El bombardeo de Guernica
Pablo Ruíz Picasso. 1937. Óleo sobre lienzo. 776 x 349. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid
Foto: wagon293

Cuando en enero de 1937 el Director General de Bellas Artes de la II República Española, Josep Renau, encargó a Picasso un cuadro para “llenar” el espacio del pabellón de España en la Exposición Universal de París, nunca se imaginaría que acabaría conviertiéndose en una de las pinturas más importantes de toda la Historia Universal del Arte.

Todavía faltaban algunos meses para que los aviones alemanes junkers destrozaran una población sin objetivos militares aparentes, causando la muerte de muchas personas inocentes.

Picasso, desde el momento en que tiene conocimiento de estos acontecimientos empieza a diseñar la que será una de sus obras maestras.

El Picasso que pintó el Guernica es un pintor de 55 años muy considerado en todos los círculos artísticos e intelectuales. Consciente de esta consideración que tenía en el ámbito político, artístico y social, quiso mostrar al mundo en esta exposición universal lo que estaba ocurriendo en España a través de un hecho concreto: el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica por parte del ejército alemán por petición de Franco.

Sin embargo Picasso no pretrende retratar este hecho concreto. Es una excusa para retratar los horrores de la guerra, el verdadero tema del cuadro.

Picasso se decanta por utilizar símbolos y figuras que expresen la violencia y el horror, en lugar de contextualizar espacios, lugares y momentos concretos acaecidos en Guernica. En la evolución de la idea original hacia el cuadro definitivo, Picasso reflexiona sobre la destrucción y el dolor de cualquier conflicto, lo que hace que el mensaje final de este cuadro sea universal.

Si nos damos cuenta, no hay ni un solo soldado, ningún avión ni símbolos que muestren quién ha causado el desastre, sólo víctimas.

Entre las figuras, casi convertidas ya en iconos, advertimos la figura de un toro, interpretado como el fascismo, por su gesto de mirar hacia otro lado girando el cuello. Un caballo herido ocupa el centro de la obra, que se ha interpretado como una alegoría del pueblo español que pisotea el brazo de una estatua que sostiene una espada y una flor.

En la parte superior una especie de sol lque parece un ojo con una bombilla como pupila, lanza sus rayos hacia todas partes sin conseguir dar luz a un cuadro cuyo aspecto es lúgubre y oscuro, como el tema en sí mismo.

A la derecha tres mujeres: una parece intentar avanzar hacia la luz, otra porta un candil y la otra levanta sus brazos en medio de las llamas pidiendo auxilio.

Picasso pensó en pintar el cuadro en blanco y negro y que así esa limitación cromática pudiera transmitir el clima de dolor y la tragedia. De la misma manera utilizó una luz antinaturalista que le sirve para guiar al espectador por las distintas partes del cuadro, sin que se aprecien sombras ni claroscuros que den volumen a las figuras.

Para el espacio recurre a los logros que 30 años antes había logrado en las señoritas de Avignon, convirtiendo el lienzo en un espacio de dos dimensiones que, renunciando al fondo, nos presenta a todas las figuras en primer plano.

Aunque en un primer momento el encargo fue para Picasso una buena oportunidad para demostrar su compromiso con la causa republicana, finalmente el artista se decantó por representar el horror y el sinsentido de cualquier guerra, tal y como hicieran Rubens en su “horror de la guerra” o Goya en sus fusilamientos del 3 mayo, que le sirvieron de inspiración.

VIDEO DEL GUERNICA EN 3D