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La cultura Celta, cuna de guerreros y druidas

Cultura celta

¿Quiénes eran los celtas? En nuestras mentes la frase evoca dos imágenes: un temible pueblo guerrero y un culto místico a los druidas, incluso habrá a quien le recuerden al gran pueblo vikingo. Pues bien, los celtas eran una colección de tribus con orígenes en Europa central que compartían un idioma, creencias religiosas, tradiciones y cultura similares. Los historiadores creen que la cultura celta comenzó realmente a evolucionar ya por el siglo XII a.C. Los celtas se extendieron por toda Europa occidental, incluyendo España, Irlanda, Gran Bretaña y  Francia. Su legado sigue siendo de gran importancia en países como Irlanda y Gran Bretaña, donde dejaron una gran huella tanto en el idioma, como en la cultura.

La existencia de los celtas se documentó por primera vez allá por los siglos VII u VIII a.C. Un apunte curioso es que el Imperio Romano, que gobernaba gran parte del sur de Europa en aquella época, los celtas eran conocidos como «Galli», que significa bárbaros.

Sin embargo, los celtas eran cualquier cosa menos bárbaros, y muchos aspectos de su cultura e idioma eran tan avanzados que han perdurado a través de los siglos hasta nuestros días.

Orígenes de la patria celta

En el siglo III a.C., los celtas controlaban gran parte del continente europeo al norte de la cordillera de los Alpes, incluyendo la actual Irlanda y Gran Bretaña.

Cultura celta

Es en estas islas de la costa occidental de Europa donde la cultura celta pudo prosperar y sobrevivir a la gran expansión del Imperio Romano por el antiguo continente. A partir del reinado de Julio César en el siglo I a.C., los romanos lanzaron contra ellos ataques terriblemente duros lo que ocasionó que el pueblo celta contara sus muertos por millares y gran parte de su cultura en la Europa continental fuera totalmente destruida.

 

Las tropas romanas de César intentaron conquistar Gran Bretaña sin éxito alguno, y fue así como el pueblo celta estableció su principal asentamiento allí

Debido a esto, muchas de sus tradiciones culturales siguen siendo evidentes en Inglaterra, Escocia, Irlanda o Gales, incluso hoy en día.

Historia y momentos clave de la cultura celta

Expansión celta: desde el siglo V a.C.

Uno de los primeros momentos clave en la historia de los celtas y algo que es de gran importancia resaltar fue cuando en el siglo V a.C., varias tribus muy poderosas del centro de Europa, comienzan a expandirse y a extender sus fronteras hacia el este en los Balcanes y hacia el oeste en Francia y España. Esto se debió a la ventaja que les concedieron las armas de hierro, ya que como veremos más adelante, los celtas eran uno de los primeros pueblos en dominar la metalurgia. Más tarde, alrededor del año 300 a.C., cruzan el Canal de la Mancha hacia Gran Bretaña.

Los celtas son grandes narradores de historias, grandes bebedores y grandes luchadores, con un gusto por el combate individual muy característico, tras el cual el vencedor muestra con orgullo la cabeza cortada de su oponente. Esto no se ve con buenos ojos por sus vecinos, los disciplinados y refinados romanos.

Los celtas avanzaron hacia el sur a través de los Alpes. En el año 390 a.C., incluso llegan y saquear Roma. Muchos de ellos se quedan en Italia, estableciéndose en una zona de los Alpes al sur de Milán. Los romanos diferenciaban sus dos territorios más cercanos como la Galia Cisalpina (‘a este lado de los Alpes’, visto desde Roma) y la Galia Transalpina (‘más allá de los Alpes’).

La mayor parte de la Galia Cisalpina quedó bajo el control romano después de una campaña en el 225 a.C., pero los celtas que quedan en esta tierra aún eran una amenaza para los romanos y no se fiaban de ellos, es por esto que no les atacaron por entonces; unos años más tarde muchos de estos celtas se unen a los ejércitos de Aníbal y le apoyan. Más allá de los Alpes, el sur de la Galia se convierte en una provincia romana en el año 121 a.C. El resto de la Galia escapa del dominio romano hasta la llegada posterior de Julio César.

Los años de César en la Galia: 58-50 A.C.

Julio César estuvo fuera de Roma durante ocho años. Durante ese tiempo sometió sistemáticamente a las tribus celtas de la Galia, haciendo alianzas individuales con sus muchos jefes tribales independientes. Incluso se aventura más allá de los límites naturales de la Galia – la región enmarcada por los Alpes, el Rin, el Atlántico y los Pirineos.

En el 55 a.C. y de nuevo en el 53 a.C. cruzó el Rin para llevar a cabo breves campañas en Germania. Dos veces, en el mismo período también, son las que cruzó el Canal de la Mancha para probar la resistencia de los celtas en Gran Bretaña. Según Plutarco esta fue la primera prueba que recibieron muchos escépticos en Roma que afirmaban que Gran Bretaña no existía.

Las tribus celtas y Julio César: 55-54 AC

No se sabe con exactitud el año concreto en el que los celtas llegaron por vez primera a Gran Bretaña en su constante expansión hacia el exterior desde Europa central. Pero César afirmó, en su propio relato sobre las campañas que llevaba a cabo, que habían estado migrando allí desde al menos el siglo II a.C.

