Lirios de Van Gogh
Vincent van Gogh. 1889. Óleo sobre lienzo. 71 x 93 cm. J. Paul Getty Museum | Fotografía: wikimmedia commons

Cuando hace unos meses comentábamos la obra “lis lirios” de Ogata Korin, mencionabamos cómo ésta y otras obras japonesas inspiraron a no pocos artistas de la bohemia parisina de finales del siglo XIX.

En concreto hacíamos referencia a este cuadro del genial Vincent van Gogh, por la evidentes similitudes entre ambas obras, al menos desde el punto de vista formal, como puede apreciarse por ejemplo en la representación aislada de los lirios con afán decorativo, en un espacio carente de perspectiva.

Aunque van Gogh hizo numerosas pinturas y grabados con los lirios como motivo principal, este tiene la peculiaridad de haber sido pintado durante su estancia en el sanatorio de Saint Rèmy tras haberse cortado la oreja y antes de sufrir el primero de sus fuertes ataques psicóticos mientras estuvo interno.

La obra está claramente influenciada por las estampas japonesas de la época ukiyo-e, como lo demuestran los colores planos propios de las xilografías, la ausencia de modelado, el punto de vista en un primer plano muy cercano de las flores, cuyo dibujo está perfectamente definido por una línea negra de cierto grosor como si de un grabado xilográico se tratara.

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Sabemos que Van Gogh se hizo acompañar por un celador del hospital para encontrar la inspiración para pintar durante sus largos paseos por los jardines del centro, porque decía que pintando era la única manera que el tenía de no dejarse llevar por su locura. Estos lirios serían elementos que encontraría en los jardines del hospital, al igual que la noche estrellada sobre el ródano es la vista que tenía desde su propia habitación en el hospital.

Es especialmente llamativo el punto de vista, muy similar al que se utiliza en fotografía para representar insectos o flores, es decir, un macro de cerca para poder distinguir todos los detalles.

La composición queda definida por las líneas onduladas y sinuosas de los tallos y las hojas de los lirios que parecen acompasados con las tonalidades cromáticas equilibradas de las flores entre el verde y el malva, únicamente “roto” por la flor de color blanco, que dirige la mirada del espectador hacia el lado izquierdo del cuadro.