Mito de Ícaro por Herbert Draper
Herbert Draper. 1898. Óleo sobre lienzo. 182 x 155 cm.|Fotografía: Wikimmedia commons

Esta majestuosa obra de carácter mitológico es el cuadro que le dio fama a Herbert James Draper, al que le valió para ganar la medalla de oro en la exposición universal de parís de 1900.

Estudió arte en la real Academia de Arte de Londres. Tras ganar la medalla de oro de la academia fue becado para hacer varios viajes a Roma y París. Antes de instalarse definitivamente en Londres.

Su obra es mundialmente reconocida por sus cuadros mitológicos, lienzos de gran formato en los que representaba una antigüedad clásica idealizada y tamizada por los gustos de la sociedad victoriana.

En esta época, el recato y la mojigatería predominaban debido a la estricta moralidad de la época, al menos en el ámbito público, porque en el privado se promovió la voluptuosidad y los vicios de las personas, entre los que estaba atesorar cuadros en los que se mostraran desnudos femeninos cargados de sensualidad y sexualidad, en algunos casos casi explícita.

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Herbert Draper supo hacer una simbiosis perfecta entre el dibujo y la técnica más puramente academicista y el uso de un colorido moderno y avanzado, más propio del postimpresionismo o incluso el puntillismo.

Esta es su obra principal, la que durante casi 25 años le hizo ser muy conocido, rico y famoso, aunque al final de su vida su figura y personalidad artística se diluyeran entre las nuevas propuestas pictóricas de las vanguardias de principios del siglo XX.

Draper se sirve del mito de Ícaro para hacer una representación del mismo diferente a cómo se había representado hasta el momento.

Cuenta la mitología que Ícaro, hijo de Dédalo, intentó huir junto a su padre de la isla de Creta donde el rey Minos los tenía apresados. Para ello Dédalo construyó unas alas con plumas y cera que ambos utilizaron para escapar.

Tras sobrevolar numerosas islas del Egeo Ícaro cometió el error de acercarse demasiado al sol -desoyendo las recomendaciones de su padre- y se le derritió la cera de las alas, con lo que cayó al mar cerca de un lugar que luego Dédalos llamó Icaria.

Draper representa cómo el cuerpo de Ícaro es recogido del mar por ninfas desnudas que lloran la muerte del joven, al que el pintor pinta semidesnudo.

La sensualidad de la escena es evidente en las muchachas desnudas que emergen de las aguas y recogen el cuerpo de Ícaro. Lamentan su muerte y tocan melodías tristes con un instrumento musical parecido a una lira.

No obstante para el artista el verdadero protagonista no es Ícaro sino la belleza del cuerpo de la mujer, que representa en todo su esplendor. Voluptuosidad en los cuerpos de las muchachas y seducción en sus actitudes, gestos y movimientos, que más parecen intentar despertar al joven para seducirlo que lamentar su fallecimiento tras caer al mar.