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Adoración de los reyes magos de Velázquez

[av_dropcap2 color=”default” custom_bg=”#444444″]E[/av_dropcap2]sta obra que representa la adoración de los Reyes Magos al niño Jesús es la propuesta personal que pintó Velázquez para el noviciado de San Luis de los Jesuitas de Sevilla.

Pintado durante su época Sevillana representó en la obra a los tres reyes magos y a un pastor ante la Virgen María, San José y el niño Jesús. Seguir leyendo “Adoración de los reyes magos de Velázquez”

Gorgona Medusa de Caravaggio

Esta obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el “Caravaggio” es una de las joyas del Museo de los Uffizi de Florencia.

Se trata de un lienzo colocado en un soporte diferente a un bastidor tradicional para una pintura de caballete. El artista pintó la obra y la aplicó sobre un escudo o rodela redondo. Seguir leyendo “Gorgona Medusa de Caravaggio”

El éxtasis de Santa Teresa de Bernini

El grupo escultórico que conforma esta obra es una de las obras más importantes de Bernini y una obra capital de la escultura Barroca en Italia por conseguir el máximo efecto de teatralidad en la conjunción de pintura, escultura y arquitectura al servicio de un mensaje único.

Esta obra fue encargada a Bernini por el cardenal Federico Cornaro en 1647 para una capilla funeraria familiar en la iglesia de Santa María della Vittoria, en Roma. Seguir leyendo “El éxtasis de Santa Teresa de Bernini”

El juramento de los Horacios de David

El juramento de los horaciosEstamos ante una de las obras más conocidas del genio francés del neoclasicismo: Jacques Louis David.

El tema principal del cuadro es en parte una de las claves de su popularidad pues el autor se sirve de contraponer dos sentimientos muy diferentes para generar tensión dramática: de una parte el sentimiento del deber por la patria representado en los hombres que se disponen a coger sus espadas para luchar y de otra el de los sentimientos que se desencadenan al tener que luchar contra miembros de su propia familia.

La historia cuenta que dos familias, una de Roma (horacios) y otra de Alba Longa (curiacios), sentían gran amistad.

Ambas ciudades entran en una larga guerra y tienen que pactar un modo de resolverla: designar a tres campeones que luchen entre sí para decidir la suerte de ambas ciudades.

La suerte quiere que sean los trillizos de ambas familias quienes luchen entre sí. Los Horacios vencen aunque Horacio, el mayor de los tres, pierde a sus dos hermanos en la lucha, además de perder el favor de una hermana, que estaba casada con uno de los miembros de la familia rival al que mató.

Esta obra fue materializada por David durante su segundo viaje a Roma, que provocó en su pintura un giro hacia un clasicismo desde el punto de vista técnico que nos recuerda a Rafael e incluso en las propias raíces del clasicismo de época antigua.

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Sin embargo la evolución en su pintura tuvo otras causas de índole social, como el cambio de mentalidad y en el gusto estético de la pintura como reacción a los temas frívolos y cortesanos del Rococó, que algunos autores extrapolan también a los acontecimientos políticos y sociales de la Francia prerrevolucionaria.

Con esta obra pretende exaltar el patriotismo de los individuos por una idea: la colectividad de la nación. Un concepto nuevo que será el germen de los enfrentamientos armados y conflictos internos que tendrán lugar en la geografía Europea durante todo el siglo XIX.

Las figuras huyen del naturalismo y dinamismo del barroco y buscan en su inspiración clásica asemejarse a esculturas de formas contundentes y perfectamente definidas, algo que el artista logra con gran maestría.

La teatralidad de la escena busca ahondar en el carácter moralizante de la obra y lo consigue contraponiendo los gestos y las posturas rotundas de los hombres representando valores coomo la determinación y el sacrificio frente a las posturas más curvilíneas y melancólicas de las mujeres que buscan representar sentimientos como la tristeza.

