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Cine

Psicosis de Alfred Hitchcock

Cartel Psicosis
1960. Alfred Hitchcock
Foto: www.elseptimoarte.com

De todas las escenas y secuencias de la historia del cine, ésta de la película Psycho -Psicosis en su traducción al español-, de Alfred Hitchcock, quizá sea una de las más conocidas y estudiadas.

La película, estrenada en 1960 y protagonizada por Anthony Perkins y Janet Leigh, pronto se convirtió en un éxito internacional, aterrorizando a todos los que se atrevían a ir al cine a verla.

El argumento de la película gira en torno a los 40.000 dólares en efectivo que la protagonista “roba” de su empresa y cómo en su huida se topa con el Motel Bates, donde será asesinada por el propio Bates en un arrebato de bipolaridad en el que toma la personalidad de la madre.

El motel Bates está construido al lado de la misteriosa mansión Bates, inspirada en el cuadro de Edward HopperHouse by the railroad“, y a día de hoy es una de las principales atracciones de los estudios Universal en Los Ángeles.

La secuencia de la ducha es en la que tiene lugar el asesinato de Marion. Ella se dispone a tomar una ducha caliente y relajante antes de cenar con Norman Bates. De repente alguien entra en la habitación, se mete en el baño y con un cuchillo de cocina clavado repetidas veces acaba con la vida de Marion, que se desangra en la bañera.

El resto de la película transcurre con las investigaciones de Lila y Sam -novio de Marion- sobre el paradero de la chica asesinada y los 40.000 dólares, mientras descubren la relación de Norman Bates con el asesinato de Marion mientras desengranan su historia, con el asesinato de su madre y su amante y de cómo disecó su cuerpo y adoptó su personalidad como forma de aliviar su culpa por haberla matado.

La secuencia

Rodada durante seis días del mes de diciembre de 1959, contiene 50 planos en los poco más de 3 minutos que dura la escena.

La mayoría de las tomas son acercamientos al foco de la escena (la chica) en planos de corta duración, lo que hace que la secuencia sea más subjetiva, que era lo que le interesaba a Hitchcock para poder trasladar la “amenaza” de la ficción a la mente del espectador, generándole desasosiego y sensación de terror.

Como buen director y gran melómano, Hitchcock supo dar a la escena el toque perfecto gracias a la música, basada en los chirridos rasgados de violines, violas y violonchelos, que ayudaron a intensificar el dramatismo de la escena y le dieron un ritmo que el propio director trasladó al montaje de los planos de la secuencia.

Una vez más, aunque probablemente sea el mejor caso de toda sus películas de terror, Hitchcock consigue lo que pretende: asustar a través de lo cotidiano, de escenas que todos protagonizamos a diario y que son lo que lleva al espectador a sentir el miedo en primera persona y no a través de los personajes de la película.

El Acorazado Potemkin de Eisenstein

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Seguei Mijailovich Eisenstein. 1925

El Acorazado Potemkin de Sergei Mikhailovich Eisenstein (1898-1948) es una de las películas más célebres de la historia del cine, por utilizarse en ella un lenguaje cinematográfico con el que dar coherencia a la narración fílmica.

Aunque es cierto que no es una película amable de ver, y no es demasiado entretenida, secuencias tan conocidas como la escalinata de Odessa y su novedosa técnica de montaje hacen de ella una referencia que marcará todo el cine posterior.

La película está basada en unos acontecimientos que tuvieron lugar en junio de 1905: los marineros del acorazado Potemkin, hartos de malos tratos y de penurias en la vida a bordo del acorazado por parte de los oficiales deciden sublevarse.

El objetivo de Eisenstein era representar la magnificación de la figura de las masas y las causas colectivas. Algunos autores la han querido ver como una alegoría de la primera revolución rusa de 1905, antecedente de la definitiva de 1917.

No obstante esta película fue una improvisación del proyecto que tenía en mente el director, que no era otro que el de hacer una pelicula documental sobre la fallida revolución de 1905.

La película se compone de 5 episodios: “hombres y gusanos”, “drama en el golfo”, “el muerto clama”, “la Escalera de Odessa” y “encuentro con la escuadra”. A pesar de esta división Eisenstein siempre mantuvo la funcionalidad de todas las partes para componer una generalidad, que es a través de la cual el director permite transmitir su mensaje.

Eisenstein desarrolló sus teorías del montaje en esta cinta, planteando una rápida sucesión de fotogramas que cambian radicalmente la acción unos de otros, lo que genera en el espectador una emoción que lo lleva a realizar una reflexión intelectual interior del tema propuesto.

La escalera de Odessa

De todas las secuencias famosas de la historia del cine esta es una de las más conmovedoras y relevantes a nivel técnico de las primeras décadas de la historia del cine.

En este episodio intenta representar la dura represión que se llevó a cabo de la tripulación del acorazado, en la que murieron más de 2.000 personas.

Sin embargo Eisenstein no se limitó a reproducir los hechos reales y filmarlos con su cámara, sino que “reelabora” esos hechos y los muestra como una masacre de población civil en un espacio público, la monumental escalera de Odessa.

La acción transcurre en torno a la escalera. La población había subido a la parte alta de la ciudad para contemplar el motín del Potenkim, varado en el puerto de Odessa.

