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Guerra de la Independencia

La rendición de Bailén de Casado del Alisal

La batalla de Bailén
José Casado del Alisal. 1864. Óleo sobre lienzo. 338 x 500. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Se trata de la obra más importante del pintor José Casado del Alisal y representa uno de los acontecimientos históricos de la historia de España: la primera victoria de las tropas españolas frente a los ejércitos franceses durante la Guerra de la Independencia.

La pintó en París en 1863 mientras disfrutaba de una beca de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para continuar sus estudios de pintura.

El cuadro es un ejemplo de cuadro de historia, un género pictórico muy en voga en el siglo XIX con figuras como Jacques Louis David, del que en tuitearte ya vimos la coronación de Napoléon, François Gerard o Antoine Jean-Gros en Francia.

En España contamos también con grandes figuras del género como el propio Casado del Alisal, Vicente López, Madrazo y el que nosotros consideramos el mejor exponente: Francisco Pradilla, del que ya vimos la obra de Juana la loca.

Casado del Alisal organiza la composición de la obra homenajeando al cuadro de historia más importante de la Historia del Arte en España: “La rendición de Breda” o “las lanzas”, de Diego Velázquez.

El cuadro nos muestra dos momentos distintos de la batalla: la capitulación y la ceremonia de la rendición en la que Dupont y sus soldados rendidos desfilan ante el ejército español. El artista representa a ambos bandos uno a cada lado del cuadro encabezados por los respectivos generales al mando: a la izquierda el general Castaños lidera las tropas españolas y a la derecha el general Dupont hace lo propio con las francesas.

El semblante de ambos generales lo dice todo: los franceses, Dupont y Gobert, altivos y orgullosos se rinden -abriendo sus brazos en señal de sumisión máxima- mientras el general Castaños muestra sus respetos al enemigo vencido.

A ambos lados de la capitulación grupos de soldados de cada ejército componen el primer plano de la composición. Tras ellos Casado del Alisal nos muestra una panorámica del campo de batalla interrumpiada únicamente por las banderas y estandartes que se interpretan como otro homenaje al cuadro de Velázquez.

Casado del Alisal dominaba tanto el dibujo como el uso del color, que en este caso utilizó para recrear la calurosa atmósfera del mes de julio en la campiña jienense. El dibujo le sirve para representar actitudes y gestos en los soldados españoles con gran realismo y detalle.

El Coloso de Goya

El Gigante
Francisco de Goya y Lucientes. 1808. 116 x 105. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

El coloso es una de las obras más polémicas en torno a la figura de Francisco de Goya y Lucientes, por cuanto siempre se ha dudado de la exactitud de la atribución de su autoría en favor del pintor aragonés.

Terminada hacia 1808, tras la muerte de Josefa Bayeu -esposa de Goya-, es una obra que se ha conocido con otros títulos como el pánico, la tormenta o el gigante.

Representa a un gigante con los puños en alto que se eleva por encima de unos montes y genera una situación de pánico entre la multitud del valle, que huye en estampida en todas las direcciones sin importar que sean personas, animales o carruajes.

Todos menos uno, un burro de color blanco que aparentemente está tranquilo en medio del caos, mirando hacia otro lado como si no pasara nada.

El cuerpo erguido del gigante ocupa el centro del cuadro y la mayor parte del espacio de la representación. Su postura es propia de alguien que se dispone a luchar -puño cerrado y torso en tensión-.

Para algunos autores Goya pretendió representar el enfrentamiento bélico que estaba a punto de empezar en el momento de pintar el cuadro:  la Guerra de la Independencia. El coloso sería una alegoría de la lucha del pueblo español contra la amenaza invasora.

La indefinición del rostro y de la pintura en general hace difícil asegurar la postura exacta del gigante ni si como aseguran algunos autores tiene los ojos cerrados, simbolizando en ese caso la violencia ciega que se practicó en algunos episodios de la guerra.

Como contraste el mencionado asno de color blanco que se ha interpretado como la osadia de la ignorancia o la incomprensión del fenómeno de la guerra, sentimiento y preocupación que estuvo presente en buena parte de la vida de Goya.

Otras interpretaciones sostienen que el gigante sería una alegoría de Fernando VII, soberbio y poderoso impone su voluntad al pueblo que huye, mientras el asno, que simbolizaría a la aristocracia, estancada, ignorante y ufana ante una amenaza que no lo es para los de su estatus.