Julio César hace su primera incursión en Gran Bretaña en agosto del año 55 a.C. Desembarca en la costa de Kent, encontrando una considerable resistencia por parte de la caballería celta. Además de esto, también encontró carros de guerra de los pueblos celtas vecinos. Tras haber permanecido el tiempo suficiente para demostrar a los británicos el verdadero poder y fuerza de una legión romana, Julio César creyó que era el momento de regresar a la Galia tan solo un mes después de su llegada.

Durante el invierno, César construyó 600 nuevos barcos, es entonces cuando decide navegar de nuevo y cruzar el Canal de la Mancha. Allá por el mes de julio del año 54 a.C., se dirigió al norte con nada más y nada menos que con cinco legiones y 2000 unidades a caballo. Sus tropas son lo suficientemente fuertes como para llevarle hasta el norte del río Támesis, al territorio de Cassivellaunus, el jefe tribal elegido para aunar y dirigir las fuerzas celtas en batalla. El ejército de Julio César capturó fácilmente la primitiva fortaleza del líder celta, y se marchó de allí con una gran manada de ganado. Cassivellaunus al verse derrotado, fue retrocediendo hasta esconderse en un castro, al cual llegaron los romanos y Cassivellaunus para salvar el cuello negoció y acordó un tributo a los romanos, además de no volver a entrar en guerra con ellos. César aceptó los términos y este y Cassivellaunus se hicieron amigos. 

Tuvo que transcurrir casi un siglo, más concretamente 97 años, antes de que los romanos volvieran a molestar a los celtas.

Tras las campañas de César en Germania y Gran Bretaña, este considera que la Galia está segura, pero en el año 52 a.C. cae en la cuenta de su error. Los celtas encontraron un líder inspirador en Vercingetorix, un joven caudillo rebelde de los Averni. Sus primeros éxitos contra las tropas romanas son en ausencia de Julio César, que ha estado hibernando al sur de los Alpes. Hasta que un día, cuando César está sitiando la ciudad de Gergovia, Vercingetorix lanzó un ataque y derrotó a las fuerzas romanas, acabando con más de 700 soldados. Esta derrota probablemente se debiera al ansia de conquista de Julio César, ya que dividió en dos su ejército para terminar antes la guerra contra la Galia. Este fue el detonante de la derrota de César, que sería la primera en todos sus años en la Galia. Al conocerse la noticia, muchos jefes tribales mandaron sus tropas para apoyar a los rebeldes victoriosos.

Cultura celta

El siguiente asedio en la campaña invierte la situación. Vercingetorix tiene la fortaleza de Alesia. César y sus tropas, que intentan bloquear la guarnición, son amenazados por un gran ejército de galos. Pero cuando los romanos ganan la primera gran batalla entre ambos bandos, los galos se vienen abajo. Para salvar más vidas, Vercingetorix sale de la ciudad y se rinde, en un dramático gesto de caballerosidad celta.

Se le mantiene en cautiverio durante seis años, hasta que César encuentra el momento adecuado para pasearlo por las calles de Roma en un desfile triunfal.

Gran Bretaña Celta: Siglo I a.C. – Siglo I d.C.

Los reyes celtas del sur de Gran Bretaña aprovecharon los años posteriores a las incursiones de César y prosperaron. El hecho de que simplemente exigieran un tributo y no conquistaran la isla, los convence de que el Canal es una defensa segura. El extremo natural del imperio romano es la costa de la Galia.

Hasta la Galia era difícil de mantener para los romanos ya que incluso después de la conquista de esta por parte de Julio César, hubo varios levantamientos de los caciques locales. Estos fueron alentados por los caciques celtas de Britania, sus parientes y aliados naturales, al menos contra el Imperio Romano. Sin embargo, el creciente contacto con la civilización romana les trajo al mismo tiempo riqueza y sofisticación a tierras británicas.

Los celtas de Bretaña se beneficiaron, a través del comercio, de la proximidad de la Galia romana. Es un patrón muy común de comercio internacional el que las materias primas se muevan hacia adentro desde las fronteras de una región, a cambio de productos manufacturados enviados desde el centro. Al otro lado del Canal de la Mancha, desde Gran Bretaña, envían oro, plata, hierro,  grano, lana, pieles y ganado. De vuelta a Britania envía cristal, joyas y otros lujos.

Los gobernantes de las tribus celtas de Britania se vuelven, durante este período, más prósperos y más poderosos – pero, en la mayoría de los casos, no más amigables con Roma. La tendencia se personifica en un cacique considerado por los romanos, durante el reinado de Augusto, como el rey de Bretaña. Los romanos lo llaman Cunobelinus; su nombre celta es Cunobelin. Hay indicios para pensar que era el nieto o bisnieto de Cassivellaunus, el mismo que más arriba se enfrentó a la invasión de Julio César. En un reinado de unos treinta y cinco años, Cunobelin evita de forma astuta y premeditada provocar a los romanos, pero sin ofrecerles ninguna concesión. Desde Roma pensaron que podía llegar a ser un gran peligro y la conquista de su gran isla se veía cada vez más necesaria.

El evento que finalmente precipita la invasión es la muerte de Cunobelin poco después del 40 d.C. Uno de sus hijos, Aminio, conocido por ser pro-romano, ha sido recientemente exiliado por la facción anti-Romana más fuerte en la corte de Cunobelin. Aminio va a Roma en busca de ayuda, durante el reinado del emperador Calígula. Cuando Cimbelino muere, otros dos hijos, conocidos por ser anti-Romanos, heredan su poder. Ellos son Caractacus y Togodumnus.

