Boticelli
Sandro Boticelli. 1478. Temple al huevo sobre tabla. 204 x 314 cm. Galeria Uffizi. Florencia
Foto: wikimmedia

La primavera es junto a el nacimiento de Venus una de las obras fundamentales de Boticelli, del Quatroccento y de todo el Renacimiento italiano.

Más allá de la belleza y el profundo y complejo significado de la obra, destaca también por sus dimensiones, ya que no es frecuente encontrar tablas pintadas en temple al huevo con unas dimensiones como las que tiene éste cuadro, que abarca una superficie superior a los 6 metros cuadrados -204 x 314 cm-, y en el que las figuras son de dimensiones casi reales.

A pesar del formato monumental el detallismo está presente en todas las figuras y símbolos que articuló en la obra, tales como el caso de Mercurio, la empuñadura de su espada o los broches de las vaporosas y transparentes túnica de Las Tres Gracias.

La obra hay que entenderla en el contexto cultural y filosófico de la Florencia de los Médicis, una época en la que la vuelta al clasicismo y al neoplatonismo caracterizan a las obras de los genios del renacimiento, que encuentran en este “respaldo” filosófico una excusa para mejorar la consideración social de los artistas, que ya en ésta época empiezan a librarse del yugo de los gremios.

Su significado ha suscitado numerosas teorías, que más allá de las posturas que defienden, coinciden en la importancia de la atmósfera mitológica con la que Boticelli rompe con la temática religiosa que había predominado en la pintura del treccento y el duocento.

Botticelli opta aquí por un formato monumental, con figuras de tamaño natural, y lo compagina con una gran atención al detalle. La composición se organiza en torno a la figura de Venus en el centro del cuadro en el que el fondo arbolado y plano con una acentuada verticalidad conseguida gracias a los troncos de los árboles, entre los que se encuentran los naranjos, relcionados con la familia Médicis.

A la derecha de Venus encontramos a las tres gracias bailando al lado de Mercurio que recoge una naranja del árbol.

En el otro lado, a la izquierda de Venus, representó a Flora y a Cloris -ninfa habitualmente asociada a Flora- que es perseguida por su marido, el dios Céfiro. Ambos personajes aparecían también en el cuadro “el nacimiento de Venus”.

A pesar de la temática de la obra, se cree que los modelos que utilizó para los personajes fueron personas reales: Caterina Sforza (la gracia de la derecha), Semiramide Appiani (la gracia de la izquierda) y la famosa Simonetta Vespucci, que fue una modelo presente en otras obras de Boticelli.

Entre las numerosas interpretaciones se cuenta que Mercurio representa a Julio de Médicis -hijo de Lorenzo de Médicis– y que una de las gracias, que observa atentamente a Mercurio, sería la amante del propio Julio de Médicis. Más allá de fantasías y teorías, la interpretación exacta del conjunto nunca la conoceremos, y de ahí viene buena parte del misterio y atractivo de la obra.

INFORMACIÓN ADICIONAL