Este cuadro de Francisco de Zurbarán es sin duda su obra maestra y uno de los cuadros más importantes del barroco español.

Representa la escena en la que el Obispo de Grenoble, futuro San Hugo, visita a los monjes mientras comen en su refectorio y formaba, junto con los de la Virgen de la Misericordia y San Bruno y el Papa Urbano II, un programa iconográfico “cartujo” para la Sacristía de su Iglesia.

Zurbarán representó a los 6 monjes que junto a San Bruno fundaron la orden de los cartujos. Todos sentados en una mesa en forma de L. Ante la mesa representa en el centro al paje del obispo de Grenoble y ante él a San Hugo, encorvado y ayudandose de un bastón para permanecer en pie.

El cuadro tiene, como ya vimos en otros ejemplos de época barroca, un cuadro dentro del cuadro por el bodegón que compondrían los platos de barro con la comida y el pan que tiene cada monje delante y que Zurbarán sitúa de forma asimétrica unos respecto a otros, respecto a la mesa y a los propios monjes, para evitar crear una monotonía artificiosa.

La leyenda cuenta que San Hugo enviaba comida a San Bruno y los 6 monjes con los que fundó la orden. Un día les envió carne para celebrar con ellos el Jueves Santo, un alimento al que no estaban acostumbrados y que provocó una discusión entre ellos sobre la conveniencia de comerla o no.

Los monjes cayeron en un profundo sueño de 45 días y despertaron el día que San Hugo llegó a visitarlos al monasterio. Era el día de jueves santo y se encuentra a los monjes con los platos llenos de carne discutiendo acerca de si comerla o no, ignorando que se encuentran en plena Semana Santa–Jueves santo-, cuando  no está permitido comerla.

Ante los ojos de San Hugo la carne se convirtió en cenizas conforme los monjes la tocaron, lo que interpretaron como un signo divino de aprobación del ayuno y conveniencia de prohibir a los monjes cartujos comer carne.

El estilo de la obra es claramente naturalista gracias al tenebrismo y su dominio del claroscuro para componer figuras y volúmenes. El tratamiento del tema está en línea con los planteamientos de la contrarreforma y la necesidad de utilizar las imágenes con función adoctrinante y para ello debían ser de fácil comprensión.

Uno de los elementos más definitorios de la pintura de Zurbarán, que en este caso alcanza su máximo nivel es la maestría en el uso de los colores blancos. Se han distinguido más de 100 tonos de blanco diferentes en los hábitos y el mantel de la mesa, algo que define su obra y a que pocos pintores de la época podían alcanzar y que le sirvieron al pintor para representae de manera inmejorable el ayuno y la penitencia de los monjes cartujos.

Francisco de Zurbarán. h. 1650. Óleo sobre lienzo. 262 x 307 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla |
Fuente de la fotografía: Wikimmedia