Cuando los romanos están listos para invadir, en el año 43 d.C., Claudio ha sido elegido recientemente como emperador. Su reputación no es de alguien fuerte, sino débil, por lo que necesita un éxito que cambie las tornas urgentemente, es por ello que la campaña contra Gran Bretaña le genera un interés personal.

La conquista romana de Gran Bretaña: 43-51 D.C.

Cuatro legiones romanas desembarcaron en Kent en el año 43 d.C. Los dos hijos de Cunobelin intentan retenerlos en el Medway pero son derrotados, un enfrentamiento en el que Togodumnus muere, dejando a su hermano Caractacus al mando de las fuerzas británicas. Los británicos se retiran entonces más allá del Támesis. Unas semanas más tarde el emperador Claudio llega a la orilla sur del Támesis, en la región de lo que hoy es conocido como Londres, con tropas frescas e incluso algunos elefantes. Está aquí para liderar el avance sobre la capital de Caracaco en Colchester. No encuentran más oposición que unas pocas tropas celtas, sin corazas ni cascos. No son rival para una legión romana, que avanza como un tanque humano. El emperador entra en Colchester triunfante, animado por su ejército. Más tarde se erigiría aquí un templo en honor Claudio.

Después de la rápida derrota de Caractacus, cacique de los Belgae en el sureste de Gran Bretaña, algunas tribus celtas se reconcilian rápidamente con los romanos. Algunos como los Iceni en East Anglia, ya tienen relaciones amistosas con los romanos, prefiriéndolos incluso a los Belgae. Roma deja a estos caciques en el poder, sirviendoles como aliados. El resultado fue que en tan solo cuatro años, todo el sur de Gran Bretaña estaba bajo el control romano. En el año 47 d.C. las tropas romanas construyeron una larga vía conocida como el Camino de Fosse, que se extendió desde Lincoln hasta el sur de Devon.

Pero más allá del Camino de Fosse había un gran problema para los romanos, Caractacus. Este había escapado vivo de sus derrotas y se encontraba de nuevo organizando la resistencia entre las tribus galesas. Poco después, en el año 51 d.C., Caractacus es capturado y llevado a Roma para exhibirlo en otro desfile, como ya hiciera previamente su predecesor Julio César con Vercingetorix.

Las campañas de Agrícola: AD 77-84

Se ha avanzado poco en la pacificación de Gales hasta la llegada a Gran Bretaña de Agricola. Es uno de los comandantes romanos de los que más conocimiento tenemos hoy día. Esto se debe a que su yerno, Tácito, era historiador. El nombramiento de Agrícola como gobernador de Gran Bretaña y el matrimonio de su hija con este ocurren en el mismo año, más concretamente en el 77 d.C.

Agrícola rápidamente logra conquistar las tribus galesas, incluso en Anglesey. Para consolidar sus logros asienta a la 20ª legión en un campamento en el río Dee. Castra Devana (‘campamento en el Dee’) se convierte en uno de los más importantes bastiones romanos de Gran Bretaña. Su nombre moderno, derivado de «Castra», es Chester.

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En los años 78 y 79 d.C. Agrícola somete el norte de Inglaterra al control romano. En el 80 establece una línea de puestos defensivos a través del punto más estrecho de Escocia, entre el río Clyde y el río Forth. En los tres años siguientes, se adentra cada vez más al norte en las tierras salvajes de Caledonia (la palabra romana para llamar a Escocia, escogida por el nombre de su tribu principal). Finalmente, en el año 83 d.C., consigue una importante victoria sobre los Caledonios en un lugar no identificado llamado Mons Graupius , probablemente casi tan al norte como Aberdeen.

Mientras tanto, Agrícola también ha gobernado muy eficazmente el resto de Gran Bretaña, por lo que se puede decir que fueron 7 años de grandes logros en tierras británicas y los cierto es que fue una suerte que hubiera un historiador en su familia para registrar los hechos. Tácito explica que su suegro tiene que lidiar en Gran Bretaña con gente «que viven aislados y en la ignorancia» y que por lo tanto son «propensos a la lucha». Como distracción, Agrícola conduce a los celtas a la trampa del lujo romano. Sin embargo, los baños y los suntuosos banquetes, admite el historiador con franqueza, que no son más que otra de las pruebas de la sumisión de Gran Bretaña al Imperio Romano.

En la misma línea, Tácito revela que Agrícola sueña con conquistar Irlanda y cree que podría ser conquistada por una sola legión. Esto se debe a que Agrícola pensó que sería «más fácil mantener a Gran Bretaña si estuviera completamente rodeada por ejércitos romanos». Sin embargo, esto nunca sucedería, ya que lo que hoy conocemos como Irlanda permaneció siempre libre de los romanos.

Britania: Siglos II – IV d.C.

La Muralla de Adriano, establecida desde el siglo II d.C. como la frontera del dominio romano en las Islas Británicas, permite a Inglaterra y Gales establecerse juntas como Britania, la provincia romana más septentrional.

En general, los caciques celtas de Britania adoptaron de buena gana las costumbres y comodidades romanas. Aprenden a vivir en villas, hablan latín, se benefician de los vínculos comerciales con el imperio (el trigo y la lana británicos son muy demandados), y se convierten en ciudadanos romanos. Los pueblos tribales se convierten en prósperas ciudades romanas.