Los cosacos intentan reprender a la población que se había congregado a ver el motín y, situados en línea y armados con sus fusiles, no dudan en disparar sobre la población civil, que en su avance se ven obligados a descender por la escalinata, que se llena de víctimas de la represión

La secuencia de la escalera de Odessa, a la que debe el filme su éxito perdurable y su fama justificada, está filmada alternando planos muy cortos con vistas casi generales de forma rápida, contribuyendo a condicionar la percepción que el espectador tendrá de las sucesión de imagenes que está viendo.

La utilización de unos hechos ficticios individualizando personajes, mostrando lo más representativo de ellos, contrasta con su interés por hacer de las masas la verdadera protagonista de la secuencia y del filme.

En la película vemos numerosas innovaciones técnicas, como el uso de la imagen desenfocada, o la repetición de planos, como el del cochecito del niño pasando por encima de las manos de las víctimas, etc.

Eisenstein construyó una plataforma móvil a lo largo de la escalera con espacio para la cámara, el director de fotografía y el mismo, para poder filmar el descenso de las víctimas por los 120 peldaños de la escalera, que no hacen sino acentuar el dramatismo de la escena.

Más allá de los análisis de la secuencia, los planos, la música y todos los detalles, sobre los que se han escrito centenares de libros de teoría cinematográfica, lo cierto es que el planteamiento novedoso, monumental y dramático de esta secuencia han mantenido su vigencia y poder expresivo a lo largo de los casi 90 años de historia de una de las películas más relevantes de la historia del cine.

Viaje a la luna de Georges Meliés

Meliés
Georges Méliès. 1902

Esta película francesa del año 1902, obra de Georges Meliès (1861-1938), es la primera película de ciencia ficción de la historia del cine.

Para filmarla su autor se inspiró en dos novelas: “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne y “Los primeros hombres en la Luna”, de Herbert George Wells.

Con una duración de unos 14 minutos, a 16 fotogramas por minuto, la imagen de la cara de la luna recibiendo el impacto de un cohete espacial disparado por una bala de cañón es uno de los planos más conocidos de la historia del cine.

La película cuenta como tras una encuentro de astrónomos, el presidente de la reunión propone realizar un viaje a la luna.

Un grupo de 6 astronautas diseñan una cápsula espacial que es lanzada al espacio por un cañón gigante en dirección a la cara bonita de la luna, a la que le dañan el ojo derecho en el aterrizaje.

Tras una serie de avatares los astronautas se topan con los selenitas, los habitantes de la luna.

Por accidente muere un selenita y, con intención de vengarle, un grupo de selenitas persiguen a los astronautas que se meten en la cápsula para volver a la tierra, cayendo en el océano donde unos barcos salvan y rescatan a los astronautas, que son recibidos en un multitudinario desfile.

Este es el argumento de una filme que hay que analizar teniendo en cuenta que en 1902, aunque el cine no era una novedad, sí que era un medio de expresión que estaba iniciando su andadura, de ahí el valor de las soluciones que adoptó Méliès para filmarla, por primitivas y rudimentarias que parezcans.

Méliès era un ilusionista que utilizaba el cine, más como generador de ilusiones que como soporte narrativo, enmarcándose su trabajo en lo que podría denominarse “cine de atracciones”, una época en la que las películas eran más un lucimiento del director que una forma de exponer una ficción.

Olympia

Leni Riefenstahl
Leni Riefenstahl. 1938. 204 minutos
Foto: themoviedb

Olimpia es para muchos la obra maestra de la cineasta Leni Riefenstahl (1902-2003), conocida por su contribución al dersarrollo de la estética y la propaganda al servicio del régimen nazi.

Olimpia es, con casi cuatro horas de duración, el primer documental de larga duración de la historia del cine, y los primeros juegos olímpicos filmados.

Consta de dos partes: “El festival de los pueblos” donde se hace hincapié sobre todo en lo deportivo, mostrando las distintas pruebas, identificando las naciones que compiten, los ganadores y los vencidos, y la segunda parte, “El festival de la Belleza”, donde se aprecia la poesía del deporte, concebido como una oda a la destreza atlética y al cuerpo humano en movimiento.

El film comienza con una secuencia de imágenes y esculturas de la antigua Grecia que suponen una auténtica poesía visual, a la que contribuye la música de corte wagneriano que escoge para acompañar las imágenes.

En esta introducción, figuras como el Discóbolo de Mirón cobran vida en atletas alemanes. La antorcha olímpica viaja en manos de un atleta a otro desde la antigua Grecia hasta Alemania, donde es recibida en el gran estadio presidido por Adolf Hitler.

Más allá del contenido político de la obra, con la que Hitler pretendía demostrar al mundo la grandeza de la renovada Alemania tras el pacto de Versalles y la supremacía de la raza aria, Leni Riefenstahl se interesó por observar la belleza de las proporciones del cuerpo humano, el cansancio de los deportistas o la excitación del público.

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A la directora le importaba muy poco quién había ganado, o con qué marca. A ella le interesaban las emociones, como un rostro de amargura, la explosión de júbilo de un atleta, o la frustración de un gimnasta que se equivoca en la ejecución de un movimiento.

Las tomas y puntos de vista que utilizó en el documental, como filmar la sombra de un corredor en lugar de al propio atleta, los primeros planos selectivos, o los contraluces exagerados, le sirvieron para marcar ritmos narrativos que revolucionaron el género documental tal y como se conocía hasta ese momento.

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