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Comentario de obras de arte de todo tipo, genero, estilo y época

La creación de Adán en la Capilla Sixtina

La creación
Miguel Angel Buonarroti. 1511. Pintura al freco. 280 x 570. Capilla Sixtina. San Pedro del Vaticano
Foto: Wikimmedia

Esta imagen es uno de los iconos de la historia de la pintura universal. Se trata de la escena central de los frescos de la Capilla Sixtina, concretamente la que representa la creación de la Humanidad a través del episodio tomado del Génesis de la creación del primer hombre: Adán.

Miguel Ángel pintó nueve escenas en esta techumbre, aunque esta de la creación es la principal y la que más a menudo se toma como parte para referirse a la totalidad de la Capilla Sixtina.

La escena, que se sitúa en el centro de la techumbre, representa a Dios como un hombre anciano barbado -sabiduría y experiencia- envuelto en una túnica de color púrpura y rodeado de querubines, mientras con el brazo izquierdo rodea a una figura femenina desnuda, identificada como Eva, y que espera en el reino de los cielos el momento de ser creada por el todopoderoso.

Sixtine's Chapel
Representación de Eva
Foto: Wikimmedia

Con el brazo derecho Dios se dispone a crear al primer hombre, Adán, que surge de los dedos de la mano del creador. La mínima separación de ambas extremidades es el recurso que utilizó Miguel Ángel para representar esa inmediatez y el hecho de que uno surge de la mano del otro.

Para diferenciar ambos personajes se sirve del contexto en el que los representa: a Dios entre nubes y querubines, simbolizando el cielo, y a Adán recostado en un pedazo de tierra.

Las expresiones de ambos personajes representan su posición. Adán con un rostro que expresa asombro y obediencia y el de Dios sereno y autoritario.

La figura de Dios representa un claro movimiento y dinamismo, en un pronunciado escorzo lateral junto a los ángeles que lo soportan y que en un aparente desorden sus rostros, realistas y bastante expresivos, muestran un cierto esfuerzo por sostenerle.

Algunos estudiosos han querido ver en esta escena una representación de distintas partes anatómicas del ser humano, como el corte anatómico del cerebro que se representa en la túnica púrpura que envuelve a Dios y los querubines.

Para otros autores se trataría de una representación relacionada con un alumbramiento humano y el manto rojo representa un útero humano. La bufanda verde que cuelga de él representaría el cordón umbilical.

Más allá de estas teorías y similitudes, lo cierto es que el estudio de la anatomía humana que hizo Miguel Ángel es una demostración de la capacidad del genio Florentino para representar el cuerpo humano de forma y manera que aunque sea visto desde 20 metros más abajo, el resultado sea perfecto.

DOCUMENTAL CAPILLA SIXTINA

El Duque de Lerma de Rubens

Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja
Peter Paul Rubens. 1603. Óleo sobre lienzo. 290 x 207. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Este cuadro de Rubens representa al Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, la persona con mayor influencia en las decisiones políticas del reino dictadas por el rey.

Fue pintado por Rubens en 1603 y traído por el propio artista a España junto a otro retrato del Rey Felipe III, como regalo de parte del Duque de Mantua.

La figura del valido en la corte española hace referencia a la persona de máxima confianza del rey. En este caso cuenta la historia que era tan grande la influencia del Duque de Lerma en Felipe III, que fue este último el que tomó algunas de las decisiones más importantes del reinado de Felipe III, como la expulsión de los moriscos o la firma de la tregua de los doce años con los Países Bajos que dio lugar al periodo de paz en Europa conocido como Pax Hispánica.

Rubens, asombrado por el poder del Duque de Lerma, Don Francisco de Sandoval y Rojas, lo representó a caballo siguiendo el modelo de las representaciones regias tomadas de los retratos ecuestres de los emperadores romanos, como el de Marco Aurelio del Campidoglio.

Representa al Duque a caballo y de frente, a diferencia de los retratos ecuestres como el que pintó Tiziano de Carlos V en Mühlberg, en los que se representaba al personaje de perfil.

Porta en su mano derecha un bastón de mando y está ataviado con una armadura con remates dorados. La figura a caballo parece emerger de la tormenta que hay al fondo, dejando libre el cielo azul que sirve de fondo a la parte principal del cuadro.