Como era de esperar, la Britania romana, nunca alcanzó la prosperidad o la sofisticación de la Galia. Y además, contaba con la desventaja de estar aislada de Roma en el momento que la Galia estuviera controlada por ejércitos romanos rebeldes, o bien por bárbaros invasores. Aún así, Britania tiene mucho en común con otras provincias del imperio. Tiene de igual forma grandes villas, y es significativo que una de las más grandes, un palacio en Fishbourne con magníficos pisos de mosaico, fuera descubierto allí en 1960. se cree que no perteneció a un gobernador romano sino a un cacique celta. Probablemente fue el cuartel general de Cogidubnus, gobernante de una tribu del sur de Inglaterra a finales del siglo I d.C.

Retirada de los celtas: Siglos V – VI d.C.

La amenaza al imperio romano por parte de las tribus germánicas, en el siglo V, deja a los celtas romanizados peligrosamente expuestos a una inminente invasión bárbara. La Galia estaba invadida por visigodos, borgoñones y francos. En Britania, tras la retirada de las legiones romanas, los caciques celtas se enfrentaron a muchas invasiones a lo largo de la costa este y sur por parte de sajones y anglos

Inevitablemente, las tribus celtas son empujadas hacia el oeste de Inglaterra, sobreviviendo sólo en el extremo occidental de Cornualles y en Gales. La misma presión hacia el oeste en la Galia confina la cultura celta a la punta noroeste de la región, más conocida como Bretaña. Esta zona también se convierte en un refugio en el siglo VI para los celtas que emigran del suroeste de Inglaterra para escapar del avance de los sajones. De esto deriva el fuerte vínculo cultural entre los córnicos y los bretones.

La vida cotidiana de los celtas

Estructura de los poblados

Los jefes tribales o caciques, así como los mercados y los artesanos se situaban en las zonas altas fortificadas de los poblados celtas. Estas estructuras no eran muy grandes, tenían forma circular y eran bastante sencillas y sobrias. Este tipo de fortificaciones se denominaban “castros”. En España, más concretamente en comunidades como Galicia o Asturias tenemos ejemplos maravillosos de este tipo de fortificaciones celtas. 

Su principal fuente económica era la ganadería y la agricultura. Y estas se situaban fuera de los castros, es decir, alrededor de estos, de forma que no tenían protección alguna. 

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Las mujeres

Las mujeres en la cultura celta eran grandes y habilidosas guerreras, incluso se sabe que llegaron a ser jefas tribales y gobernar pueblos. Otro apunte interesante es que cuando estas se casaban también tenían derecho sobre los bienes que tenían en común con sus maridos. 

El comercio

Como hemos comentado previamente, el comercio con Roma hizo evolucionar a los pueblos celtas de manera abrumadora. Los caciques de las tribus celtas enviaban materias primas a Roma y recibían objetos manufacturados y de alto valor. Para mantener el poder y la lealtad de sus aliados, parte de estos objetos les eran repartidos por los jefes tribales. Luego podemos afirmar que estos supieron aprovechar el comercio y lo usaron para asentarse en el poder y mantener a sus seguidores. 

La guerra

Para los jefes de las tribus no había nada peor que caer derrotados en batalla, ya que esto era considerado como una humillación y un fallo imperdonable. Esto se debe a que la valentía era una virtud fundamental y necesaria en un cacique tribal.

Los celtas eran grandes guerreros y aunque no poseían ningún tipo de disciplina u orden militar, eran guerreros muy agresivos y expertos en el manejo del caballo.

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Vestimenta

Las mujeres celtas vestían con largas túnicas y solían llevar también un manto que cubría sus cuerpos. De igual forma solían llevar faldas. Los hombres celtas solían vestir prendas de lana con cuadros o rayas. Además, solían llevar mantos que según su status social podían ser más largos o más cortos, de más a menos importante.

Ambos, mujeres y hombres, usaban adornos u ornamentos de metal.

Las lenguas celtas

La contribución de la lengua celta a la cultura europea ha sido de gran importancia. No es que los pueblos megalíticos de la Europa primitiva no tuvieran sus propios idiomas bien desarrollados (eso se evidencia en el caso del finlandés, el húngaro, el vasco y el etrusco). Tampoco eran deficientes los primeros idiomas indoeuropeos. Pero no hay duda de que el idioma de los celtas fue tomado en una etapa temprana en sus esferas de influencia. Presumiblemente el comercio, los viajes y la comunicación con los colonos hicieron que el uso de una lengua común fuera una solución más que lógica.

El celta es una lengua de la familia de las lenguas indoeuropeas, además de ser probablemente una de las primeras. Es en los siglos posteriores al 1000 a.C. cuando el celta se extendió desde lo que hoy sería Escocia hasta Turquía o de Iberia, hoy conocida como España hasta Suiza. Las conquistas romanas relatadas anteriormente, en particular las de después del 100 a.C., eliminaron la lengua celta con bastante eficacia de zonas como España, Portugal, Francia o Inglaterra. Lo poco que sobrevivió a la ocupación romana se perdió en la Edad Media bajo la influencia de los inmigrantes bárbaros del Norte y el Este. Las únicas áreas de Europa Occidental que escaparon de la influencia romana y bárbara en gran medida fueron Irlanda, Escocia, Gales y la Bretaña francesa, donde todavía sobreviven algunas formas de lengua celta.

En cuanto a la cuestión del idioma de las zonas en cuestión, se cree que el gaélico irlandés es la versión más antigua del celta. Podría muy bien haber evolucionado a partir de una lengua común hablada a lo largo de las franjas atlánticas de Europa Occidental en el Neolítico y la Edad de Bronce. Las dos ramas de la lengua celta son el céltico Q – la forma más antigua ahora nativa de Irlanda y también hablada en Escocia, así como recientemente en la Isla de Man, y el céltico P hablado en Gales, Bretaña, Cornualles (hasta tiempos recientes), Galia, Inglaterra, Escocia hasta la época romana.