En esta pintura de Jaques Louis David vemos claramente el predominio del dibujo sobre el color, en lo que es una de las características que más lo separarán de épocas precedentes. Su pincelada es muy lisa, casi indefinida, lo que contrastará mucho con la pincelada suelta y dinámica más propia de la pintura Barroca y Rococó.

Podríamos dividir el cuadro en tres partes claramente diferenciadas por su composición. Tres grupos perfectamente equilibrados bajo un marco arquitectónico definido por un arco de medio punto, otro aspecto que alejará la obra de los presupuestos estéticos que triunfaron en el Barroco para acercarse más a los que se desarrollaron durante el Renacimiento.

El equilibrio de la línea y el color así como la iluminación, con la que busca reforzar la sensación escultórica de las figuras, o la perspectiva lineal que define el espacio en la que se integran todas las figuras son otros intentos que buscan alejarse de la pintura barroca.

La serpiente de metal de Anton Van Dyck

La serpiente de metal de van Dyck
Anton Van Dyck. 1618. Óleo sobre lienzo. 207 x 234 cm. Museo del Prado. Fotografía: www.jdiezarnal.com

Esta obra del joven Anton Van Dyck es una de las mejores obras del autor que se conservan en España. En este caso en el Museo del Prado.

Con apenas 20 años el joven pintor aprende de los grandes genios de su época y su tierra, como Jacob Jordaens o Rubens, en cuyo taller se cree que pudo realizar la obra antes de su viaje a Italia.

Cuestiones como la grandiosidad de la composición o la pincelada característica de Rubens, aunque más alargada, son aprendidas por Van Dyck mientras materalizaba esta obra.

El tema del cuadro alude al tema de la crucifixión de Cristo, tomada de la historia bíblica que podemos leer en el libro de los números (Números 21, 5-9) en la que nos narra como los israelitas, en plena travesía por el desierto tras abandonar Egipto, se habían ido apartando de la doctrina de Yahvé, que a través de Moisés les envía unas serpientes con las que causarles la muerte.

Tanto cayendo desde el cielo como enroscadas en miembros de personajes vemos estas serpientes, que son la materialización de la maldición y castigo por apartarse de la doctrina de Yahvé.

La historia nos cuenta que los judíos pidieron a Moisés que intercediera para terminar con la masacre. Moisés se presenta ante los judíos con una serpiente de metal que tenía el antídoto con el que curar las picaduras venenosas de serpiente.

Van Dyck nos muestra a Moisés junto a Eleazar (hijo de Aaron) portando una vara en cuya parte superior hay una serpiente de bronce enroscada que tenía poderes curativos frente a la mordedura mortal de serpientes, que es vista por los israelitas como su salvación.

La composición está fuertemente marcada por la diagonal que forman los brazos del personaje que está en segundo plano implorando la curación con unos manifiestos gestos de dolor y desesperación, como el hombre que se arrodilla ante moisés en un magnífico y complicado escorzo.

La figura de la mujer arrodillada es una de las representaciones más conseguidas por la concentración en ella de una intensa expresión de fe.

La anatomía y disposición de las figuras en el cuadro recuerda por su clasicismo y anatomía a Miguel Ángel.

Anton van Dyck fue junto con Rubens y Jordaens, uno de los máximos representantes de la pintura flamenca del siglo XVII, pues supo aprender lo más destacado de cada uno de ellos y componer así un estilo propio, como demuestra la reinterpretación de este mismo tema, que ya había pintado Rubens 10 años antes.

Susana y los viejos de José Ribera

Susana y los viejos de José Ribera es uno de los cuadros tenebristas de más reciente atribución al pintor de Xátiva
José Ribera. 1615. öleo sobre lienzo. Colección particular. 139 x 179 cm. Fotografía: Wikimmedia Commons

Susana y los viejos es una de las últimas obras atribuidas al pintor valenciano del siglo XVII, José Ribera, más conocido como el Spagnoletto.

