Selbstbildnis
Alberto Durero. 1500. Óleo sobre lienzo. 67 x 49 cm. Alte Pinakothek, Múnich
Foto: Wikimmedia

Este autorretrato de Alberto Durero, también conocido como “Autorretrato con pelliza o con traje de piel” es una de las obras maestras del autor en la Alte Pinakothek de Munich y junto al que se conserva en el Museo del Prado, “Autorretrato con guantes”, uno de los mejores autorretratos que hizo el artista a lo largo de su carrera.

Aunque su aspecto denota que es una persona de cierta edad, lo pintó cuando contaba sólo con 27 años, tal y como figura en la inscripción de la parte superior izquierda del cuadro, sobre su anagrama.

El retrato es completamente frontal con una expresión seria y serena que recuerda el esquema iconográfico del Ecce Homo, representandose a sí mismo como si fuera Jesucristo, utilizando incluso un áura dorada, hasta ese momento reservada para las representaciones “sagradas”.

La mirada de Durero es de una profundidad y una nobleza que transmite los valores cristianos de sinceridad y honestidad que forman parte de las enseñanzas y creencias de la religión católica, de la que el pintor era firme creyente.

Su mano derecha acaricia la pelliza mientras mira fijamente al espectador, al que pretende transmitir el mensaje cristiano y la bondad del pintor y del personaje en el que se inspira (Jesucristo).

Destaca la representación del pelo del pintor, una de sus obsesiones y la parte del cuadro a la que le dedicó una mayor atención con un detallismo del que sólo es capaz un artista de la calidad y capacidad técnica de Alberto Durero.

A pesar de la frontalidad de la representación, el hecho de que la luz provenga de la izquierda le confiere cierta asimetría a la obra que el artista pretende contrastar colocando una única mano sobre su pecho.

La oscuridad del fondo da sensación de quietud y silencio, como si estuviera representado en el interior de una iglesia.

El autorretrato es un género pictórico que se desarrolló durante el Renacimiento y que tiene mucho que ver con la actitud de los grandes artistas de reivindicar la nobleza la de actividad a la que se dedicaban, que por su carácter “manual” era peor considerada que otras artes como la retórica, la poesía o la música.

Para Durero el pintor del Renacimiento es un intelectual con profundos conocimientos técnicos de la actividad que realiza, capaz de tratar con reyes y nobles en igualdad de condición y consideración social.