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Durante y después de la decadencia del Imperio Romano, los colonos de habla Q  del noreste de Irlanda obtuvieron el control de la mayor parte de Escocia y suplantaron al céltico P con su propia lengua gaélica. Gales preservó su autonomía lingüística, el céltico P, frente a la presión romana, normanda, anglosajona e irlandesa. Inglaterra puede haber conservado su habla P hasta cierto punto durante el período romano y se cree que la lengua revivió un tiempo después de la salida de los romanos. Sin embargo, la continua exposición a las influencias anglosajonas acabó con la pérdida de casi toda la herencia del céltico P, excepto en algunos lugares.

Bretaña pudo conservar algún habla P bajo el dominio romano debido a su posición geográfica, y se dice que el idioma recibió un impulso en la Edad Media con la inmigración de refugiados del suroeste de Inglaterra y el sur de Gales. Cornwall conservó algo del habla P hasta el siglo XIX. Los celtas Q también se quedaron en la Isla de Man hasta los tiempos modernos. La migración de los guerreros irlandeses a países como Francia, España y Austria desde el siglo XVI llevó a la supervivencia de focos del céltico Q en rincones de Europa. De manera similar, el céltico P hablado por colonos galeses del siglo XIX dejó algunas huellas en la Patagonia. También en pequeñas zonas de Australia y Nueva Zelanda, el céltico Q escocés sobrevivió por un breve espacio de tiempo.

La religión en la cultura celta

La apreciación de Julio César de que en general los celtas adoraban a los mismos dioses que los romanos, pero con diferentes nombres, parecer ser bastante simple e incluso excesiva. Sin embargo, hay algo de verdad en ello. Los conceptos religiosos romanos se remontan a un tiempo muy lejano y es cierto que tienen un punto en común con los orígenes de la religión celta. La gente en el mundo antiguo sentía la necesidad de atribuir ciertos aspectos de la vida diaria a algún dios. En Roma, al igual que en otros lugares como Grecia o Egipto, había varios dioses que controlaban aspectos tan importantes de la vida como la tierra, el agua, el fuego, el viento, la fertilidad, etc.

Cruz celta

Es cuando tratamos de hallar las que podrían ser las características únicas de la religión celta cuando podemos encontrarnos con dificultades. Mientras que parte de la religión Celta habría sido única en la tierra natal del Alto Danubio, a medida que la influencia Celta se extendió, los propios Celtas tomaron suyas también algunas ideas y prácticas de los pueblos con los que entraron en contacto en dicha expansión. La mayoría de los relatos de la religión celta se refieren a las zonas con las que entraron en contacto – Iberia, Galia, Gran Bretaña, etc. Cuántos de estos elementos eran de origen «celta» y cuántos eran de los pueblos nativos sería difícil de determinar. Esto junto al hecho de que los celtas no dejaran nada escrito sobre esto, dificulta más si cabe la investigación por parte de los expertos. 

Como ya sucediera en Babilonia, en Egipto y en la Europa cristiana medieval, la educación en el mundo celta estaba bajo el amparo del sistema religioso, en este caso concreto del druidismo, a diferencia de la Grecia y Roma Clásicas donde la educación era secular en su organización. Fue así como el estudio de los asuntos «religiosos» se mezcló con las ciencias, la astronomía, el derecho, la medicina, etc. Pero ya hablaremos de esto más adelante. 

La religión celta no parece estar tan estrechamente asociada a los edificios religiosos como otras creencias, sino más bien a simples santuarios rurales encontrados en fuentes de agua, arboledas, rocas y otros elementos naturales. Sin embargo, en esto no se habría diferenciado mucho de la religión del período neolítico de los primeros agricultores de la costa occidental. Son las grandes culturas urbanas como la griega o la romana las que construirían los grandes templos que hoy todos conocemos. Sin embargo, varios escritores mencionaron la existencia de santuarios rurales en lugar de templos en la cultura minoica, más concretamente en la isla de Creta.

Los celtas celebraban importantes ceremonias en puntos clave del año agrícola. Estas incluían Imbolc (1 de febrero), Beltaine (1 de mayo), Lughnasad (1 de agosto), Samhain (31 de octubre). Estas, sin embargo, estarían en línea con ceremonias similares basadas en las primeras estructuras megalíticas. También heredaron las tradiciones de sus antepasados megalíticos en su fascinación por la luna y la relación de sus movimientos con los del sol.

Para los celtas la cabeza era sagrada. Esta característica aparece a menudo en el arte celta, ya que, como mencionamos anteriormente, era común que los guerreros coleccionaran cabezas de importantes enemigos. Cabe resaltar que otras culturas en todo el mundo también lo han hecho hasta relativamente poco. El número 3 también era sagrado. Se daba gran importancia a distintos sitios relacionados con el agua como pantanos, lagos, ríos, manantiales, y también a árboles y plantas. Los animales también eran sagrados – como los ciervos, los toros, etc. Lo que esto nos dice es que estamos ante una cultura que aún no se había «urbanizado» y donde la admiración por la naturaleza de los primeros agricultores, todavía estaba presente.

escultura celta

También parece haber sido una práctica común el depositar armas de alta calidad y otros trabajos en metal en agujeros excavados en la tierra y en fuentes de agua como ofrendas a los dioses. Esta parece ser la única razón lógica para los hallazgos que siguen apareciendo. Tales artículos parecen haber sido ritualmente rotos – «asesinados» – antes de la deposición. En América Central, los Mayas por ejemplo, también depositaban tales objetos en pozos sagrados, más conocidos como cenotes. Cerca de las primeras iglesias cristianas en las Islas Británicas, principalmente en Irlanda, se han encontrado de igual manera depósitos de objetos de valor. Se puede pensar, y es bastante lógico, que hicieran esto era para ocultarlas de los vikingos, pero el hecho de se dejaran tantos objetos sin haberlos reclamado o buscado a posteriori, podría dar lugar a la pregunta de si esto eran o no ofrendas realizadas a los dioses.