El Duque de Lerma contempla fijamente al espectador, que queda empequeñecido por la imponente representación del caballo blanco, cuya resolución y perspectiva demuestran la maestría de Rubens en el dibujo y la perspectiva, especialmente difícil en el escorzo del caballo.

La posición escorzada del caballo obliga a Rubens a “bajar” la línea de horizonte de forma y manera que se pueda ver la escena de una batalla en la parte inferior derecha, a la que parece ser ajeno el Duque de Lerma.

Con esta obra Rubens empieza a ser conocido y considerado en nuestro país, tanto que el Duque intentó -sin éxito- atraerlo a Valladolid, dónde trasladó la corte Felipe III por recomendación del Duque de Lerma.

La historia no ha tenido piedad (probablemente con razón) con el Duque de Lerma, considerado uno de los más vergonzantes casos de corrupción política y aprovechamiento del poder político para enriquecerse de la edad Moderna, manteniendo su influencia hasta el final en el que presiona para ser nombrado cardenal y así librarse de todos los cargos de los que fue denunciado por el siguiente valido de la corte española -la de Felipe IV-, el Conde Duque de Olivares, que sólo consiguió apoderarse de parte de su fortuna y ajusticiar a alguno de los principales colaboradores del Duque.

Majestad Batlló

Majestad Batlló
S. XII. Talla en madera de ciprés. 156 x 120 x 4. MNAC Barcelona
Foto: Wikimmedia

La majestad de Batlló es uno de los iconos del MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) y uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de tallas de época románica.

Fechada en el siglo XII, es una talla de madera policromada cuyo nombre actual se debe a Enric Batlló i Batlló, quién la compró en un mercadillo y la donó a la Diputación de Barcelona a principios del siglo XX.

Sigue la iconografía típica de los cristos románicos en majestad, vestidos con una túnica manicata (larga hasta los pies y con las mangas hasta las muñecas) policromada a base de figuras geométricas en azules rojos y verdes y motivos vegetales de influencia bizantina, que podemos encontrar en vestimentas de origen islámico.

Lo que define la figura de Cristo es la solemnidad, conseguida con la rigidez de su postura y la expresión de su rostro, sereno y tranquilo, “presidido” por esos enormes ojos abiertos los ojos completamente abiertos y almendrados de inspiración oriental -como en las representaciones pictóricas- y sin ningún rastro de dolor o sufrimiento.

Cristo en majestad
Foto: jdiez arna

La representación de los ojos abiertos se interpreta como el triunfo sobre la muerte, porque este Jesucristo está vivo, sin rastro de sangre ni de la corona de espinas.

La cruz también está policromada a base de franjas azules, blancas y rojas. En la parte superior presenta la inscripción: JHS NAZARENUS REX IUDEORUM (Jesús de Nazaret Rey de los Judíos).

Una de las características que más llama la atención es el antinaturalismo de la figura, acentuado por el hieratismo y frontalidad de la figura, que anatómicamente no es proporcionada ni anatómicamente realista.

Por la decoración, el tamaño y la postura de la obra se cree que más que una talla pensada para ser colocada en un altar o capilla se trata de una talla procesional, con una función catequética que intenta transmitir un mensaje para todos: ante el dolor, serenidad.

Video Majestad Batlló

Castillo de Luna en Mairena del Alcor

Mairena's Castle
S.XIV. Restaurado por George Bonsor en 1902. Mairena del Alcor
Foto: jorge3

El Castillo de Luna en Mairena del Alcor no será probablemente una obra destacable artísticamente. Su importancia tiene otras cualidades más allá de las puramente artísticas. Es un documento histórico que da testimonio del trabajo en nuestro país de uno de los arqueólogos que más hizo por la arqueología moderna en España y por la cultura en la comarca de Los Alcores: George Bonsor.

El motivo de incluirlo dentro de nuestras pildoras de arte es que este castillo perteneció a mi familia. George Bonsor, el arqueólogo inglés que restauró el edificio, se casó con mi tía abuela y nuestra familia heredó la propiedad del inmueble.

