“Almuerzo sobre la hierba” es una de las obras maestras de Edouard Manet y uno de los cuadros más controvertidos del arte francés de la segunda mitad del siglo XIX.

Tras ser rechazada en el salón oficial fue expuesta en el salón de los rechazados causando un gran escándalo al mostrarnos a una mujer completamente desnuda delante de dos hombres vestidos. Ella no es una diosa ni ilustra ningún episodio mitológico, es una mujer normal desnuda delante de dos hombres.

Pero el escándalo fue más allá del desnudo de la mujer, no olvidemos que en “el taller del artistaCourbet ya representó a una mujer desnuda delante de muchos hombres vestidos. Manet además muestra una nueva forma de aplicar los colores y de componer la obra, que era lo que de verdad importa y preocupa a Manet.

Manet representa una escena que situamos en Argenteuil, donde durante una excursión a Manet se le ocurrió pintar esta escena que transcurre en un lugar de algún bosque a orillas del río Sena.

El rostro de la mujer, que mira fijamente al espectador, se corresponde con el de la modelo que utilizaba Manet para sus cuadros, Victorine Meurent, mientras que el cuerpo lo toma de su propia mujer, Suzanne Leenhoff. Los hombres se identifican con el hermano del artista, Gustave Manet, y con su cuñado, el escultor Ferdinand Leenhoff.

Ambos personajes están vestidos como dandis y conversan sin percatarse aparentemente de la presencia del cuerpo desnudo de la mujer.

Frente a ellos el pintor representa las ropas de la mujer, una cesta de frutas y un pan redondo, que representa a modo de bodegón. Al fondo podemos distinguir la figura de una mujer lavándose en la orilla del río.

Un aspecto que llama la atención es la desproporción entre la mujer del fondo y la barca, que se ha identificado como un error del pintor en la concepción de un fondo carente de profundidad que indica que la escena no está tomada del natural, sino que es recreada por el artista en su estudio, lo que explicaría la luz antinatural que moldea el cuerpo de la mujer desnuda.

El estilo de la pintura rompe con las tradiciones académicas, tanto por el uso de la luz “cruda”, influenciada por la fotografía, como por los contrastes cromáticos, la utilización de la perspectiva aérea o la pincelada suelta e inacabada, especialmente en la representación de los elementos vegetales que sirven de fondo para la escena.

Édouard Manet no fue nunca un pintor impresionista. Tuvo relación con el grupo e incluso experimentó con algunas de las técnicas impresionistas pero nunca presentó obras en los salones alternativos del grupo ni pintó nada destacable por encima de lo que hacían algunos de sus amigos, como Monet, Renoir o Pisarro.