A partir del interés celta en la astronomía surgió un complejo calendario de trabajo. Había una cadena continua de conocimientos compartidos desde los primeros agricultores hasta los celtas, pasando por Egipto, Mesopotamia, etc. Los druidas fueron los herederos de todos estos conocimientos. Una parte de la religión celta podría definirse como la preocupación por el «lado oscuro», donde la noche precedía al día. El «Otro Mundo» era muy real para ellos, tanto es así, que se emitían pagarés para ser cobrados en el “siguiente mundo”. Para los celtas, al morir el cuerpo físico, el alma pasaba a otro cuerpo.

El sacrificio jugaba un papel importante en los ritos religiosos. Todas las actividades importantes eran precedidas por ceremonias y sacrificios. En esto los celtas, griegos, romanos, etruscos o babilonios eran muy parecidos. Julio César comentó que los celtas eran particularmente supersticiosos. Pero realmente no sabemos con certeza cuán supersticiosos eran, ya que César no lo era en absoluto, como bien demostró con su desprecio por los «Idus de Marzo», momento en el que fue asesinado “brutalmente”.

Los dioses y diosas de los celtas, como decíamos al principio son difícilmente identificables ya que Julio César, por el cual tenemos conocimiento hoy día de muchos de los aspectos de la vida de los celtas, hablaba de sus dioses con los nombres romanos y no con los verdaderos nombres célticos. Los dioses celtas que son retratados por los escritores, al igual que los griegos, parecen ser de la categoría de «dios héroe» viviendo una vida similar a la de los humanos. Algunos, como los Dagda, Danu, Brigid, son de origen más antiguo que los propios celtas, datan de las culturas neolíticas y de la Edad de Bronce de Europa Occidental, y aparecen en la mitología irlandesa que ha sobrevivido hasta nuestros días.

El sistema druida

Además de guerreros temibles, los celtas centroeuropeos poseían una élite religiosa e intelectual a los que denominaban druidas. Julio César da buena cuenta de su papel en la sociedad celta y de sus funciones. Cuando pensamos en los druidas, probablemente nos vengan a la cabeza imágenes de sacerdotes barbudos vestidos de blanco recogiendo muérdago y otras yerbas sagradas para preparar pociones mágicas. O puede que también pensemos en los pseudo-druidas que en la actualidad celebran ceremonias y rituales en Stonehenge y otros sitios megalíticos que existían milenios antes de que los celtas entraran en la escena europea.

druidas

El nivel de educación celta, ya que esta se impartía a través del sistema druida, era muy alto. Se estudiaban áreas como la ciencia, la geografía, las matemáticas, la medicina, la astronomía, la religión, la filosofía y el derecho. El curso completo de formación para los druidas podría durar hasta 20 años. Algo bastante similar a lo que ocurre en nuestra sociedad, ya que aunque nos pueda parecer mucho, en el sistema educativo actual comenzamos nuestra formación a la edad de 3 años y terminamos los estudios universitarios a los 22 o 23. Sabemos lo que duraba su formación, pero no hay ninguna indicación de que todos los estudiantes del sistema Druida terminaran el curso una vez empezado. Muchos no entienden el hecho de que el sistema de educación celta se llevara a cabo completamente de forma oral, confiando así en la recitación y en la memoria para que perdurara. Pero debemos recordar que hace relativamente poco en nuestro país se impartían las clases de manera similar, como por ejemplo, en colegios de monjas.

JulioCésar, que provenía de una sociedad en la que la educación se basaba en libros, pensó que el sistema era bastante bueno, ya que hacía que ejercitaran la memoria de una manera que el estudio mediante los libros nunca podría conseguir. Los celtas también tenían la ventaja de mantener el conocimiento avanzado fuera de las manos de aquellos que no habían sido preparados para gestionarlo.

El mismo sistema oral fue usado por los griegos en tiempos de la Grecia clásica. Prueba de ello es en el formato de «diálogo» de los escritos de Platón, Aristóteles y otros. Los celtas podían escribir y escribieron, usando la escritura griega y romana, pero tal escritura no estaba enfocada a la educación, sino a fines comerciales. 

