[av_dropcap2 color=”default” custom_bg=”#444444″]E[/av_dropcap2]sta iglesia es una de las principales atracciones turísticas de Florencia. Su importancia radica en el diseño de la fachada, que es considerada como una de las obras maestras de la arquitectura del Renacimiento italiano.

La iglesia dominica comenzó a construirse hacia el año 1200 y se terminó el cuerpo principal del edificio a mediados del siglo XIV. La fachada se dejó inconclusa y no fue hasta mediados del siglo XV que de iniciara su construcción.

En 1458 el rico mercader Giovanni Rucellai encargó a Alberti que diseñara una fachada de mármol. En el friso sobre el que asienta el frontón de la parte superior está escrito el nombre del mecenas y su símbolo familiar: una vela.

Alberti realizó un profundo estudio y diseño de proporciones basadas en cálculos matemáticos que le confirieran un equilibrio geométrico y una armonía que le dieran un aspecto moderno y novedoso.

La importancia de esta fachada y el desafío que su diseño supuso para Alberti fue el hecho de tener que completarla (el cuerpo inferior ya estaba iniciado cuando lo retoma Alberti) aún siendo concebida con técnicas claramente medievales. Por este motivo dibujó una fachada a modo de telón que “tapara” la estructura gótica de la planta gótica de la iglesia, que de ninguna manera se adivina viendo la fachada desde la plaza.

En la fachada destacan las volutas que le sirven a Alberti para suavizar la transición de la base de la estructura con el cuerpo superior mucho más estrecho y que remató sobre un frontón triangular.

Las formas curvas de las volutas ayudan a dar una gran sensación de armonía y aspecto de modernidad al conjunto.

Junto a estas volutas destaca el uso de la columna como elemento que sirve al arquitecto como elemento ornamental integrado en la estructura a la que sirven para delimitar el eje principal del edificio.

Quizás uno de los factores que más destaca de la obra es la utilización de mármoles de diferentes colores (verde y blanco), cuya intercalación crea un movimiento y un aspecto característico de la arquitectura medieval de la Toscana y que Alberti mantuvo en esta obra, a pesar de que sus elementos estructurales se consideran plenamente renacentistas.