Max Ernst
Max Ernst. 1937. Óleo sobre lienzo. 114 x 146. Colección particular
Foto: Wikimmedia

Max Ernst, al igual que Francis Picabia en “la revolución española”, forma parte de ese grupo de artistas europeos que reflejaron la difícil situación de la España de 1937, sumida por aquel entonces en una cruenta guerra civil.

El lenguaje pictórico tan peculiar de Ernst le llevó a representar a la Guerra Civil como un monstruo que siembra el pánico, la destrucción y la muerte, que sólo puede ser consecuencia de la destrucción de valores, moral y ética de la sociedad posterior a la Primera Guerra Mundial.

A pesar de haberse iniciado en el grupo de los dadaístas, Ernst encontró en el surrealismo un estilo que le permitía expresar sus ideas políticas y sobre todo estéticas, que contribuyeron a desarrollar este estilo de las vanguardias.

Con esta obra pretende mostrar su rechazo por la Guerra Civil Española y sobre todo por el ascenso de los regímenes autoritarios belicosos que estaban cometiendo atrocidades con la población más allá de sus ideologías.

Para ello se sirve de la rprsentación de un monstruo que lejos de estar estático realiza un movimiento violento pateando el suelo con toda la fuerza de que es capaz y con el que pretende sembrar el terror.

Podemos apreciar algunos rasgos humanos en el monstruo, como son las extremidades y la cabeza. Una cabeza en el que se dibuja una sonrisa victoriosa y placentera por conseguir el sometimiento de la gente a su voluntad a través del miedo.

La razón por la que elige como inspiración para el monstruo un ave es fruto de su admiración por estos animales, que aparecen de forma recurrente en sus obras. En este caso por la postura y la forma de la cabeza parece un buitre avanzando hacia su presa.

Max Ernst lo representa en un ambiente sin apenas referencias espaciales, un páramo que simboliza cómo había dejado el fascismo en España el país: arrasado, y como consideraba él que quedaría Europa si las tensiones del momento acababan en lo que acabó la Segunda Guerra Mundial.

El Surrealismo le servía para expresar ideas racionales sirviéndose de elementos irracionales extraídos del subconsciente, tal y como hicieron otros exponentes de este estilo como Breton, Chirico, Miró, Dalí o Magritte.

Ernst pintó este cuadro en una época en la que estaba preocupado también por el entorno político y la tensión de la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial. En este contexto fue perseguido y acabó marchando a EE.UU. con Peggy Guggenheim, con quién posteriormente se casaría.

Era un investigador incansable que experimentaba con técnicas y nuevas formas de pintar, como el Frottage, el grattage o la decalcomanía para transferir pinturas a soportes de cristal o metal sirviéndose para ello de un papel especialmente preparado.