El sistema druida era muy temido y recibió grandes críticas de los romanos, más concretamente, de aquellos que pudieron experimentar y ver su gran poder e influencia sobre los pueblos celtas. Es significativo que cuando los romanos llevaron a cabo la ocupación de Gran Bretaña, un objetivo importante fue la destrucción de la sede de los druidas en Anglesey

Hay mucho debate sobre el alcance del sacrificio humano en el sistema druida y es bastante significativo que algunos entierros en Dinamarca, Inglaterra, etc. hayan sido interpretados como ofrendas por expertos en la materia. Más de una vez los escritores romanos se refirieron a altares «empapados de sangre» en arboledas sagradas. Claro está que los romanos no tenían autoridad moral para criticar a los druidas, ya que lo que escribieron podría hacer referencia perfectamente a los sacrificios animales que llevaban ellos mismos a cabo o los ríos de sangre derramados en el Coliseo de Roma. 

magia celta

El papel de los hombres formados y entrenados por los druidas era principalmente el de proporcionar servicios de apoyo a los líderes tribales gobernantes en asuntos de ley, diplomacia, finanzas y sobre todo en la religión. Esto indica un claro paralelismo con el papel de la Iglesia Cristiana en la Europa de la Edad Media, donde la Iglesia controlaba la educación y formación de los distintos reyes y gobernantes al igual que en el sistema druida. El sistema monástico en su mejor momento también tiene paralelos con el de los druidas. Es posible que el sistema monástico evolucionara a partir de los centros druidas de religión y aprendizaje. Tal vez Irlanda jugó un papel clave aquí ya que preservó el sistema druida durante el período del Imperio Romano y al adoptar el cristianismo llevó el sistema de vuelta a Europa. 

Cuando Julio César comentó que el sistema druídico tenía sus raíces en «Bretaña», bien podría haber sido Irlanda a la que se refirió. En cualquier caso, la destrucción del centro druida en Anglesey terminó con la migración de los druidas británicos a Irlanda, donde el sistema pudo prosperar durante los siglos venideros de dominio romano. En aquellas áreas occidentales de Gran Bretaña e Irlanda fue posible que la antigua religión megalítica sobreviviera a través del Neolítico y la Edad de Bronce hasta la Edad de Hierro debido a su aislamiento del resto de Europa. Así, el sistema druida al que César se refiere como de origen «británico» habría sido un sistema  evolucionado con raíces en una fe mucho más antigua

El arte y la cultura celta

El arte de los celtas es muy fácil de identificar ya que se asocia generalmente con el arte ornamental que se compone de patrones repetitivos, espirales, nudos y formas animales

Dibujo celta

Hacia el año 800 a.C. el arte celta era evidente en gran parte de Europa. Este estilo continental de arte celta, aunque menos sofisticado que los estilos posteriores, llegó a surgir durante la Edad de Hierro. Sus diseños muestran en numerosos casos una simetría axial. A menudo, los objetos funcionales como hebillas de cinturón o recipientes para el vino fueron los primeros trabajos decorativos de estilo celta. Esta era artística, que se conocería como el período Hallstatt, fue testigo del tallado de joyas, cuentas, estatuas e incluso vajillas.

A medida que las tradiciones del arte celta continuaron, su estilo se asoció con la gente de la cultura de La Tène. Aunque la cultura de La Tène se desarrolló desde los primeros pueblos de la Edad de Hierro en la región, muestra una marcada influencia mediterránea. Las tradiciones celtas se extendieron cada vez más en zonas como las Islas Británicas hacia el año 500 a.C. y se expandieron de igual forma hasta el Mar Negro. El arte se hizo cada vez más sofisticado y añadió características procedentes del arte de los pueblos del Mediterráneo, como el griego o el romano por ejemplo. La metalurgia continuó empleando diseños celtas y fue añadiendo cada vez una simbología más potente a sus piezas. También, el uso de esmalte rojo comenzó a aparecer en varios artículos como amuletos o jarrones.

Sin embargo, el arte celta de Irlanda es particularmente notable, ya que, como el sistema druida, permaneció relativamente intacto durante el Imperio Romano. Su práctica del arte de estilo La Tène evolucionó para incorporar también influencias escandinavas. La platería intrincada y simbólica era una forma popular de arte en las Islas Británicas. Algunos famosos tesoros de arte celta de esta zona incluyen el Cáliz de Ardagh y el Broche de Tara. También, ciertas regiones y su gente, como los Picts, añadieron su propio sello particular a las tradiciones del arte celta. Con el paso del tiempo en las Islas Británicas, el trabajo de filigrana desarrolló una gran sofisticación y la iluminación de textos se volvió un arte como podemos observar en los famosos Evangelios de Lindisfarne.

escritura celta

El arte celta se fusionó a menudo con nuevas influencias como el cristianismo, como lo demuestran las cruces celtas extremadamente decorativas como la High Cross de Muiredach del siglo X. A medida que se creaban más monasterios irlandeses, crecía la necesidad de más objetos decorativos. Por esta razón, el arte celta se asocia frecuentemente con Irlanda y otros lugares de las Islas Británicas, aunque su rica historia también abarca grandes extensiones de la Europa continental. Sin embargo, independientemente de dónde se encuentre este arte, siempre tiende a emplear rasgos similares como el ornamento animal, las formas geométricas, los patrones de llaves y los diseños de bucles entrelazados, que son inconfundiblemente celtas.

Cultura celta en España

Los celtas se dirigieron hacia el oeste de la península a través de los Pirineos para ocupar la costa norte de la península, y hacia el sur más allá de las cuencas del Ebro y del Duero hasta el valle del Tajo. Se desconoce por qué los celtas no continuaron bajando por la costa mediterránea, pero probablemente la fuerte presencia ibérica en estos territorios fue un factor clave y disuasorio.

