Impresionismo
Edgar Degás. 1875. Óleo sobre lienza. Musée d’Orsay. Paris
Foto: Wikimmedia

Esta obra del pintor impresionista Edgar Degás es una de sus escenas de ballet más conocidas y se conserva en el Musée d’Orsay de París.

El artista capta un instante en la clase del reputado bailarín Jules Perrot, que a sus 64 años de edad todavía es capaz de transmitir sus conocimientos en el mundo de la danza.

Las bailarinas se arremolinan en torno al maestro conscientes de la importancia de seguir sus consejos para conseguir convertirse en bailarinas, que puedan dedicarse profesionalemente a la danza.

Toda la estancia está llena de muchachas bailando bajo la atenta mirada del maestro y de sus madres, que ocupaban unas butacas reservadas a tal efecto en el interior de la sala de ensayos.

A pesar del número de bailarinas, de las posturas y poses que adoptan y de las dos que coloca en primer plano, el verdadero protagonista del cuadro es el profesor.

Para enfatizar su figura entre todas las bailarinas Degás recurre a un efecto óptico que le sirve para dar sensación de profundidad y que logra gracias a las líneas diagonales que traza en el suelo y que convergen hacia la mitad derecha del cuadro.

De igual manera ayuda el concentrar las figuras en la parte opuesta hacia la parte donde se dirigen las líneas, mucho más libre de personajes.

Con este tipo de perspectiva su intención es la de hacer al espectador del cuadro participe de la escena al reforzar el dinamismo y la inquietud que genera un cuadro que dirige la mirada continuamente hacia la derecha de la obra.

Es por ello que su intención es clara: insertar al espectador dentro de la obra. La perspectiva que utiliza, con el punto de fuga hacia la derecha, refuerza esta sensación de dinamismo, de inquietud y de movimiento, que consigue gracias a la colocación de las bailarinas en posiciones diferentes (y a veces casi imposibles) .

Su interés por la luz, como buen impresionista, está presente en todas sus obras a través de la luz que entra por las ventanas y su reflejo en los espejos de las salas de ensayo y los blancos de los vestidos de las bailarinas, que permiten resaltar los rojos, verdes y amarillos de los lazos de sus vestidos.

La mayoría de las escenas de danza de Degas muestra el esfuerzo y el intenso trabajo de las muchachas por poner una obra en escena. Se convierte de esta manera en el pintor de lo que hay al otro lado del telón, del maravilloso mundo del aprendizaje, más que del esplendor del espectáculo.

Aunque es conocida la afición y el gusto del pintor por representar escenas de bailarinas, tenía preferencia por capturar los momentos de ensayo, donde la improvisación y la naturalidad le permitían representar el momento de luz y de movimiento más adecuado en cada momento. El artista comparaba el ballet con la pintura por ser dos formas de arte que exigen máxima precisión y equilibrio para alcanzar la perfección.