Le Jeune Mendiant
Bartolomé Esteban Murillo. 1650. Óleo sobre lienzo. 137 x 115. Musée du Louvre. París
Foto: Wikimmedia

Niño espulgándose, también conocido como Joven mendigo por su traducción del francés Le Jeune Mendiant (se conserva en el Museo del Louvre), es el primer cuadro de Murillo con esta temática popular, que tanto éxito tiene entre los coleccionistas del arte de todo el mundo.

El Murillo que pinta este cuadro, y otros similares como “niños comiendo uvas y melón”, es un joven artista que intentaba destacar en el ambiente artístico Sevillano gracias a su capacidad para ejecutar representaciones muy naturalistas gracias a su maestría en el uso de la luz y las sombras.

Representa a un niño en el interior de una estancia propia de su clase social, sucia, poco acogedora y un poco lúgubre.

El niño no está famélico ni excesivamente sucio como correspondería a un niño de su condición en la época y lo representa concentrado en la labor que tiene entre manos: quitarse una pulga que le recorre el cuerpo.

Murillo incluye un cuadro dentro del cuadro, al añadir a la escena del niño un cántaro de barro y un cesto con manzanas, además de restos de comida que parecen ser crustáceos o algo similar componiendo un bodegón típico de la tradición española: humilde, pobre y . Gracias a ellos, demuestra su gran capacidad para pintar diferenciadamente materiales y texturas.

La estancia está iluminada únicamente por la luz que penetra a través de la ventana y que permite al artista “modelar” el cuerpo del niño gracias a los claroscuros que genera ésta con la penumbra del interior de la habitación.

La iluminación junto a la gama de colores que utiliza le sirven para generar en el espectador una mayor sensación de lástima reforzando la imagen de abandono y miseria del niño, que interrumpe su almuerzo para deshacerse de un molesto insecto que le está incordiando.

La Sevilla del siglo XVII era una ciudad golpeada por las crisis económicas, hambrunas y epidemias provocadas por la situación económica de la monarquía española, cuyas sucesivas bancarrotas durante el siglo XVI, a pesar de las riquezas que llegaban de américa, propició la existencia de una gran cantidad de población marginal que intentaba, como este niño, sobrevivir con lo poco que tenían.

Algunos estudiosos han querido ver este cambio en la temática de la obra de Murillo, que hasta entonces era eminentemente religiosa, hacia otra de mayor gusto por un realismo costumbrista, como fruto de la influencia de la orden franciscana para la que Murillo trabajó mucho, como resultado de encargos realizados por comerciantes holandeses, a quienes gustaba coleccionar este tipo de escenas, o por a influencia de la literatura española del Siglo de Oro en la que la figura del pícaro o el mendigo que lucha por sobrevivir estuvo muy extendida.