El proyecto del Palacio de Larrinaga data de 1901 y es obra del célebre arquitecto Félix Navarro, autor de obras como el Monumento al Justiciazgo o el Mercado Central.

Algo más de 17 años se invirtieron en su construcción. El edificio sigue el esquema arquitectónico y decorativo de los palacios renacentistas aragoneses, con su característico patio interior como elemento de articulación de los espacios interiores del edificio. En este caso se aprovechó este espacio para ubicar la escalera.

Aunque los materiales predominantes son la piedra y el mármol es claramente visible la tradición aragonesa en la utilización del ladrillo. Además podemos ver elementos hechos con materiales considerados “modernos” en la época, como el acero, el vidrio o el hierro.

De su morfología destacan las cuatro torres de las esquinas del edificio y la estructura octogonal que cubre el patio central, en torno al cual se distribuyen las habitaciones.

La distribución de los espacios por plantas es la tradicional en la época. Se destina la planta baja para el comedor y espacios como el salón francés destinado a eventos, la planta noble para las dependencias privadas de la familia, el ático para el alojamiento del servicio y personal auxiliar y el sótano para dependencias auxiliares, almacenes, etc.

En la parte posterior del edificio se ubicó un mirador en forma de exedra acristalada. Las torres sólo tenían función ornamental, ya que no incluyen ninguna estancia, constituyéndose como espacios abiertos a los que se accedía desde el interior y desde la galería principal.

La decoración interior del edificio es de carácter ecléctico e historicista mezclando elementos decorativos de distintos estilos.

Podemos reconocer la tradición de la arquitectura renacentista aragonesa, así como elementos decorativos inspirados en el barroco y en el rococó, muchos de ellos realizados por el escultor local Carlos Palao.

Es muy destacable la decoración exterior con azulejos y cerámica obra del ceramista cordobés Enrique Guijo Navarro. Entre toda la decoración cerámica destaca el mural situado en el centro de la galería de arcos del primer piso.

Este mural, inspirado en la actividad profesional del promotor de la obra: el comercio marítimo, representa en un ambiente mitológico y fantástico a dos personas ataviadas con túnicas blancas despidiéndose de un barco mercante. Mural cerámico Palacio de Larrinaga

Un edificio con una historia detrás que trasciende a su belleza, que sirve de imán para los curiosos que se acercan a su verja exterior, a imaginar más que a contemplar molduras, diseño de espacios o volúmenes espaciales.

La historia

Más allá de la belleza del edificio, magníficamente restaurado, conservado y mantenido en uso por Ibercaja, el palacio de Larrinaga es un edificio singular por la historia que hay detrás de su construcción

Villa asunción, que es como se conocía originariamente la propiedad, es un edificio que mandó construir Miguel Larrinaga pocos años después de casarse con Asunción Clavero.

Asunción y Miguel se conocieron cuando éste estudiaba leyes en Zaragoza. Un día durante un oficio en la basílica del pilar de Zaragoza se conocieron y surgió el amor.

Pocos años después se casaron en Liverpool, ciudad en la que se encontraba la sede de la compañía naviera de la familia de Miguel.

Desde muy temprano los planes del matrimonio para el futuro eran retirarse a vivir sus últimos años en la ciudad en la que se conocieron: Zaragoza.

Durante años el matrimonio trabajó en la decoración y diseño del palacio que habitarían de forma esporádica.

Tras la muerte de Asunción en 1939, Miguel vende la casa y vuelve a Liverpool, donde moriría 10 años más tarde.

La leyenda sobre la historia de este matrimonio ha tenido numerosas versiones, todas ellas con un elemento común: el amor entre Miguel y Asunción.

Unas historias que añaden a la belleza del edificio un importante valor inmaterial que le sirve como elemento de protección, al formar parte indivisible del mismo.