El departamento de patrimonio de la Junta de Andalucía se lo compró a mi familia en 1985 para restaurarlo y albergar en su interior un museo dedicado a George Bonsor, o tío Jorge, como le recuerdan los más veteranos de mi familia.

El Castillo

Se emplaza sobre un promontorio situado al sur de la localidad, conocido como La Vega.

El conjunto se articula en una parcela de planta cuadrada con cuatro torres en sus esquinas, que delimitaban al interior el patio de armas de la fortaleza. Está rodeado por un foso excavado en el suelo de piedra que dificulta el acceso al recinto, cumpliendo así con su función defensiva.

Sus cuatro torres tienen estructuras similares están construidas en los mismos materiales. Son todas de planta de unos 8 m de lado y con alturas en torno a los 7 metros.  Los muros, de mamposteria, tapial, ladrillo y refuerzos de cantería tienen un espesor aproximado de 2 metros.

Las torres están orientadas a los puntos cardinales:

Torre Norte o torre del Duque: en ella se albergaban las dependencias e la servidumbre, la cocina y el lavadero.

Torre Sur o torre Mocha: se denomina así por encontrarse parcialmente derrudia (desmochada). Fue acondicionada como almacen y aljibe de agua.

Torre Este o torre de la campana: debe su nombre a la campana que se sitúa en la azotea. Es en esta construcción donde tenía George Bonsor sus aposentos personales.

Torre Oeste o torre derruida: Su aspecto ruinoso nos permite apreciar los elementos constructivos originales. Durante la restauración no se destinó uso alguno para este espacio, que Bonsor se limitó a consolidar para evitar su derrumbe tras años del expolio de materiales que sufrió durante siglos.

George Bonsor
Vista aérea del castillo de Luna en Mairena del Alcor
Foto: excitng club

George Bonsor

Fue un conocedor de antigüedades, pintor, arqueólogo , historiador y marchante de arte de origen francés y nacionalidad británica.

Era conocido como Jorge Bonsor por amigos y vecinos de Carmona y Mairena del Alcor, donde vivió en diferentes etapas de su vida.

Fue un precursor de la arqueología moderna en España, además de ser el descubridor de alguno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Andalucía Oriental, como la necrópolis y el anfiteatro de Carmona, los yacimientos de Los Alcores, Setefilla en Lora del Río y participó en las excavaciones de Baelo Claudia en Cádiz.

Escribió varias publicaciones relacionadas con sus descubrimientos y recopiló gran cantidad de materiales procedentes de sus excavaciones y adquisiciones en subastas de arte y mercadillos, que componen el grueso de los objetos expuestos en el museo que alberga actualmente el castillo.

Napoleón visita a los apestados de Jaffa de Gross

Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa
Jean Antoine Gross. 1804. Óleo sobre lienzo. 715 x 523. Musée du Louvre. París
Foto: Wikimmedia

Napoleón con los apestados de Jaffa es, junto a a batalla de Eylan, una de las mejores obras del pintor neoclásico que anticipó el prerromanticismo: Jean Antoine Gross.

La pintura nos muestra al emperador Napoleón entre los apestados, bajo un escenario arquitectónico medieval, que podemos apreciar en los arcos de ojivales de inspiración gótica y los de herradura y los minaretes del fondo, tomados de la arquitectura musulmana.

Al fondo y en lo más alto de una construcción que hay en las montañas del fondo, ondea una bandera francesa como prueba de su dominio sobre la ciudad.

Gross era discípulo de Jacques Louis David, su maestro, de quién aprendió los presupuestos de la pintura neoclásica, que desarrolló en obras como ésta que anticiparon los presupuestos estéticos del romanticismo.

Pinta a Napoleón en el centro y lo representa en el momento de acercarse y tocar el bubón de uno de los enfermos, lo que sin duda es una interpretación atrevida de una escena que nunca sucedió y que le sirvió al pintor para resaltar la figura del emperador, a quién todos quieren ver y tocar, como si de un curador o ser milagroso se tratara.

En el momento de tocar al apestado, su acompañante se tapa la boca simbolizando el asco, el mal olor y el elevado riesgo de contagio de la enfermedad de estos personajes: la peste. Este personaje era el médico jefe del ejército, René-Nicolas Dufriche, más conocido como Desgenettes.

