Friso Stoclet
Gustav Klimt. 1905. Pintura al temple. 195 x 102 cm. Palacio Stoclet. Bruselas.
Foto: Wikimmedia

Esta obra de Klimt forma parte del diseño del palacio de un industrial Belga, Adolphe Stoclet, que tras visitar Viena y conocer el trabajo que se hacía en los Wiener Werkstätten, encargó la construcción de su palacio en Bruselas a Joseph Hoffmann y la decoración interior a Gustav Klimt.

Stoclet's palace
Comedor del palacio
Foto: estudioydiseño

El árbol de la vida se corresponde con la decoración que hizo Klimt para el comedor, una espaciosa estancia en torno a cuya mesa podían comer más de 20 comensales, lo que nos da una idea del tamaño que debía de tener.

Consta de dos frisos enfrentados -uno a cada lado de la mesa de comedor- que suman un total de nueve tablas en las que aparecen elementos iconográficos de todo tipo: elementos abstractos, estilizados y figurativos

El tema central del friso es, como su propio nombre indica, el árbol de la vida, un símbolo que sirve al artista para representar un tema recurrente en su obra y que tiene que ver con la dicotomía de la vida y la muerte, representada por el ave negra posada en la rama.

Las ramas se bifurcan en dos lados diferenciados, que simbolizarían las distintas opciones de vida que marcan el destino de las personas.

En el extremo izquierdo representa a una misteriosa mujer mirando a la derecha en una postura que recuerda al arte egipcio, además de las pirámides estilizadas que decoran su vestido largo y estilizado.

A la derecha representa un abrazo entre un hombre y una mujer que recuerda mucho a su famoso cuadro: “el beso”, realizado en la misma época aunque presente notables diferencias.

En el abrazo de El árbol de la vida el hombre está completamente de espaldas, sólo se ve el rostro de la mujer y ésta se mantiene de pie. Esta parte representa el amor y la satisfacción de la pareja que parece fundirse en un único ser.

A diferencia de otros encargos materializados por Klimt, el Friso Stoclet, como se conoce también a la obra destaca por ser una de las últimas obras de la etapa decorativa del artista, en la que importa menos el contenido que la decoración, que en este caso dominan las líneas sinuosas que simulan ramas del árbol de la vida, pero estilizadas, algunas hasta el punto de acercarse a la abstracción.