René Magritte. 1929. Óleo sobre lienzo. 60 x 81 cm. Los Angeles County Museum of Art Fotografía
René Magritte. 1929. Óleo sobre lienzo. 63 x 93 cm. Los Angeles County Museum of Art
Fotografía

Este cuandro, cuyo título en francés es Ceci n’est pas une pipe, pertenece a la serie de imágenes de René Magritte conocida como “la traición de las imágenes”.

En el cuadro vemos exactamente lo que la inscripción nos está negando. Vemos una pipa mientras el rótulo nos dice que no es tal cosa.

Y Magritte tenía razón. Porque no es una pipa, es una representación de una pipa. El propio artista sostenía que si hubiera escrito “esto es una pipa” habría mentido.

La idea de Magritte era la de provocar una sensación en el espectador de incredulidad y negación de la imagen. Y lo consigue porque al tiempo que lo leemos lo negamos, ya que para nosotros es una pipa.

Otra cuestión importante para el pintor es si es necesario que un elemento tan perfectamente dibujado necesita de una leyenda que lo aclare. Esto entronca con la idea de Magritte de la importancia de la subjetividad del espectador en la interpretación de los cuadros, y de cómo el pintor puede, introduciendo determinados elementos, condicionar esa percepción o provocar un efecto en él.

En este sentido hay que pensar que si no existiera la leyenda, o nosotros no pudiéramos leerla, el cuadro ya no sería lo que es. Ni sería demasiado conocido ni probablemente aportaría nada a la historia del arte. Veríamos una pipa, sin más.

Magritte contribuyó a desarrollar un surrealismo en arte alejado de lo que estaban buscando el grupo surrealista francés liderado por Bretón. El pintor de origen Belga no buscaba tanto la representación automática del subconsciente sino más bien romper con algunos convencionalismos en la representación de la realidad.

Es lo que consigue con esta leyenda: condicionar la percepción del espectador y así “romper” con la tradicional representación de objetos, que como esta pipa, sin la leyenda no habrían suscitado ningún interés en el espectador, o como vimos en el imperio de las luces en la que representa un cielo luminoso de día sobre una población sumida en la oscuridad de la noche.