De Kruisafneming
Roger van der Weyden. 1436. Óleo sobre tabla. 220 x 262. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Estamos ante la obra maestra del pintor Roger van der Weyden, conocido también como Roger de la Pasture, y una de las pinturas flamencas más destacadas del Museo del Prado, aunque su destino original fue la capilla de los Ballesteros de Lovaina en la iglesia de Nuestra Señora Extramuros.

La obra representa el tema del descendimiento del cuerpo de Jesús de la cruz y la quinta angustia de la Virgen María. El pintor representa la cruz ya vacía y el cuerpo del hijo de Dios bajado por Nicodemo, José de Arimatea y un tercer hombre detrás de la cruz ante la Virgen María, que cae desmayada de la impresión de la escena.

Las figuras de Cristo y la Virgen son iguales para simbolizar que su dolor es idéntico. El de ella por la muerte de su hijo y el de su hijo por la humanidad.

El cuadro tiene ciertas reminiscencias del estilo gótico internacional, como el remate del cuadro con tracerías o el fondo dorado. Los 10 personajes se agolpan en el primer plano –excepto el personaje sin identificar que está detrás de la cruz- procurando no ocultarse los unos a los otros.

En los extremos del cuadro representó a San Juan –izquierda- y María Magdalena –derecha- que sirven para englobar la escena en la que todos procuran cubrir a Jesús con una tela blanca: el santo sudario.

María Magdalena llora desconsoladamente mientras San Juan se apresura a consolar y ayudar a la Virgen María, que ha caído desmayada.

A los pies de San Juan vemos una calavera junto a la que hay algunas flores, que representan el triunfo de Cristo frente a la muerte.

Van der Weyden hizo gala de un dominio del color gracias al uso de la técnica del óleo que empezaron a experimentar los primitivos flamencos y que el aprendió del Maestro Flemalle, más conocido como Robert Campin.

Una de las cosas que más llama la atención es el catálogo de niveles de dolor humano que desplegó a través de los gestos de los diferentes personajes. Dolor contenido o explicito, espiritual o físico que vemos en las figuras gracias al realismo con que representó el pintor a los personajes, la mayoría de ellos con los ojos enrojecidos por el llanto, o con lágrimas recorriéndoles la cara.

En una época en la que el arte servía para conmover al espectador este cuadro representa un mensaje cristiano fundamental: la redención de los hombres a través de la pasión de Cristo.