La masacre de los inocentes
Pietr Brueghel el Viejo. 1567. Óleo sobre lienzo. Colección de la monarquía británica. Londres. Buckingham Palace.
Foto: Wikimmedia

Hoy es el día de los Santos Inocentes y como ya hicimos el año pasado nuestra píldora está dedicada a un cuadro sobre este tema. Este año hemos elegido la obra de Brueghel el Viejo, por ser un pintor capaz de contar muchas pequeñas historias dentro de una mayor, gracias al detallismo de sus pequeñas figuras que en ocasiones parecen escenas sacadas de un libro de miniaturas.

Pieter Brueghel el Viejo (1525 – 1569) fue uno de los mejores exponentes de la pintura flamenca del siglo XVI. Sus paisajes llenos de campesinos y la sencillez de las composiciones tuvo gran éxito de público en su época al ofrecer un arte más accesible que el arte italiano de la época.

Además en estas fechas es frecuente ver cómo se usan sus blancos paisajes invernales como estampas navideñas que parecen representar el mundo ideal y sencillo que podría estar en cualquier Belén doméstico.

Breghel traslada un acontecimiento bíblico a un paisaje flamenco nevado, con las construcciones típicas y con numerosos personajes ataviados a la manera flamenca, al igual que hizo en otra escena es muy similar, “el censo de Belén”, que hay que detenerse para diferenciar a simple vista de la que nos ocupa.

La mmatanza de los Santos Inocentes
Detalle de tropas españolas

En ambos casos la descripción de la plaza principal del pueblo, donde se desarrolla la escena, tiene prioridad frente a la historia sagrada que representa en el cuadro.

La matanza de los inocentes pretende ilustrar el episodio en el que el rey Herodes ordena asesinar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén.

Brueghel representa la escena, que debería ser desgarradora y cruel, con su característico tono tranquilo. Los soldados aparecen a pie y a caballo ataviados con unas lanzas para matar y perseguir a los infantes, mientras sus padres contemplan la dramática escena sin poder impedirla.

El artista nunca perdía la oportunidad de criticar a Felipe II y a la monarquía Española, cuyos tributos en los países bajos eran considerados abusivos.

En este caso utiliza las lanzas sostenidas verticalmente por ser este un arma característico de las tropas españolas, al frente de las que pinta a un personaje vestido de negro pero con barba blanca y armadura color azabache, que es una clara alusión al Duque de Alba, al que representa como Herodes, en clara alusión a su labor al frente de las tropas españolas y anticipando la crueldad con la que actuaron sus hombres durante sublevación de los Países Bajos.

Brueghel consigue una vez más recrear una estampa aparentemente idílica y tranquila, incluyendo un tema de gran crueldad y dramatismo y sobre todo dándole una dimensión política en la que se posiciona claramente a favor de los Países bajos en detrimento de la Monarquía Española.