Francisco de Goya y Lucientes
Francisco de Goya y Lucientes. 1800. Óleo sobre lienzo. 280 x 336. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

La familia de Carlos IV es el homenaje de Goya al cuadro más famoso de Velázquez, “Las Meninas” y está inspirado en la magnífica obra de Louis-Michel van Loo, “La familia de Felipe V”.

Se trata de un retrato colectivo de la familia del rey Carlos IV, del que Goya era el primer pintor de cámara.

Fue encargado en primavera del año 1800. Apenas un año después, en junio de 1801, ya estaba finalizado.

Dado el tamaño del cuadro y el número de personajes retratados en él, el proceso de composición del mismo fue largo y complicado.

Para evitar que tuvieran que posar todos en grupo durante largas horas, Goya fue haciendo retratos individuales de cada uno de los personajes.

A mediados del verano de 1800 Goya presentó al Rey los bocetos de los retratos de la familia, de los que se conservan en el Museo del Prado los de la Infanta María Josefa, el Infante Carlos María Isidro, el Infante Francisco de Paula, el Infante Antonio Pascual y Luis, rey de Etruria. Desde entonces y hasta junio de 1801 estuvo trabajando en esta magnífica composición.

A pesar de la grandeza de la obra y la magnífica ejecución de los retratos la obra no entusiasmó al monarca. La maestría de Goya en los retratos, que representaba fielmente a los personajes y los dotaba de una dignidad y decoro característica del pintor, además de mejorar su apariencia haciéndolos parecer más atractivos de lo que en realidad eran.

Goya
Boceto del retrato de Carlos María Isidro
Foto: Wikimmedia

La reina pasa su brazo sobre el hombro de la infanta Maria Isabel y coge de la mano al Infante don Francisco de Paula, que da su otra mano al rey Carlos IV.

A la izquierda y ligeramente avanzado respecto al resto de la familia se sitúa el joven Fernando VII al lado del que pinta a una mujer sin rostro, con la que pretendía representar a la futura esposa del príncipe de Asturias, que todavía no había elegido.

La composición diseñada por la propia reina pretende mostrar a la reina como madre prolífica capaz de asegurar el futuro de una dinastía cuya grandeza y poder queda patente al representarlos a todos con las mejores galas, joyas, y condecoraciones que atesoraban.

Al igual que hiciera Velázquez en Las Meninas, Goya se autorretrata pintando un cuadro en al fondo a la izquierda. De esta forma homenajea al genio sevillano del Barroco, al tiempo que relaciona las dos dinastías que reinaron España: los Austrias en época de Velázquez y los Borbones en la de Goya.

Algunos autores han señalado que Goya Lo que podía ser un homenaje a Velázquez servía al mismo tiempo para enlazar las dinastías de los austrias y la borbónica, además de servirle para resaltar el poder de la monarquía borbónica en España, pocos años después de que su homólogo francés, Luis XVI, fuera guillotinado durante la Revolución Francesa.

Sin embargo Goya quiso ir más allá y con esta obra pretende criticar a la familia real dejando evidente que el rey quedaba relegado a un segundo plano respecto a la infiel de su esposa, Maria Luisa de Parma, que queda en el centro de la composición.