Buscar

Tuitearte

Blog de historia del arte

Etiqueta

Francia

Napoleón entronizado de Ingres

Napoleón en su trono imperial, como es conocida esta obra, es una de las singulares representaciones del general francés.

A diferencia de los numerosos retratos conservados que se hicieron de Napoleón en vida, éste es uno de esos ejemplos que no partieron como iniciativa del general, sino que fue el propio artista el que por iniciativa propia compuso y pintó la obra, lo que le permitió concebirla de una forma mucho más libre que lo hubiera podido hacer si hubiera sido encargada por el propio Napoleón. Seguir leyendo “Napoleón entronizado de Ingres”

El beso de Francesco Hayez

Estamos ante una de las tres versiones de esta magnífica obra, considerada como una de las principales del artista veneciano más destacado del romanticismo italiano: Francesco Hayez.

La temática de la obra es claramente heredera de la tradición de la pintura del romanticismo, en la que los sentimientos naturales y puros, como en este caso el amor, se convierten en el tema principal de la obra. Seguir leyendo “El beso de Francesco Hayez”

El enigma de Gustave Doré

Esta obra de Gustave Doré es uno de esos cuadros no demasiado conocidos y sorprendentes que tuvimos la suerte de descubrir casi por casualidad durante nuestra visita al Museo de Orsay.

Nunca veréis mucha gente apelotonada para ver esta obra, como si ocurre con otras de este museo. Sin embargo si observáis a los visitantes que pasen delante de ella apreciaréis cómo la mayoría se detienen ante este cuadro más tiempo que con otros.

Su autor, Gustave Doré, que sobre todo se dedicó a hacer grabados, consigue con esta obra llamar la atención del espectador, que curioso ante la misteriosa imagen que contempla intenta descifrarla. Lee el titulo, que todavía le genera mayor curiosidad, e intenta escudriñarla para descifrar su significado.

Un enigma es un misterio, algo que desconcierta o que tiene una difícil comprensión o explicación. En este caso el autor ha pretendido representar ese misterio y lo consigue utilizando la atmósfera oscura y vaporosa que queda en un campo de batalla tras la lucha. Oscuridad y sombras monocromáticas que hacen difícil interpretar lo que vemos.

La imagen está llena de soldados caídos en combate y en el fondo hogueras todavía humeantes de París arrasado por la artillería enemiga, que nos indica que la lucha continúa.

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js


//

En el centro y en lo alto de una colina cubierta de cadáveres de soldados caídos, las figuras principales del cuadro y que refuerzan todavía más si cabe el misterio de lo que vemos: una figura alada que parece representa una mujer alada -Francia- y una esfinge -Prusia- que lo sostiene entre sus patas delanteras.

Para algunos estudiosos es una representación de una rendición o una petición de tregua de la figura alada que implora clemencia a la esfinge advirtiéndole que ante tal destrucción va a ocupar un territorio arrasado en el que no va a quedar nada por someter a su gobierno.

La obra es una clara alusión a la derrota de Francia en la Guerra contra Prusia por la que el país galo pierde los territorios de Alsacia y Lorena, que causó gran sentimiento de aflicción a los franceses. La visión de Doré, natal de Estrasburgo (Alsacia), es la visión triste y abatida propia del derrotado.

Para Doré es una visión apocalíptica, el fin del mundo. Para ello se inspiró en los versos de Víctor Hugo del poema “El arco de Triunfo”.

Viaje a la luna de Georges Meliés

Meliés
Georges Méliès. 1902

Esta película francesa del año 1902, obra de Georges Meliès (1861-1938), es la primera película de ciencia ficción de la historia del cine.

Para filmarla su autor se inspiró en dos novelas: “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne y “Los primeros hombres en la Luna”, de Herbert George Wells.

Con una duración de unos 14 minutos, a 16 fotogramas por minuto, la imagen de la cara de la luna recibiendo el impacto de un cohete espacial disparado por una bala de cañón es uno de los planos más conocidos de la historia del cine.

La película cuenta como tras una encuentro de astrónomos, el presidente de la reunión propone realizar un viaje a la luna.

Un grupo de 6 astronautas diseñan una cápsula espacial que es lanzada al espacio por un cañón gigante en dirección a la cara bonita de la luna, a la que le dañan el ojo derecho en el aterrizaje.

Tras una serie de avatares los astronautas se topan con los selenitas, los habitantes de la luna.

Por accidente muere un selenita y, con intención de vengarle, un grupo de selenitas persiguen a los astronautas que se meten en la cápsula para volver a la tierra, cayendo en el océano donde unos barcos salvan y rescatan a los astronautas, que son recibidos en un multitudinario desfile.

Este es el argumento de una filme que hay que analizar teniendo en cuenta que en 1902, aunque el cine no era una novedad, sí que era un medio de expresión que estaba iniciando su andadura, de ahí el valor de las soluciones que adoptó Méliès para filmarla, por primitivas y rudimentarias que parezcans.

Méliès era un ilusionista que utilizaba el cine, más como generador de ilusiones que como soporte narrativo, enmarcándose su trabajo en lo que podría denominarse “cine de atracciones”, una época en la que las películas eran más un lucimiento del director que una forma de exponer una ficción.