Para la representación de la estampida de la gente del valle Goya utilizó una técnica abocetada parecida a la de sus pinturas negras, que compone con trazos rápidos que aunque parecen apuntes o bocetos, consiguen provocar el efecto de violencia y pánico que quiso reflejar el pintor.

Como en sus pinturas negras de la Quinta del Sordo, el color negro es predominante en el cuadro, aunque hay numerosos toques de color aplicados con espátula.

Más allá de las estériles polémicas entre Historiadores del Arte, que poco o nada más tienen que añadir a lo que se conoce sobre la obra, lo cierto es que se trata de un cuadro que perfectamente, por cronología, técnica y tema, debemos de encuadrar en la antesala de lo que luego fueron sus pinturas negras.

El tres de mayo de 1808

Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío
Francisco de Goya y Lucientes. 1814. Óleo sobre lienzo. 238 x 347. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Junto con El dos de mayo de 1808, o la carga de los mamelucos, compone la pareja de cuadros que Goya pintó para inmortalizar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa.

La finalidad de ambos cuadros es todavía una incógnita, aunque lo más probable es que el encargo tuviera como finalidad la conmemoración de los acontecimientos del dos de mayo.

De cualquier manera lo que si que está claro es la intención de Goya de perpetuar los más heroicas y nobles acciones de la insurrección contra los ejércitos napoleónicos.

La escena representa el ajusticiamiento de algunos participantes en los altercados del dos de mayo. Murat, comandante de las tropas francesas, mandó apresar a todo aquel que portara una navaja o un cuchillo y ejecutarlos sin juicio previo a las 4 de la mañana siguiente, en lugares como la montaña del Príncipe Pío, actual Plaza de España, y que es donde está inspirada esta escena.

Hay datos que indican que pudo haber en torno a 400 ajusticiamientos esa noche.

Goya se sirve de la luz como recurso para incrementar la tensión y dramatismo de la escena iluminando fuertemente a los héroes, cuyos rasgos, actitudes y expresiones se adivinan perfectamente y nos permiten realizar un estudio psicológico de los personajes.

Como contrapartida situa a los soldados franceses en la zona derecha de la composición y de espaldas para representar su anonimato, y representandolos como máquinas de guerra al servicio del ejército francés.

Estamos sin duda ante dos obras maestras de Goya, que en esta época estaba finalizando su serie de Aguafuertes Los desastres de la Guerra, y que tuvo la oportunidad de trasladar las novedades temáticas y compositivas de esta serie de grabados, a dos pinturas al óleo de gran formato que sirvieron de inspiración a otras muchas obras y artistas de la historia del arte universal.

El Dos de Mayo de 1808

En 1814 Goya pintó dos cuadros con los que se rememoran algunos de los hechos heroicos que tuvieron lugar durante los inicios de la Guerra de la Independencia: El Dos de Mayo de 1808, o la carga de los mamelucos y El tres de mayo de 1808, o los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío.

El cuadro representa la recreación un tanto idealizada el hecho histórico que dio inicio a la Guerra de la Independencia: el intento de traslado a Francia de los hijos de Carlos IV y María Luisa por parte de los mercenarios egipcios y turcos reclutados por Napoleón durante sus campañas por el Norte de África, a quienes se enfrentó heroicamente el pueblo de Madrid.

En el cuadro se aprecia la tensión del momento representada con las posturas forzadas y violentas de los personajes y los caballos, que contrasta con la horizontalidad de los cadáveres en la parte inferior. En el fondo del cuadro, sin que interrumpa en ningún momento la escena se adivina el perfil arquitectónico de Madrid desde la actual puerta del Sol, donde tuvo lugar la escena, en la que Goya no participó ni fue testigo y que reconstruyó gracias a los testimonios de los supervivientes.

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La violencia y dramatismo de la escena es reflejada por medio de la inferioridad numérica de los héroes anónimos de Madrid, y la utilización de armas muy básicas, como cuchillos y navajas, frente al sofisticado equipamiento y capacidad de lucha de las caballerías de los mamelucos, que de poco sirven en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con los valientes ciudadanos.

Con motivo de esta conmemoración, se eligió el día 2 de mayo como dia de la fiesta oficial de la Comunidad de Madrid.

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