Rodeando a Napoleón y Desgenettes representa la miseria de los pobres enfermos, demacrados y prácticamente desnudos, algunos de ellos atendidos por médicos que visten ropas orientales.

La escena está inspirada en uno de los viajes del emperador durante la campaña de Egipto que tuvo lugar en 1799.

Jaffa fue una ciudad a orillas del Mediterráneo en la que los servicios sanitarios franceses organizaron la asistencia a una gran cantidad de soldados afectados por una epidemia de peste.

La obra es sin duda una pintura encargada por el propio Napoleón como parte de una campaña de autopropaganda que promovió en su acceso al poder absoluto y que el propio pintor pagó con su vida cuando, tras la caída del emperador que le garantizó fama y fortuna, Napoleón, sus obras fueron criticadas por los academicos y terminó suicidándose arrojándose al Sena, donde se ahogó.

Autorretrato de Alberto Durero

Selbstbildnis
Alberto Durero. 1500. Óleo sobre lienzo. 67 x 49 cm. Alte Pinakothek, Múnich
Foto: Wikimmedia

Este autorretrato de Alberto Durero, también conocido como “Autorretrato con pelliza o con traje de piel” es una de las obras maestras del autor en la Alte Pinakothek de Munich y junto al que se conserva en el Museo del Prado, “Autorretrato con guantes”, uno de los mejores autorretratos que hizo el artista a lo largo de su carrera.

Aunque su aspecto denota que es una persona de cierta edad, lo pintó cuando contaba sólo con 27 años, tal y como figura en la inscripción de la parte superior izquierda del cuadro, sobre su anagrama.

El retrato es completamente frontal con una expresión seria y serena que recuerda el esquema iconográfico del Ecce Homo, representandose a sí mismo como si fuera Jesucristo, utilizando incluso un áura dorada, hasta ese momento reservada para las representaciones “sagradas”.

La mirada de Durero es de una profundidad y una nobleza que transmite los valores cristianos de sinceridad y honestidad que forman parte de las enseñanzas y creencias de la religión católica, de la que el pintor era firme creyente.

Su mano derecha acaricia la pelliza mientras mira fijamente al espectador, al que pretende transmitir el mensaje cristiano y la bondad del pintor y del personaje en el que se inspira (Jesucristo).

Destaca la representación del pelo del pintor, una de sus obsesiones y la parte del cuadro a la que le dedicó una mayor atención con un detallismo del que sólo es capaz un artista de la calidad y capacidad técnica de Alberto Durero.

A pesar de la frontalidad de la representación, el hecho de que la luz provenga de la izquierda le confiere cierta asimetría a la obra que el artista pretende contrastar colocando una única mano sobre su pecho.

La oscuridad del fondo da sensación de quietud y silencio, como si estuviera representado en el interior de una iglesia.

El autorretrato es un género pictórico que se desarrolló durante el Renacimiento y que tiene mucho que ver con la actitud de los grandes artistas de reivindicar la nobleza la de actividad a la que se dedicaban, que por su carácter “manual” era peor considerada que otras artes como la retórica, la poesía o la música.

Para Durero el pintor del Renacimiento es un intelectual con profundos conocimientos técnicos de la actividad que realiza, capaz de tratar con reyes y nobles en igualdad de condición y consideración social.

La barca durante la inundación en Port-Marly de Sisley

La barque pendant l'Indonation
Alfred Sisley. 1876. Óleo sobre lienzo. 50 x 61. Musée d’Orsay. París
Foto: wikimmedia

Esta obra forma parte de una serie de seis cuadros que pintó Alfred Sisley durante la inundación por el desbordamiento del rio Sena que tuvo lugar en Port Marly, donde el pintor tenía su residencia, en 1876.

Estas inundaciones supusieron para Sisley una oportunidad de pintar uno de los elementos que más le obsesionaron durante su obra: el agua y como los destellos de luz reflejada en ella influían en los demás elementos representados en la obra.

Alfred Sisley
Foto: arteespana

Sisley fue junto a Monet uno de los impresionistas más puros y que mejor supieron plasmar los matices cromáticos de los distintos momentos de luz de un día y de la influencia de factores meteorológicos como brumas, nieblas o el reflejo de la nieve en una mañana anticiclónica.