Consagración y coronación de Napoleón

Napoleón y el papa en su coronación
Jacques Louis David. 1807. Óleo sobre lienzo. 629 x 979. Musée du Louvre. París
Foto: wikimmedia

Este cuadro es obra de Jacques Louis David (1748-1825), pintor de la revolución y posteriormente pintor oficial de Napoleón Bonaparte.

Realizada entre 1805 y 1807, es un cuadro de grandes dimensiones (629 x 979 cm), conservado en el Museo del Louvre de París, aunque podemos contemplar otra copia en el Palacio de Versalles.

La escena reproduce el acto de coronación y consagración que tuvo lugar el 2 de diciembre de 1804 en la Catedral de Notre Dome de París.

A pesar del manifiesto interés de Napoleón por romper con la herencia borbónica, obliga a David a incluir los principales símbolos reales en el cuadro: corona y cetro.

Napoleón se corona a sí mismo, como símbolo de la legitimidad que le ha dado el pueblo para erigirse en el máximo dirigente de Francia, diferenciándose de la monarquía, que lo era supuestamente por la gracia de Dios.

La presencia de altos dignatarios y de la familia Bonaparte se corresponden con los apoyos del nuevo régimen componiendo la nueva nobleza basada en sus propios méritos y no en su herencia o tradición.

Napoleón está de pie y es el único y verdadero protagonista de la escena. Josefina se arrodilla en posición de sumisión para recibir la corona de manos de su marido.

La madre de Napoleón, Maria Letizia Ramolino, contempla la escena desde la tribuna del fondo, a pesar de que no asistió al acto por una disputa con su hijo.

Los hermanos del pintor, Luis y José Bonaparte (pepe botella), aparecen en la parte izquierda del cuadro.

Jacques Louis David se autorretrató en una tribuna encima de la de la madre del emperador.

El papa Pío VII asiste a la ceremonia pero como un mero espectador, sin que se requiera su participación en la ceremonia de consagración y coronación del emperador y su mujer.

Se trata de una obra en la que el arte se pone al servicio de la nueva dinastía napoleónica, disponiendo a su emperador para entrar a la posteridad, como lo demuestra la voluntad del propio Napoleón de teatralizar al máximo la escena, y que tan magistralmente fue capaz de hacerlo David.

Torre Eiffel

Gustave Eiffel
Gustave Eiffel. 1889. Campos de Marte. París
Foto: Terazzo

Este “gigante” de hierro fue el hito arquitectónico de la Exposición Universal de París del año 1889, con la que la ciudad de la luz quería conmemorar el centenario de la Revolución Francesa.

El artífice de esta obra fue Gustave Eiffel, que da nombre a la torre, y que ganó un concurso que se convocó a tal efecto y al que se presentaron más de 100 propuestas.

La construcción de la torre duró algo más de dos años, llegando a tiempo para la inauguración de la Exposición Universal de París el 6 de mayo de 1889.

Aunque en un primer momento se pensó situarla a orillas del sena, el gran peso de la torre y la cimentación de más de 30 metros que requería motivó que finalmente se situara en los Campos de Marte, lugar de la exposición, de la que la torre Eiffel fue su puerta de acceso monumental.

Torre Eiffel (pilar)
Foto: Karlnorling

Con una altura de más de 300 metros (incluyendo la antena de la parte superior), es un gigantesco mecano de más de 18.000 piezas de hierro que pesan alrededor de 7.300 toneladas, y que asienta sobre cuatro enormes zócalos de hormigón.

El diseño original del edificio es de Maurice Koechlin y Émile Nouguier, ingenieros de la empresa de Eiffel, quienes con la ayuda de Stephen Sauvestre consiguen que Gustave Eiffel se interese por la obra, compre los derechos exclusivos sobre el proyecto y lo presente al concurso.

Aunque se proyectó la construcción en 12 meses, se tardaría más del doble de tiempo, lo que acarreó además un sobre-coste de 1,5 millones de francos (el presupuesto era de 6,5 millones).

En la obra sólo trabajaron algo más de 200 obreros, ya que la mayor parte de los trabajos de ensamblaje se hacían en las fábricas de la empresa. Durante el tiempo que duró la construcción no murió ningún trabajador en horario laboral, a pesar de realizar trabajos al aire libre y a grandes alturas.

Tras la exposición fue utilizada para hacer experimentos científicos, lo que contribuyó a su sustento, ya que la afluencia de visitantes era insuficiente para sufragar su costoso mantenimiento.

Hacia 1910 se pensó en desmontarla, pero gracias al telégrafo, recién inventado, se utiliza como antena y se salva así de su demolición, especialmente por su relevancia durante la primera guerra mundial, interceptando comunicaciones del ejército alemán.

Aunque la construcción tuvo un éxito popular inmediato, fueron muchos los intelectuales y gente influyente de la época los que se mostraron contrarios a la construcción.