La obras pertenece a una colección particular y estuvo atribuida hasta hace pocos años al pintor italiano Pietro Paolini.

El tema de la obra hace referencia a un episodio del antiguo testamento (Daniel, XIII, 4) en el que se pretende representar la virtud y que fue muy popular en los silgos XVI y XVII.

La historia se remonta a la antigua Babilonia, donde la esposa de un judío es sorprendida por dos viejos mientras tomaba un baño completamente desnuda. Los viejos eran nada más y nada menos que dos jueces que al ser rechazadas sus popuestas deshonestas por la joven deciden acusarla de adulterio y la condenan a muerte.

En esta historia la intervención del profeta Daniel es crucial para el desenlace de la historia, ya que es capaz de demostrar la falsedad de las acusaciones lazadas por los jueces, que serán finalmente condenados a muerte.

Ribera representa el instante en el que Susana, en reacción al acoso de los viejos, pide auxilio en voz alta intentando liberarse de los viejos lascivos.

Susana es representada desnuda cubriéndose con un suntuoso paño que ciñe a sus caderas, mientras con su mano y su pelo intenta cubrir el resto de su desnudez.

Es la figura que recibe toda la iluminación lateral del cuadro, que permite moldear su cuerpo y que el pintor representó extremadamente blanco, casi marmóreo, dada su condición y clase social.

Los viejos emergen del fondo y los sitúa en la parte superior, utilizando para ellos una técnica muy tenebrista, en la que el claroscuro le permite con muy poquitos tonos de luz, componer sus fisionomías, vulgares y siniestras, mas propias de un mendigo o alguien de muy poca condición social que de un juez.

Ambos personajes extienden sus manos como prolongación de sus miradas lascivas como intentando tocar y poseer a Susana, a la que provocan una mirada de terror y angustia presente en el tono general de la escena.

A la derecha de Susana una fuente representa en un bajorelieve juicio de susana. Sobre la fuente un torso masculino desnudo y de espaldas y que se identifica con un sátiro en alusión al pecado de la lujuria.

Este tipo de elementos escultóricos o arquitectónicos de carácter decorativo son muy extraños en la obra de Ribera y por eso para algunos autores serían añadidos posteriores de la obra que se hicieron para hacer más comprensible la historia.

Vieja friendo huevos de Velázquez

An old woman frying eggs from Velázquez
Diego de Velázquez. 1618. Óleo sobre lienzo. 100 x 119. Scottish National Gallery of Edimburg
Foto: wikimmedia

Vieja friendo huevos es considerada por muchos como la mejor y más conseguida obra de Velázquez en su etapa Sevillana. Fechada hacia 1618 representa una escena tan cotidiana como la de una cocina de cualquier vivienda humilde de la época, lo que fue una provocación ya que hasta ese momento ningún artista se había atrevido a representar una escena tan vulgar como esa.

La vieja en primer plano friendo los huevos en un recipiente de barro situado al lado de un niño que mira ensimismado el manjar que está cocinando la señora.

En la parte de la derecha Velázquez representa un bodegón, dentro de la tradición que inaugurara el propio artista de incluir un cuadro dentro de otro y que sirve al pintor para demostrar su virtuosismo con el dibujo representando hasta el más mínimo detalle. En este caso Velázquez pinta varios elementos metálicos, vasijas de cerámica, y una cebolla colorada, cuya posición el artista no duda en alterar para que el espectador pueda contemplarlos adecuadamente.

La utilización de la doble perspectiva dentro de un cuadro nos acerca al pintor barroco a los pintores impresionistas, que se sirvieron a menudo de estas dobles perspectivas en determinadas escenas.

Ambas figuras se recortan sobre un fondo neutro, empleado para destacar aun más los contrastes entre la luz y la sombra, una de las características que le sitúan en la órbita del naturalismo tenebrista.

