[av_dropcap2 color=”{{color}}” custom_bg=”{{custom_bg}}”]E[/av_dropcap2]sta obra de Masaccio es una de las primeras obras del renacimiento en las que se aplica la perspectiva lineal que pretende representar el espacio tridimensional de la forma más naturalista posible.

La obra es una pintura mural encargada por la familia Lenzi y puede contemplarse en el interior de la iglesia de Santa María Novella de Florencia.

Su importancia la encontramos en la utilización de la perspectiva para recrear un espacio que crea el efecto de que la pared sobre la que está pintada continúa a través de ella generando un espacio ilusorio que dificulta distinguirlo del espacio real.

Masaccio representó la escena en un marco arquitectónico que le sirve para encuadrar a todos los personajes y para reforzar la perspectiva lineal que provoca la ilusión óptica de la tercera dimensión. Un enorme arco asentado sobre columnas se enmarca bajo el entablamento sostenido por pilastras al que se abre una bóveda de cañón casetonada, que compone el espacio ilusorio en cuyo fondo se localiza el punto de fuga que genera la sensación de profundidad.

Bajo este espacio arquitectónico representa la escena de la crucifixión presidida por una representación de Dios padre, que parece sostener la cruz del martirio de su hijo, y del Espíritu Santo en forma de paloma que se sitúa entre éste y la cabeza de Jesucristo, conformando lo que iconográficamente da título a la obra: la trinidad.

Junto a las pilastras y en la parte inferior pintó a los donantes del mismo tamaño que los personajes divinos, lo que entronca con el humanismo y el pensamiento antropocéntrico que se desarrolló en la época del Renacimiento. Las figuras de los donantes simbolizan el plano terrenal de la obra que representa a la humanidad.

En la parte inferior del paño pintado representa un sepulcro que contiene un esqueleto con una inscripción que dice así: “En un tiempo era como eres tú ahora, un día serás como soy yo ahora“, que nos recuerda el carácter efímero de lo terrenal y el destino inevitable de todos los hombres.

La composición es de gran proporcionalidad, equilibrio y simetría al inscribir a todas las figuras en un triángulo equilátero cuyo vértice superior sería Dios Padre y los inferiores los pies de los donantes.

Masaccio representa las figuras con una volumetría contundente y maciza, dotándolas de un aspecto casi escultórico únicamente roto por el realismo y naturalismo de los rostros de las figuras, muy expresivos en las miradas, especialmente en el caso de la Virgen María que mira directamente al espectador e invita al espectador a participar con un gesto de su mano derecha.

Esta es la segunda obra importante del autor tras su participación en la capilla Brancacci de la iglesia del Carmine de Florencia.