El manantial es una de las obras maestras del neoclasicismo y del pintor francés Ingres

También conocido como “el Manantial” es una de las obras maestras del Neoclasicismo. Actualmente expuesto en el Musée d’Orsay y fue pintado por Jean Auguste Dominique Ingres en 1856 y es considerada como una de sus obras maestras.

Quizá una de las anécdotas del cuadro es que el pintor estuvo retocandolo durante más de 50 años desde 1820 hasta 1856, año en el que dio por terminada la pintura, lo que explica la virtuosidad del resultado y el realismo de la representación, especialmente del agua que sale del carrón que lleva la mujer en el hombro y discurriendo entre los dedos de su mano abierta antes de caer en el río de la parte inferior del cuadro.

La mujer representa una odalisca, mujeres esclavas que durante el imperio Otomano ejercían de asistentes de las concubinas del harén del sultán.

Ingres se sirve de la representación de una mujer desnuda para simbilizar el nacimiento de los ríos, algo que se hacía tradicionalmente en la pintura de la época al utilizar jóvenes o niñas para representar fuentes, manantiales o ríos.

La mujer se presenta completamente desnuda con un rostro inexpresivo que se acentúa con la mirada perdida de la mujer, que se pierde en el infinito.

El tratamiento plástico de la mujer es sorporendente y más propio de una escultura de bulto redondo con una postura en la que parece posar para el artista, lo que redunda en la quietud y el hieratismo de su figura, que recuerda a la estatuaria clásica y los valores del canon de las esculturas de la Antiguedad.

Ingres demostró en esta obra su interés por encontrar la belleza ideal y por representarla con gran realismo, con recursos como una pincelada gradual menos brillante conforme se acerca al contorno de la figura y que sugiere el tacto aterciopelado de la piel y de la carne humana.

El pintor sitúa a la odalisca en el borde del río, que pisa parcialmente mojándole los pies que se reflejan perfectamente en la superficie del agua.

El fondo rocoso de la hornacina que se abre en la montaña, con sus plantas trepadoras y el ambiente rocoso redunda en la frialdad de la imagen, y el aspecto casi marmóreo de la figura femenina y que al igual que en otras obras del pintor en las que representa odaliscas y mujeres desnudas, sus psturas son algo forzadas y rebuscadas, como vemos en la postura de los brazos para sostener el jarrón del que cae el agua hacia su mano y el río.

En el momento de terminar la obra Ingres ya disponía de un número importante de colaboradores, que le ayudaban a materializar estas obras de gran formato, en el que participarían aplicando los colores al magnífico dibujo del artista.