Esta obra de Eugenio lucas es una de las que hizo con este tema.

Se trata de un tema recurrente en la época: los condenados por la inquisición sometidos al escarnio público exponiéndolos por las calles y plazas para que fueran objeto de burla y desprecio por parte de los ciudadanos.

Era muy frecuente que se les subiera encima de animales de carga como burros para que fueran fácilmente visibles por parte de cualquiera y que fuera más sencillo arrojarles objetos, golpearles o proferirles improperios relacionados con el motivo de su condena.

El cuadro recuerda desde el punto de vista estético a Goya, del que también adopta la factura con pinceladas rápidas y cargadas de pintura, muy marcadas y con colores oscuros.

Sabemos que a Goya le gustaban estos temas y que realizó muchas obras inspiradas en estas condenas que el propio Goya pudo contemplar, ya que no fue hasta 1812 con la constitución de Cádiz que se abolió la Inquisición, motivo por el que Eugenio Lucas no pudo contemplar estas condenas y tuvo que inspirarse directamente en el pintor aragonés.

La postura de Eugenio lucas respecto al tema del cuadro y a la iglesia es muy crítica, en su calidad de promotora de estos escarnios públicos y de las condenas de la inquisición, que en esta época eran motivo frecuente de novelas, estudios y cuadros, como los que materializó Goya tras estudiar los sucesos con las brujas de Zugarramurdi.

Se trata de un cuadro eminentemente expresionisra con una luz muy tenebrista y un tono oscuro conseguido con una pincelada pastosa llena de color negro que provoca un efecto visual que hace muy características estas obras del pintor y que lo acercan también a la obra de Goya.

El capirote del condenado tiene como misión ridiculizar al reo y contriuir al ridículo y a hacer más grotesco el espectáculo.

Eugenio Lucas pintó varios cuadros con este tema, como el de Museo del Prado, en el que se ve una escena similar pero de dos condenados vistos de espadas siendo fagocitados por la multitud que se agolpa para increparles.

Aunque Eugenio lucas fue un ferviente seguidor de Goya, su obra está llena de escenas constumbristas (son muy famosas su manolas asistiendo a espectáculos taurinos, así como paisajes y retratos.

Esta obra forma parte de la donación realizada en 1968 por María de los Ángeles Sáinz de la Cuesta, condesa de los Moriles, en memoria de su esposo.