Soutine
Chaïm Soutine. 1926. Óleo sobre lienzo. 140 x 107. Musée de l’Orangerie. París | Fotografía: flickr

Esta obra de Chaim Soutine, que puede contemplarse en el musèe de L’Orangerie de París, es una de sus obras más conocidas y personalmente una de las que más me sorprendieron en una reciente visita a la capital del Sena.

De origen lituano, Chaïm Soutine (1893-1943) siempre se sintió atraído por el arte y la pintura, que siempre se preocupó en realizar de una manera muy personal.

Con 20 años es consciente de la necesidad de trasladarse al centro mundial del arte: París, donde se imbuyó de la bohemia sin mezclarse en ninguno de los círculos predominantes. Vivía en Montmartre en condiciones precarias junto a otros artistas como Marc Chagall o Amedeo Modigliani, que no se declaraban seguidores ni en el círculo de Picasso ni en el de Matisse.

Dentro de lo inclasificable de su pintura si que podemos afirmar que es un claro precedente del expresionismo, tanto en su vertiente figurativa como en la abstracta.

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Nunca reconoció que su arte estaba influenciado por pintores como Vincent van Gogh, del que adopta la forma compulsiva de aplicar las pinceladas en el lienzo, el Greco, del que adopta la deformación de las figuras, o de Rembrandt, cuya obra pudo conocer tras un viaje a Amsterdam, donde vio la obra del pintor flamenco “el buey desollado”, y que le sirvió de inspiración para este lienzo, con el que quiso hacerle un homenaje.Rembrandt van Rinj

En esta obra apreciamos su gusto por el cromatismo exacerbado a pesar de limitar la gama cromática a los colores rojizos y amarillos de la canal del buey desollado, que le sirve para representar las texturas de la carne del animal.

La composición es muy novedosa mostrando el buey colgado en una diagonal que recorre el cuadro de izquierda a derecha que acentúa la violencia de los colores de la sangre y la carne cortada, que algunos han interpretado como la gran herida que sufrió Europa tras la I Guerra mundial y que hizo del periodo de entreguerras una época convulsa.

Este cromatismo y la pincelada pastosa y cargada de pintura le acerca a la pintura de expresionistas como Emil Nolde, James Ensor u Oscar Kokoschka.

Su legado fue esencial para los expresionistas austríacos, para el expresionismo abstracto noreamericano de Wilhem de Kooning, así como por el grupo Cobra.