El grupo escultórico que conforma esta obra es una de las obras más importantes de Bernini y una obra capital de la escultura Barroca en Italia por conseguir el máximo efecto de teatralidad en la conjunción de pintura, escultura y arquitectura al servicio de un mensaje único.

Esta obra fue encargada a Bernini por el cardenal Federico Cornaro en 1647 para una capilla funeraria familiar en la iglesia de Santa María della Vittoria, en Roma.

Lo que hace de esta obra de mármol un ejemplo excepcional es la maestría del artista en la conjunción del espacio arquitectónico, los volúmenes escultóricos y la decoración pintada en una misma obra. Bernini consigue así el máximo efecto de teatralidad haciendo protagonista y parte de la obra al espectador.

En esta capilla Bernini dio vida al espectáculo total, centrándose en el momento en el que se produce la transposición de Santa Teresa y su experiencia de unión extática con Cristo.

La intensidad dramática y el dinamismo de la escena lo representa tanto en los pliegues de los ropajes como en la expresión de los rostros de los personajes, acentuados por los claroscuros de que genera el espacio en el que se enmarca y que ayuda mucho a dotar de teatralidad a la obra.

Gian Lorenzo Bernini centra la atención en las dos figuras: el ángel y Santa Teresa para intentar reproducir el episodio descrito en el Libro de la Vida de la Santa, en el que relata cómo tras recibir una flecha en su cuerpo, un ángel saca la flecha de su pecho.

La expresión de Santa Teresa pretende recoger una mezcla entre dolor y placer muy intenso y que queda perfectamente reflejado en el rostro de Santa Teresa.

«Vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. […] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan ecendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines […]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto.»

El conjunto es una amalgama de materiales, colores y estímulos visuales provocados por el efecto de la incidencia de la luz filtrada a través de la ventana situada encima de Santa Teresa y por el reflejo de ésta en los rayos de bronce dorado que parten del “transparente” hacia los extremos de la obra donde se encuentran las figuras del ángel y la santa.

La cúpula encima de la escultura tiene frescos que representan una bóveda a cielo abierto lleno de querubines y con una alegoría del Espíritu Santo (paloma) descendiendo hacia la zona lateral, donde se encuentra una representación de la familia Cornaro.