Su exclusiva dedicación al paisaje la plasmó en su obsesión por el paisaje fluvial y la influencia de los reflejos del agua, no sólo en los objetos circundantes, sino también en el medio humano de los alrededores.

Esta serie destaca en buena medida porque el ser humano es en parte protagonista de estos paisajes. A menudo se habían representado paisajes de inundaciones, pero nunca hasta ahora se había representado la influencia de estas circunstancias en un medio habitado.

Las dos versiones con la barca delante de la tienda del comerciante de vinos de la Rue de París se conservan en el Musée d’Orsay. Destaca también la versión de la colección Carmen Thyssen Bornemisza, en la que puede verse como la localidad ya casi ha vuelto a la normalidad tras la inundación.

Todas las versiones comparten una composición y diseño de la superficie pictórica similar: a la izquierda del cuadro edificios y a la derecha el campo. Sisley divide el lienzo en dos partes para representar cómo afectaba la inundación al hábitat humano por un lado y al natural por otro.

Sisley en ningún momento añade nada a la composición que incida en tragedias humanas ni catástrofes.

La violencia de estas crecidas nos hacen pensar que las escenas son completamente imaginadas por el artista, ya que no vemos realmente ninguno de los devastadores efectos que tenían estas avenidas en las poblaciones por las que discurría el río Sena en la época. Al contrario, Sisley representó a los hombres sobre la barca, más que en una escena de rescate y salvaguarda de enseres personales, en una escena de esparcimiento y paseo por un lago, con un aspecto que recuerda a los gondoleros venecianos.

Aunque Sisley nunca alcanzó gran renombre en su época y murió en la misma pobreza en la que vivió toda su vida ya que sus cuadros no fueron apreciados hasta casi el momento de su muerte. Afortunadamente el tiempo fue poniendo las cosas en su sitio y hoy es considerado como uno de los mejores y más puros pintores impresionistas de su tiempo.

La avenida de Middelharnis, de Hobbema

Allee von Middelharnis
Meindert Hobbema. 1689. Óleo sobre lienzo. 104 x 141. National Gallery de Londres
Foto: Wikimmedia

Este paisaje de Meindert Hobbema, también conocido como “domingo por la tarde en la avenida middleharnis”, es uno de los paisajes más conocidos del pintor, una de las figuras más importantes del paisajismo barroco en los Paises Bajos.

Hobbema es uno de los representantes del desarrollo del paisaje que tuvo lugar en holanda durante todo el siglo XVII, en el que el artista destaca de sus coetáneos por dotar a sus obras de una serenidad y un lirismo característicos.

Vivía en una pequeña población de la frontera holandesa con Westfalia, en un ambiente rural y campestre que el pintor percibía con una sensibilidad y afán detallista que le permitieron representar la naturaleza con un realismo desconocido hasta ese momento

En sus representaciones es muy sutil, dejando que un mínimo rayo de luz ilumine ciertas zonas y deje en penumbra las adyacentes, lo que en caso de arroyos o corrientes de agua genera unos brillos y destellos que dan una enorme sensación de realismo.

Su interés se centraba especialmente en el paisaje y la representación de la naturaleza. Las personas y animales de sus cuadros a menudo fueron pintados por algunos colaboradores suyos, como Adriaen van de Velde, Jan Lingelbach o Abraham Storck.

Sus paisajes rurales y “salvajes” con todos elementos tan característicos como molinos o casas rurales, recuerda al paisajismo John Constable.

La obra representa la aldea costera de Middelharnis, en el oeste de Holanda. Como en muchos de estos paisajes el elemento más característico es la línea de horizonte, situada a un nivel muy bajo del fondo del cuadro, destacando la horizontalidad del cuadro que permite centrar la atención en la representación del cielo.

En el camino que conduce al pueblo de Middleharnis distinguimos la figura de una muchacha que pasea un perro, hacia donde parecen dirigirse los dos hombres que avanzan por el camino que conduce directamente a la avenida principal.

El camino con los árboles en el borde generan una vereda que marca la perspectiva del cuadro, anticipando tanto por la composición como por el realismo a pintores como Sisley y Pissarro.

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