An old woman frying eggs from Velázquez
Diego de Velázquez. 1618. Óleo sobre lienzo. 100 x 119. Scottish National Gallery of Edimburg
Foto: wikimmedia

Vieja friendo huevos es considerada por muchos como la mejor y más conseguida obra de Velázquez en su etapa Sevillana. Fechada hacia 1618 representa una escena tan cotidiana como la de una cocina de cualquier vivienda humilde de la época, lo que fue una provocación ya que hasta ese momento ningún artista se había atrevido a representar una escena tan vulgar como esa.

La vieja en primer plano friendo los huevos en un recipiente de barro situado al lado de un niño que mira ensimismado el manjar que está cocinando la señora.

En la parte de la derecha Velázquez representa un bodegón, dentro de la tradición que inaugurara el propio artista de incluir un cuadro dentro de otro y que sirve al pintor para demostrar su virtuosismo con el dibujo representando hasta el más mínimo detalle. En este caso Velázquez pinta varios elementos metálicos, vasijas de cerámica, y una cebolla colorada, cuya posición el artista no duda en alterar para que el espectador pueda contemplarlos adecuadamente.

La utilización de la doble perspectiva dentro de un cuadro nos acerca al pintor barroco a los pintores impresionistas, que se sirvieron a menudo de estas dobles perspectivas en determinadas escenas.

Ambas figuras se recortan sobre un fondo neutro, empleado para destacar aun más los contrastes entre la luz y la sombra, una de las características que le sitúan en la órbita del naturalismo tenebrista.

Más allá del bodegón, lo que más llama la atención son los personajes, representados con gran realismo y detalle, tal como vemos en la suciedad del paño que cubre la cabeza de la anciana, o el burbujeo del aceite en el que está friendo los huevos.

El mundo popular que representó es un excelente retrato de la época e incluso de la vida del propio artista, ya que algunos autores la identifican con la suegra del pintor, mientras al muchacho se le identifica con Diego Melgar, un ayudante del taller del artista en Sevilla cuyo corte de pelo nos retrotrae a la época.

Utiliza un fondo negro para resaltar el naturalismo de las figuras gracias a los contrastes de luz que provoca, en las que el predominio de las tonalidades ocre y marrón contrastan con los blancos, lo que demuestra su conocimiento del tenebrismo de Caravaggio o Ribera.

La sencilla composición de la obra inscribiendo a todos los personajes en un óvalo permite al artista centrar la atención sobre estos elementos, la vieja, el muchacho y el recipiente en el que se están friendo los huevos sin distorsiones ni artificios, tal cual los podríamos contemplar a través de una ventana.