Esta obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio es la segunda versión de uno de los dos cuadros que pintó para la capilla Cerasi en la iglesia de Santa María del Popolo de Roma.

Enfrente de este magnífico lienzo pintó “la conversión de San Pablo en el camino a Damasco”, que junto al frontal de altar de Anibale Carraci componen el conjunto que encargó Tiberio Cerasi para la iglesia en el año 1600.

Ambos cuadros, pero especialmente esta crucifixión de San Pedro, tuvieron una primera versión que como en otras obras de Carvaggio no gustó al mecenas que la encargó y que finalmente pasaron a la colección privada de un cardenal, de la que se conoce el paradero de la conversión de San Pablo pero no hay unanimidad sobre la identificación de la primera versión de este San Pero crucificado.

El programa iconográfico de la capilla hay que entenderlo en el contexto contrarreformista de una iglesia, la de Santa María del Popolo, que es la primera a la que accedían los peregrinos al llegar a Roma desde el Norte. Cerasi pretendió representar los dos pilares en los que se asienta la iglesia católica apostólica y romana: San Pedro y San Pablo.San pablo en la capilla Cerasi

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La representación de San Pedro es como en otras obras de Caravaggio la de un viejo con la fisionomía vulgar y decrépita propia de una persona de avanzada edad, aunque en este caso con mayor fortaleza y dignidad que en otras, en cuyo rostro es visible claramente el dolor y la angustia del personaje ante su inminente muerte en la cruz, alejándole de cualquier halo de santidad.

Caravaggio aprovechó el hecho de la crucifixión en una cruz invertida para componer un escorzo en diagonal muy violenta hacia abajo y coloca a San Pedro intentando incorporarse adelantando su torso para mirar “fuera” del cuadro hacia un crucifijo situado en el altar, en un gesto que dota a la escena de una gran tensión y movimiento.

Los romanos que proceden a levantar la cruz son representados como figuras tenebrosas en la sombra, con sus rostros casi ocultos y poco definidos, con lo que pretende significar el importante esfuerzo que tuvieron que hacer para levantarlo, como queda patente en las posiciones contranatura que están haciendo para poder ejecutar su trabajo.

Respecto a la iconografía de la crucifixión de Jesucristo, en este caso llama la atención la ausencia de sangre y manifestaciones evidentes del martirio.

Como no podía ser de otra manera tratándose de Caravaggio la luz se centra en iluminar al personaje principal y componer su figura a través del claroscuro que Caravaggio consigue anulando casi por completo el contexto en el que se desarrolla la escena (y casi de los otros personajes del cuadro) que queda en penumbra, sin paisaje ni espacio reconocible, centrando así la atención en lo importante: la crufixión de San Pedro.