Impression, soleil levant
Claude Monet. 1872. Óleo sobre lienzo. 47 x 64 cm. Museo Marmottan-Monet, París
Foto: Wikimmedia

El título original de esta obra de Claude Monet, “Impression, soleil levant” tiene la particularidad de dar nombre a uno de los movimientos pictóricos sobre los que más se ha escrito y que más atraen la mirada del público, los elogios de la crítica y la historiografía y las ansias inversoras de coleccionistas y marchantes de arte.

Desde el escándalo originado en 1863 por Manet con su “Desayuno en la Hierba”, el salón de los rechazados de París exponía las obras de los jóvenes artistas, más transgresores y modernos que los artistas que exponían en el salón oficial.

En 1874 surge la primera exposición anónima de los pintores, escultores y grabadores que luego darían nombre al movimiento. Monet presentó 9 obras, entre las que destacó ésta, que además sirvió a un crítico de arte para titular despectivamente la exposición en su crítica de la misma en el periódico.

Monet representa una escena del puerto de Le Havre al amanecer, en un momento de luz en el que la neblina provocada por la alta humedad apenas permite que los rayos del sol atraviesen las nubes e iluminen la escena, quedando como reflejos anaranjados tanto en el mar como en el cielo.

Destaca la representación de la humedad como elemento que condiciona la percepción del cuadro diluyendo unas formas que casi desaparecen por completo y que dejan al espectador una impresión e idea de un momento de luz, no una representación minuciosa y detallada de la misma.

La pincelada libre y rápida reduce las representaciones de los elementos (barcas, personas, muelle, etc.) a una mínima expresión, tal y como queda evidente en los reflejos del agua, que son simples pinceladas de color empastado y que el artista aprendió de William Turner durante su viaje a Londres a principios de los años 70.

Monet empezó a buscar su estilo personal tras aprender con pintores de la escuela de la Barbizon y, rechazando las posturas más academicistas, fue desarrollando una técnica personal y una libertad y esponteneidad a la hora de aplicar la pintura en el lienzo que lo convirtieron en el gran maestro del movimiento.

Para el artista la luz era el elemento esencial y debía ser captado y representado sobre la tela. Las formas dejan de tener importancia, lo que le lleva a eliminar el trabajo de estudio y la elaboración de bocetos en una actitud que podría haber sido influenciada por la inmediatez que daba la fotografía.