Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa
Jean Antoine Gross. 1804. Óleo sobre lienzo. 715 x 523. Musée du Louvre. París
Foto: Wikimmedia

Napoleón con los apestados de Jaffa es, junto a a batalla de Eylan, una de las mejores obras del pintor neoclásico que anticipó el prerromanticismo: Jean Antoine Gross.

La pintura nos muestra al emperador Napoleón entre los apestados, bajo un escenario arquitectónico medieval, que podemos apreciar en los arcos de ojivales de inspiración gótica y los de herradura y los minaretes del fondo, tomados de la arquitectura musulmana.

Al fondo y en lo más alto de una construcción que hay en las montañas del fondo, ondea una bandera francesa como prueba de su dominio sobre la ciudad.

Gross era discípulo de Jacques Louis David, su maestro, de quién aprendió los presupuestos de la pintura neoclásica, que desarrolló en obras como ésta que anticiparon los presupuestos estéticos del romanticismo.

Pinta a Napoleón en el centro y lo representa en el momento de acercarse y tocar el bubón de uno de los enfermos, lo que sin duda es una interpretación atrevida de una escena que nunca sucedió y que le sirvió al pintor para resaltar la figura del emperador, a quién todos quieren ver y tocar, como si de un curador o ser milagroso se tratara.

En el momento de tocar al apestado, su acompañante se tapa la boca simbolizando el asco, el mal olor y el elevado riesgo de contagio de la enfermedad de estos personajes: la peste. Este personaje era el médico jefe del ejército, René-Nicolas Dufriche, más conocido como Desgenettes.

Rodeando a Napoleón y Desgenettes representa la miseria de los pobres enfermos, demacrados y prácticamente desnudos, algunos de ellos atendidos por médicos que visten ropas orientales.

La escena está inspirada en uno de los viajes del emperador durante la campaña de Egipto que tuvo lugar en 1799.

Jaffa fue una ciudad a orillas del Mediterráneo en la que los servicios sanitarios franceses organizaron la asistencia a una gran cantidad de soldados afectados por una epidemia de peste.

La obra es sin duda una pintura encargada por el propio Napoleón como parte de una campaña de autopropaganda que promovió en su acceso al poder absoluto y que el propio pintor pagó con su vida cuando, tras la caída del emperador que le garantizó fama y fortuna, Napoleón, sus obras fueron criticadas por los academicos y terminó suicidándose arrojándose al Sena, donde se ahogó.