Más allá del bodegón, lo que más llama la atención son los personajes, representados con gran realismo y detalle, tal como vemos en la suciedad del paño que cubre la cabeza de la anciana, o el burbujeo del aceite en el que está friendo los huevos.

El mundo popular que representó es un excelente retrato de la época e incluso de la vida del propio artista, ya que algunos autores la identifican con la suegra del pintor, mientras al muchacho se le identifica con Diego Melgar, un ayudante del taller del artista en Sevilla cuyo corte de pelo nos retrotrae a la época.

Utiliza un fondo negro para resaltar el naturalismo de las figuras gracias a los contrastes de luz que provoca, en las que el predominio de las tonalidades ocre y marrón contrastan con los blancos, lo que demuestra su conocimiento del tenebrismo de Caravaggio o Ribera.

La sencilla composición de la obra inscribiendo a todos los personajes en un óvalo permite al artista centrar la atención sobre estos elementos, la vieja, el muchacho y el recipiente en el que se están friendo los huevos sin distorsiones ni artificios, tal cual los podríamos contemplar a través de una ventana.

San Hugo en el refectorio de los cartujos de Zurbarán

 Este cuadro de Francisco de Zurbarán es sin duda su obra maestra y uno de los cuadros más importantes del barroco español.

Representa la escena en la que el Obispo de Grenoble, futuro San Hugo, visita a los monjes mientras comen en su refectorio y formaba, junto con los de la Virgen de la Misericordia y San Bruno y el Papa Urbano II, un programa iconográfico “cartujo” para la Sacristía de su Iglesia.

Zurbarán representó a los 6 monjes que junto a San Bruno fundaron la orden de los cartujos. Todos sentados en una mesa en forma de L. Ante la mesa representa en el centro al paje del obispo de Grenoble y ante él a San Hugo, encorvado y ayudandose de un bastón para permanecer en pie.

El cuadro tiene, como ya vimos en otros ejemplos de época barroca, un cuadro dentro del cuadro por el bodegón que compondrían los platos de barro con la comida y el pan que tiene cada monje delante y que Zurbarán sitúa de forma asimétrica unos respecto a otros, respecto a la mesa y a los propios monjes, para evitar crear una monotonía artificiosa.

La leyenda cuenta que San Hugo enviaba comida a San Bruno y los 6 monjes con los que fundó la orden. Un día les envió carne para celebrar con ellos el Jueves Santo, un alimento al que no estaban acostumbrados y que provocó una discusión entre ellos sobre la conveniencia de comerla o no.

Los monjes cayeron en un profundo sueño de 45 días y despertaron el día que San Hugo llegó a visitarlos al monasterio. Era el día de jueves santo y se encuentra a los monjes con los platos llenos de carne discutiendo acerca de si comerla o no, ignorando que se encuentran en plena Semana Santa–Jueves santo-, cuando  no está permitido comerla.

Ante los ojos de San Hugo la carne se convirtió en cenizas conforme los monjes la tocaron, lo que interpretaron como un signo divino de aprobación del ayuno y conveniencia de prohibir a los monjes cartujos comer carne.

El estilo de la obra es claramente naturalista gracias al tenebrismo y su dominio del claroscuro para componer figuras y volúmenes. El tratamiento del tema está en línea con los planteamientos de la contrarreforma y la necesidad de utilizar las imágenes con función adoctrinante y para ello debían ser de fácil comprensión.

Uno de los elementos más definitorios de la pintura de Zurbarán, que en este caso alcanza su máximo nivel es la maestría en el uso de los colores blancos. Se han distinguido más de 100 tonos de blanco diferentes en los hábitos y el mantel de la mesa, algo que define su obra y a que pocos pintores de la época podían alcanzar y que le sirvieron al pintor para representae de manera inmejorable el ayuno y la penitencia de los monjes cartujos.

Francisco de Zurbarán. h. 1650. Óleo sobre lienzo. 262 x 307 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla |
Fuente de la fotografía: Wikimmedia

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