a diferencia de Julio César con el Rubicón- donde los protestantes se habían hecho fuertes, le sirvieron para conseguir su propósito “evangelizador” del catolicismo frente a los protestantes.

Se trata de una obra encargada por un monarca muy hábil en su estrategia política que supo utilizar el arte como medio de propaganda política, para lo que se valió de los mejores pintores del momento, entre los que Tiziano destacó como uno de sus preferidos.

Imagen de Carlos V en Muhlberg en formato gigapixel en Google Earth