Esta obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el “Caravaggio” es una de las joyas del Museo de los Uffizi de Florencia.

Se trata de un lienzo colocado en un soporte diferente a un bastidor tradicional para una pintura de caballete. El artista pintó la obra y la aplicó sobre un escudo o rodela redondo.

Caravaggio representó la cabeza de Medusa, un personaje mitológico representado a menudo en este tipo de escudos como una cabeza de mujer con víboras en lugar de pelo, largos colmillos y sangre brotándole del cuello.

La iconografía representa siempre la cabeza de Medusa en el momento en el que Perseo se la corta y la utiliza como arma, ya que la mirada de Medusa convertía en piedra a quién le mirara fijamente a los ojos, de ahí que Perseo la utilizara como escudo defensivo frente a sus enemigos.

Caravaggio recibió el encargo de realizar esta pintura del Sha de Persia, para regalárselo a Fernando de Médicis, duque de la Toscana.

El artista distorisiona las facciones de la figura con una expresión muy acentuada, casi exagerada, lo que unido a la sangre que le manaba por las venas del cuello arrancado del cuerpo de Medusa. El personaje grita al tiempo que muestra sus ojos fuera de sí, desencajados por el miedo, emitiendo un alarido de muerte.

Gorgona era en la mitología griega un dios monstruoso temible con manos de bronce y alas cuyos ojos miraban tan profundamente que convertían en piedra a quien se atreviera a mirarlos. Nadie a excepción de Poseidón se acercaba a Medusa, quién la dejó embarazada del caballo alado Pegaso y Crisaor.

La historia de Medusa nos remite a la época en la que ella era una sacerdotisa del templo de Atenea.

Al enterarse Atenea de que Medusa y Poseidón se habían acostado en el templo convirtió sus cabellos en serpientes y afeó su cara tanto que dejaba petrificado a quien osaba mirarla. Perseo le entregó la cabeza de Medusa a Atenea, quién la incrustó en su propio escudo.

El tamaño de la cabeza es proporcional al de una cabeza humana, lo que la hace todavía más real, y la incluye en un espacio que compone gracias a un fondo neutro que le permite crear efectos de luz y sombra con los que conseguir dar volumen a las figuras.

En el detallismo de las serpientes y el rostro de Medusa se aprecia el dominio de la técnica del pinto, que “retuerce” las finas líneas de los reptiles para hacerlas más sinuosas, efecto que consigue potenciar con los destellos de luz sobre los cuerpos de las áspides que consigue con pequeñas pinceladas de blanco de plomo.