Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja
Peter Paul Rubens. 1603. Óleo sobre lienzo. 290 x 207. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Este cuadro de Rubens representa al Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, la persona con mayor influencia en las decisiones políticas del reino dictadas por el rey.

Fue pintado por Rubens en 1603 y traído por el propio artista a España junto a otro retrato del Rey Felipe III, como regalo de parte del Duque de Mantua.

La figura del valido en la corte española hace referencia a la persona de máxima confianza del rey. En este caso cuenta la historia que era tan grande la influencia del Duque de Lerma en Felipe III, que fue este último el que tomó algunas de las decisiones más importantes del reinado de Felipe III, como la expulsión de los moriscos o la firma de la tregua de los doce años con los Países Bajos que dio lugar al periodo de paz en Europa conocido como Pax Hispánica.

Rubens, asombrado por el poder del Duque de Lerma, Don Francisco de Sandoval y Rojas, lo representó a caballo siguiendo el modelo de las representaciones regias tomadas de los retratos ecuestres de los emperadores romanos, como el de Marco Aurelio del Campidoglio.

Representa al Duque a caballo y de frente, a diferencia de los retratos ecuestres como el que pintó Tiziano de Carlos V en Mühlberg, en los que se representaba al personaje de perfil.

Porta en su mano derecha un bastón de mando y está ataviado con una armadura con remates dorados. La figura a caballo parece emerger de la tormenta que hay al fondo, dejando libre el cielo azul que sirve de fondo a la parte principal del cuadro.

El Duque de Lerma contempla fijamente al espectador, que queda empequeñecido por la imponente representación del caballo blanco, cuya resolución y perspectiva demuestran la maestría de Rubens en el dibujo y la perspectiva, especialmente difícil en el escorzo del caballo.

La posición escorzada del caballo obliga a Rubens a “bajar” la línea de horizonte de forma y manera que se pueda ver la escena de una batalla en la parte inferior derecha, a la que parece ser ajeno el Duque de Lerma.

Con esta obra Rubens empieza a ser conocido y considerado en nuestro país, tanto que el Duque intentó -sin éxito- atraerlo a Valladolid, dónde trasladó la corte Felipe III por recomendación del Duque de Lerma.

La historia no ha tenido piedad (probablemente con razón) con el Duque de Lerma, considerado uno de los más vergonzantes casos de corrupción política y aprovechamiento del poder político para enriquecerse de la edad Moderna, manteniendo su influencia hasta el final en el que presiona para ser nombrado cardenal y así librarse de todos los cargos de los que fue denunciado por el siguiente valido de la corte española -la de Felipe IV-, el Conde Duque de Olivares, que sólo consiguió apoderarse de parte de su fortuna y ajusticiar a alguno de los principales colaboradores del Duque.