Este cuadro del pintor Alfonso Ponce de León es un autorretrato muy original que podemos contemplar en el Museo Reina Sofía de Madrid, en la sala 207, “La nueva figuración. Entre clasicismo y sobrerrealidad”, del la segunda planta del edificio de Sabatini.

Pintada para la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1936, es su mejor y más conocida obra. Además de por la estética, porque resultó premonitoria respecto de su inminente futuro, ya que moriría poco después asesinado por motivos políticos (pertenecía a la falange española) tras ser detenido en la puerta de su casa en el Paseo de la Castellana.

El pintor representa un accidente de coche en el que el conductor ha salio despedido por la ventana y nos lo muestra en primer plano, con la frente ensangrentada y con elementos destacados como la matrícula del coche o el faro todavía encendido iluminando la escena.

La pintura es desde el punto de vista estético cercana al realismo mágico, aunque siempre se la ha catalogado de surrealista, al menos en algunos de sus aspectos formales, como la visión onírica, la extraña posición del cuerpo que parece salir del interior del motor del coche o la luz que alumbra parcialmente el cuadro y que nos sugieren significados más allá de lo que vemos con algunos matices psicológicos.

Entre los elementos que más llaman la atención del cuadro, el foco de luz procedente del faro del coche es de los que más desconciertan al espectador porque proyecta unas misteriosas sombras en el cuadro, al que confiere un aspecto cuasi fantasmal, potenciado por la frondosa vegetación que emerge de la parte derecha del cuadro y que recuerda a la pintura naif de Henri Rousseau.

Sin embargo lo que más desconcierta es el gesto de señalarse la frente con el dedo índice lleno de sangre, creando un halo de misterio y sugiriendo una historia, que es la que ha llevado a su protagonista a morir en esta cuneta, no por el accidente de coche, sino por algún motivo oculto que no podemos conocer con lo que nos muestra en la obra.

Algunos estudiosos han llegado a vincular su obra con la Nueva Objetividad alemana, buscando la vuelta al objeto y a las figuras que adoptan proporciones y aspecto contundente evitando que un excesivo colorido nos aleje de la representación de cada elemento.

Una obra sugerente, enigmática y misteriosa, como aquellos tiempos convulsos en los que los acontecimientos desembocaron en la propia muerte del artista, que nos sugiere a través de este cuadro lo que él mismo imaginaba: que por su condición de cofundador de La Falange Española, de esa, o de una manera similar, iba a terminar su vida y con ella truncada la obra del que seguramente hubiera sido uno de los mejores artistas de su época.

Alfonso Ponce de León. 1936. Óleo sobre lienzo. 160 x 190. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid | Fuente de la fotografía: Wikimmedia