Lo que sucedió a lo largo de las fronteras comunes de estos dos pueblos es una conjetura. Algunos expertos creen que varias de las tribus celtas e ibéricas de la península se mezclaron y formaron una cultura distinta, los celtíberos, localizados en las cercanías del Ebro Medio, la cuenca del Duero y la Meseta oriental hasta el alto Tajo. 

mapa antiguo

Otros, sin embargo, argumentan que la identidad tribal de estas culturas era tan fuerte que se habrían mantenido separadas. Los romanos simplemente los identificaron a todos como celtíberos, y el nombre se ha utilizado desde entonces como una forma de describir la confusa mezcla de grupos tribales que habitaban en nuestro país.

Dos asentamientos que han sido identificados como celtíberos por los partidarios de una cultura fusionada son el Cabezo de Alcalá (cerca del pueblo de Azaila, Aragón), y el Castro de la Coronilla (cerca de Molina de Aragón, Aragón).

territorio céltico

Como mencionamos anteriormente y según las fuentes romanas, los celtas eran un pueblo guerrero, ferozmente independiente y valiente en la batalla, aunque algo falto de disciplina. Pero a pesar de la gran rivalidad con ellos, no fueron un más que un puñado de hombres para las altamente letales y entrenadas legiones romanas

En la guerra, usaban tácticas de guerrilla, moviéndose rápidamente a caballo o adoptando acciones de golpe y huida según el terreno. Para facilitar la velocidad, llevaban pequeños escudos redondos y se armaban con espadas cortas de doble filo, arcos y flechas, hachas de doble hoja y jabalinas. Los que morían en la batalla eran dejados en el campo como alimento para los buitres y otras aves carroñeras que, según se creía, transportaban sus almas al cielo.

La tradición celta, incluso hoy en día, está llena de magia y misterio, con un fuerte vínculo con la naturaleza. Como otras tribus celtas europeas, las de España veneraban al sol y a la luna, y daban gran importancia a los bosques, ríos, pozos y montañas.

El roble era particularmente venerado (todavía una característica común en la mayoría de las sociedades celtas), y la adoración se llevaba a cabo en sitios naturales o claros en lugar de templos.  En Galicia, muchos todavía creen en el poder de las brujas y los druidas, en la transmigración de las almas y en los animales con poderes especiales. Practican rituales similares a los que se realizan en diferentes partes de las Islas Británicas y la Bretaña francesa.

arte celta

Los celtas eran pastores por naturaleza. El geógrafo e historiador griego Estrabón (64 a.C. – 23 d.C.), los describe como comedores de carne de cabra y jamón, y mantequilla en lugar de aceite de oliva. En gran medida, dejando de lado estos detalles, no dejaron muchas huellas de su presencia en la península, especialmente en el interior, aunque los sitios originales donde se levantaron algunos asentamientos celtas pueden ser identificados sufijo -briga. Como por ejemplo las famosas ruinas de Segobriga en Cuenca o Flaviobriga en Castro Urdiales.

Lo que queda se encuentra principalmente en el noroeste de la península, especialmente en Galicia y Asturias. Aquí las excavaciones arqueológicas y la reconstrucción muestran que los celtas construyeron sus aldeas en las colinas para tener una defensa estratégica, y que las casas eran circulares con paredes bajas de piedra y techos cónicos de paja y escoba; probablemente no había ventanas.  Los edificios -distribuidos de forma algo desordenada- albergaban tanto a los miembros de la familia como a los animales. Estos son rasgos comunes del estilo celta en otras tierras celtas: Escocia, Irlanda, Gales, Cornualles o Bretaña, por ejemplo.

Los peregrinos que viajan a Santiago de Compostela para hacer el Camino de Santiago, pueden hacerse una buena idea de lo que era un pueblo celta cuando se detienen en la aldea de Pedrafita do Cebreiro. Existe una especie de mágico regreso en el tiempo en este paso de la cima del monte Cebreiro, donde un puñado de viviendas celtas restauradas, llamadas pallozas, evocan un tiempo muy muy lejano, especialmente cuando llegan la niebla y las lluvias.

estructura celta

Realmente poco queda del plano artístico de los celtas. La cerámica de barro simple estuvo muy extendida y sabemos que practicaban la metalurgia. De hecho, probablemente introdujeron la metalurgia en el norte más o menos al mismo tiempo que los fenicios la extendieron en el sur (es decir, en el siglo VIII).

En el centro de la península, en las proximidades de Ávila, hay una serie de figuras de animales pesados de granito llamados toros de Guisando, generalmente atribuidos a los celtas (aunque también hay quien afirma que su origen es íbero). 

Un ejemplo menos conocido puede verse también más al oeste en Ciudad Rodrigo, antes conocida como Miróbriga. Sin embargo, las formas de estos animales son tan amorfas que también se han considerado como cerdos, una identificación que no estaría de más, dado que el cerdo era una carne preferida por los celtas y la manteca de cerdo era muy utilizada en su dieta.

La España celta se reduce ahora casi exclusivamente a Galicia. Puede sorprender a los visitantes que muchos gallegos sean de piel clara, que el campo sea tan verde, lleno de niebla y grandes colinas y les recuerde a zonas como Irlanda o Escocia. La confusión puede ser todavía mayor si escuchan el sonido de las gaitas, el instrumento nativo de Galicia.  También pueden tener la suerte de estar presentes al atardecer cuando se prepare una genuina queimada, una tradicional bebida ardiente usada para calentarse y evitar así las bajas temperaturas invernales. Acompañado por los lamentos de las gaitas, un brujo o hechicero vestido con pieles y con un casco con cuernos invocará los poderes del cielo y ahuyentará con sus conjuros a las meigas o espíritus malignos mientras remueve y sirve la mágica bebida en llamas. Y es que la primera palabra que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en Galicia es magia.