Saura
Antonio Saura. 1959. ´Óleo sobre lienzo. 250 x 200. Museo nacional centro de arte Reina Sofía. Madrid
Foto: pampurbana

El pintor oscense Antonio Saura es una de las figuras y personalidades artísticas españolas más importantes de la escena plástica internacional de finales del siglo XX.

Su estilo característico y reconocible a simple vista es fruto de una dilatada trayectoria profesional y de una constate experimentación de los logros de la vanguardia nortemericana, a las que contrinuyó aportando su particular visión de las mismas, individual y colectiva, a través de grupos como “El Paso”.

Su formación artística fue autodidacta debido a que siendo adolescente sufrió una enfermedad que le hizo permanecer en cama. Aprovechó su convalecencia para leer y comenzar a dibujar.

Inició su carrera pictórica en Madrid y París donde entró en contacto con pintores surrealistas, cuya influencia es claramente visible en sus primeras obras, aunque al ser ya una época tardía para este estilo pronto terminó abandonándolo por tendencias más vanguardistas como el expresionismo abstracto que aprendió de Jackson Pollock o Willhelm DeKooning.

Su evolución irá en todo momento encaminada hacia una pintura casi abstracta en la que las grandes manchas de pintura aplicada en grandes brochazos claramente marcados esbozan formas esquemáticas que poco o nada recuerdan del natural.

Antonio Saura nunca abandonará las formas. En casi todas su obras podemos reconocer algo que nos recuerda un objeto, figura humana, un animal o un monstruo.

Todo representado de una forma muy expresiva gracias a la utilización de esos golpes rápidos de pincel que resultan de un gesto automático más que de un estudio minucioso del trazo a seguir.

Es ese gesto lo que confiere a sus imágenes esa expresividad característica adoptada del informalismo y que algunos estudiosos han relacionado con la tradición pictórica española de representaciones tétricas y tenebristas mezclado con la acción gestual pictórica adoptada del expresionismo abstracto norteamericano.

En “El Grito” nº 7, Saura representa una figura que recuerda en la postura a ese personaje del Guernica de Picasso -esquina superior derecha- en el que vemos a un hombre que grita desesperado hacia el cielo mientras levanta sus dos brazos en V.

En éste la figura queda algo indefinida, de forma que no podemos distinguir si se trata de una persona o de un animal. Antonio Saura se sirve de este esquematismo en las formas básicas para resaltar la fuerza expresiva de toda la figura.

La paleta cromática de sus obras se fue reduciendo paulatinamente hasta convertirse en lo que vemos en este cuadro, en el que los negros y grises componen las formas sobre una superficie blanca y que han contribuido a convertir sus mágenes en iconos del propio artista.