Antigua Mezquita de Córdoba
Época cordobesa. Siglo VIII
Foto: Wikimmedia

La Mezquita de Córdoba es una de las joyas del arte hispanomusulmán de nuestro País y uno de los mejores ejemplos del arte de los primeros años de época musulmana en Al-Andalus, el conocido como periodo cordobés.

Construida entre los siglos VIII y X es fruto de la aportación de ocho Emires que Córdoba que materializaron una serie de reformas y ampliaciones desde que la iniciara Abderraman I en el año 785 y terminara la última ampliación de cierta entidad a manos de Al-Mansur en el 987.

Formalmente se trata de una mezquita con sala hipóstila en la que un bosque de columnas soportan la techumbre de un espacio destinado a la oración en torno al muro de la Quibla, que marca la dirección hacia la que los fieles dirigen sus plegarias y que es el lugar en el que se localiza el mihrab, espacio de pequeño tamaño destinado a albergar las escrituras sagradas: el Corán.

El “bosque” de columnas de la mezquita de Córdoba es singular por la solución arquitectónica que diseñaron los arquitectos que idearon una superposición de soportes -columnas abajo y pilares arriba- con la que consiguieron ganar altura y crear un efecto estético sin parangón al permitir el paso de luz y la comunicación entre ellas.

Un total de 1300 columnas soportan la techumbre del edificio y componen las 19 naves perpendiculares a la quibla, que suman un total de 120 metros de anchura y una longitud máxima de 190 metros.

Uno de los elementos más característicos es la alternancia de colores en las dovelas, fruto de la combinación del ladrillo con la piedra.

El mihrab, que es la parte más importante del edificio por su carácter sagrado es de mármol, está profusamente decorado con yeserías y mosaicos de inspiración bizantina materializados por artesanos venidos desde Constantinopla para materalizar la decoración de inspiración vegetal del alfiz que enmarca el arco de la entrada del Mihrab. Debido a las sucesivas ampliaciones, aunque en un primer momento se encontraba en el centro del muro de la Quibla, poco a poco fue quedando desplazado hacia un lado.

Pero sin duda y más allá del indudable valor estético y material de la obra por lo que destaca este edificio es por la conversión que sufrió en catedral, La Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, tras la conquista de la ciudad en el año 1236, sufriendo algunas transformaciones. Una de estas intervenciones consistió en levantar una gran nave cristiana de estilo renacentista, para lo que hubo que destruir una parte de la sala hipóstila del edificio precedente.

Esto que podría considerarse una tragedia, que lo es, tiene como lectura positiva que al menos permitió que el edificio precedente se conservara, algo que no solía ocurrir con las mezquitas, que los cristianos arrasaban sistemáticamente tras conquistar una ciudad y que nos ha privado de conocer muchas importantes obras de ésta y otras épocas posteriores.