Yo y mi aldea
Marc Chagall. 1911. Óleo sobre lienzo. 192 x 151. Museum of Modern Art. New York
Foto: usuario Flickr farm5

Esta obra del pintor judío de origen bieloruso Marc Chagall es uno de sus cuadros más conocidos y que mejor resumen su arte, al aglutinar buena parte de sus gustos estéticos y características de su pintura.

A pesar de los intentos por encuadrar a Chagall en algún un estilo o corriente, sus cuadros son lo suficientemente herméticos y personales como para adscribirlos a un estilo determinado. Adoptó presupuestos formales de corrientes como el fauvismo, el constructivismo ruso o el cubismo, aunque fue el surrealismo el más predominante en toda su producción.

El cuadro nos muestra en primer plano dos rostros enfrentados: un hombre y un cordero.

A la derecha vemos el hombre, un autorretrato del pintor con el típico gorro de los judíos de su aldea natal, Vitebsk, y a la derecha un cordero que representa a su madre y al que el artista ofrece un ramo de flores.

La representación de su madre como un cordero tiene que ver con sus creencias religiosas. En la religión judía el cordero era lo más importante, el centro de cualquier celebración. Para Chagall su madre era también lo más importante -crió a 9 hermanos mientras su padre trabajaba todo el día- y por eso la representa como el cordero.

En la parte superior representa al padre volviendo del trabajo hacia la aldea en la que vivían. En su camino se topa con una mujer representada al revés -con la cabeza hacia abajo- que simboliza la alegría por el retorno del trabajo del hombre de la casa.

Si nos fijamos detenidamente en el cuadro hay una finísima línea que une las miradas del cordero y del propio Chagall, símbolo del amor materno-filial.

Aunque la formación del artista se centró en parámetros estéticos del expresionismo y constructivismo ruso, en esta obra ya se aprecian algunas de las influencias de estilos como el fauvismo por el uso de colores brillantes, el ajuste de la composición que recuerda al cubismo y el aspecto onírico de la obra que lo acercan al surrealismo.

Como se puede apreciar perfectamente en esta obra Chagall se mantuvo siempre al límite estético de todos estos estilos, sin que realmente ninguno de ellos predominara en su pintura.

Más allá de estilos y corrientes estéticas el cuadro es un buen ejemplo del apego del artista por su tierra natal y de su añoranza por la naturaleza de su tierra y de su familia, a la que dejó cuando se marchó a estudiar pintura, primero a San Petersburgo y luego a París, donde pintó este magnífico cuadro.