Si bien sabemos que el propio Eiffel no fue el diseñador del edificio, a él le debemos la defensa del proyecto para que fuera una realidad, y sobre todo, a su esfuerzo procurando dotar a la construcción de una utilidad y sostenibilidad económica, que ha permitido que hoy  sea visitado por algo más de 7 millones de personas cada año, y que sea el símbolo de la ciudad y de Francia.

Palacio de Versalles

Louis le Vau
Luis Le Vau. 1661. Versalles. Francia
Foto: Wikimmedia

El Palacio de Versalles fue residencia de la monarquía francesa hasta que el 6 de octubre de 1789 fue tomada por el pueblo durante la Revolución Francesa.

El origen del Palacio lo encontramos en un pabellón de caza edificado por Luis XIII.

Sin embargo el verdadero creador de la residencia real tal y como la conocemos en la actualidad y que fue modelo de construcción palaciega para todas las monarquías europeas fue Luís XIV.

Luís XIV no se encontraba seguro ni a gusto en París, por lo que decidió construir un palacio que fuera en si una pequeña ciudad, en la que se pudiera alojar toda la corte.

Petit trianon
Wikimmedia

En su época de máximo esplendor llegaron a vivir en el Palacio más de 20.000 personas.

A la construcción existente le añadieron dos alas laterales para dar prestancia al jardín y conformar el actual patio de armas que precede a la entrada del castillo.

Se construye una nueva fachada que da al jardín, un piso noble de doble altura y un tercer piso a modo de ático coronado por esculturas.

Posteriormente se añadió en el ala norte del edificio una capilla real, obra de Jules Hardouin Mansart, que la diseñó incluyendo en el segundo piso una tribuna desde la que la familia real asistiría a misa.

El jardín del Palacio ocupa una extensión de 800 hectáreas (7 millones de metros cuadrados) 20 Km. de caminos, 200.000 árboles, 35 a.m. de canalizaciones de agua para las fuentes y los sistemas de riego, y pequeñas construcciones como el Grand y el Petit Trianon.

Se trata de un jardín muy racionalista y ordenado en el que se suceden los estanques, las fuentes y los grupos escultóricos.

Conforme nos alejamos del edificio, los jardines vana abandonando su clasicismo francés y se hacen algo más salvajes, tal y como era del gusto británico, en el que la vegetación se coloca estratégicamente para que parezca un entorno natural, aunque no lo sea.

Neptuno
AiresAlmedia

Más allá del valor artístico de Versalles, donde participaron numerosos artistas, su verdadera aportación fue la de crear un modelo de residencia real en la que a un cuerpo principal se añaden alas laterales, configurando un patio de armas en la parte delantera y situando un jardín en la parte posterior para el esparcimiento de la corte y la familia del rey.

La configuración interior también fue muy imitada, y consistía en un piso noble de doble altura y una sucesión de estancias que se abren a un pasillo longitudinal que recorre todo el interior del edificio.

La lectura

Berthe Morisot
Berthe Morisot. 1869. Óleo sobre lienzo. 102 x 82. National Gallery of Art. Washington
Foto: cliff1066

Esta obra de Berthe Morisot (1841-1895) resume perfectamente su obra y deja clara su capacidad técnica para pintar como los impresionistas, aunque siendo mujer le costara más hacerse un hueco en ese mundo de hombres que era el mundo del arte y los artistas.

Como a otras mujeres impresionistas su gusto por las escenas intimistas y los temas femeninos son evidentes y tienen su explicación en ese mundo femenino reservado a las mujeres en el que eran obligadas a permanecer desde niñas.

En este lienzo contemplamos a Madame Morisot, madre de la artista, y a su hija, Madame Pontillon, hermana de Berthe, leyendo una mientras la otra permanece pensativa.

La madre viste de negro, posiblemente porque guarda luto, mientras que la joven viste de blanco, creando un contraste muy al estilo de Manet.

Un gran espejo, un sofá estampado y una mesa con un jarro de flores componen el mobiliario del interior en el que se sitúan las figuras.

La luz, fundamental como en cualquier impresionista, entra por el lado izquierdo iluminando a la hermana de la artista, mientras que la madre se ubica en una zona más ensombrecida.

El estilo de Berthe está todavía en evolución, pues se trata de una obra de su primera etapa previa a la madurez artística, lo que hace que predomine el dibujo sobre el abocetamiento de etapas posteriores.

Esta característica es fruto de la influencia que de su maesto, Corot. La técnica de Berthe Morisot se basó en la utilización de una pincelada suave al principio, que evolucionó haciéndose cada vez más libre, rápida y plana, que junto al color permiten reflejar una estética más impresionista en sus obras.

Participó sucesivamente en los salones de París desde 1864 hasta 1874, año de la primera exposición impresionista, a la que concurrió con su obra “la cuna”. Fue junto a Camile Pisarro la única artista que participó en todas las ediciones de esta muestra periódica.

Al igual que otras artistas contemporáneas, Berthe Morisot fue relegada a la categoría de “artista femenina” por la temática de sus cuadros, aunque para ello utilizara la técnica y la doctrina impresionista de pintar la inmediatez, el momento de luz en cualquier actividad diaria normal.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