El perro rojo
Paul Gauguin. 1892. Óleo sobre lienzo. 75 x 94. Museo d’Orsay
Fotografía: Wikimmedia

También conocida como “el perro rojo”, esta obra de Paul Gauguin es uno de los cuadros más conocidos del pintor y uno de los más reproducidos del siglo XIX.

La palabra que da título a la obra, arearea, es tahitiana y significa diversión o entretenimiento alegre y gozoso.

Forma parte de los cuadros que pintó el autor durante una de sus primeras estancias en Tahití y representa a dos mujeres bajo un árbol, una de las cuales se encuentra tocando la flauta. Un perro olfateando el suelo a la izquierda y un grupo de tres mujeres adorando un tótem al fondo completarían la imagen, cuyo colorido y composición es la característica de estas obras del pintor.

Las tonalidades de color se aplican de manera plana sin buscar degradados ni efectos que busquen dar volumen ni sensación de profundidad, siguiendo la influencia de las estampas japonesas que tanto inspiraron a Gauguin. La utilización de verdes, amarillos, naranjas y blancos le sirven al artista para conseguir un efecto en la imagen que transmite felicidad.

Estilísticamente el cuadro se ha enmarcado en numerosas tendencias y corrientes estéticas, si bien es cierto es que no podemos ver ninguna que predomine, pudiéndose afirmar que lo que predomina es el característico estilo del pintor, más allá de unos estilos o corrientes artísticas determinadas.

Una de las cosas que pretendió Gauguin fue dar “musicalidad” al cuadro, algo que consigue con la representación de la mujer tocando la flauta y por otra parte con la sinfonía de colores que utiliza para representar los elementos, que lejos de ser arbitrarios pretenden sugerir sensaciones, por asociación, que simulen las que se pueden transmitir con la música.

La composición destaca por la compleja organización de los elementos de la obra. No hay nada simétrico ni un esquema racional aparente, incrementado por la ausencia de perspectiva y profundidad que resulta de la superposición de planos.

El predominio de la línea y el trazo en los contornos de los elementos lo acercan a técnicas como el cloisonismo, más típica de técnicas artísticas como la orfebrería y que vemos más desarrolladas en obras posteriores del pintor. Gauguin buscaba en todo momento una expresión plástica personal encaminada hacia una pureza espiritual alejada de artificios estéticos.

Por este motivo buscó incansablemente durante su vida conocer lugares lo más primitivos posible, a los que el hombre moderno no hubiera “contagiado” su modelo de civilización, y que así pudiera representar su verdadera esencia.