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Romanticismo

El beso de Francesco Hayez

Estamos ante una de las tres versiones de esta magnífica obra, considerada como una de las principales del artista veneciano más destacado del romanticismo italiano: Francesco Hayez.

La temática de la obra es claramente heredera de la tradición de la pintura del romanticismo, en la que los sentimientos naturales y puros, como en este caso el amor, se convierten en el tema principal de la obra. Seguir leyendo “El beso de Francesco Hayez”

Lady Godiva de John Collier

Lady Godiva es una de las obras más famosas y reonocidas del pintor prerrafaelita inglés John Collier.

Representa a Lady Godiva, una dama del siglo XI conocida en la época por su belleza y cuyo nombre se traduce como regalo de Dios.

Lady Godiva estaba casada con un despiadado señor feudal: Leofric, Conde de Chester, Mercia y señor de Conventry.

Cuenta la leyenda que el Conde exprimía a impuestos a sus vasallos, algo que conmovía a Lady Godiva, especialmente en épocas de carestía. Por este motivo le pidió a su marido que rebajara los impuestos, a lo que el Conde respondió que sólo lo haría si ella estaba dispuesta a pasearse a caballo por Coventry completamente desnuda.

Ella había pactado previamente con los vecinos de Conventry que ellos permanecían en el interior de sus casas con las ventanas cerradas para no ruborizarla.

El día marcado Lady Godiva se paseó a lomos de su caballo completamente desnuda tapándose únicamente con su pelo. Tras dar el paseo convenido con su esposo, éste accedió a rebajar los impuestos.

John Collier retrata a Lady Godiva en pleno paseo por las calles desiertas de Coventry, justo al pasar por delante de la puerta del monasterio que ella y su esposo construyeron en la localidad.

Para representar ese sentimiento de rubor y vergüenza Collier la pinta mirando hacia abajo, con los hombros caídos y procurando utilizar su cabello para cubrir su desnudez. No obstante su cuerpo se presenta inusualmente relajado, seguramente por la certeza de que no estaba siendo vista por nadie.

Según la leyenda el sastre de la localidad, Peeping Tom (Tom el mirón) no pudo resistirse y la miró por un agujero de la persiana, quedando ciego como castigo por su traición.

Collier, al que siempre se asocia con el movimiento Prerrafaelita de pintores como Waterhouse, Millais o Rossetti es reconocido también como retratista e ilustrador de novelas.

Sus obras de estilo más prerrafaelita escandalizaron a la sociedad de la época por representar figuras femeninas delicadas y con una belleza idealizada que, junto a su desnudez y erotismo, provocaban escándalo y admiración a quienes las contemplaban.

John Collier. 1898. Óleo sobre lienzo. Herbert Art Gallery and Museum. Coventry | Fuente de la fotografía: Wikimmedia

La pesadilla de Füssli

the nightmare
Johann Heinrich Füssli. 1781. Óleo sobre lienzo. 101 x 127. Institute of Fine Arts. Chicago
Foto: Wikimmedia

Conocida con el título de “el íncubo” es con toda seguridad su obra más conocida y conseguida. Existe otra versión del cuadro con algunas diferencias que se conserva en el Frankfurter Göete-Haus.

Gozó de gran éxito en su época, razón por la cual se hicieron numerosas ediciones de grabados sobre la misma, algunos de ellos realizados por el propio pintor.

La obra, como tantas obras del pintor, muestra su gusto por la literatura -era un gran admirador de Shakespeare– representando un tema de una forma bastante literaria.

El íncubo
Segunda versión de la pesadilla
Wikimmedia

Representa a una mujer desmayada o dormida ataviada con un vestido de gasa muy ceñido que permite adivinar toda su anatomía, dando como resultado una imagen muy sugerente y cargada de erotismo.

Para focalizar todavía más la atención sobre la mujer, Füssli hizo que toda la luz incidiera directamente sobre su cuerpo. Encima de su cuerpo sitúa al demonio íncubo (ser fantástico masculino que se pinta encima de la víctima durmiente, generalmente mujeres), y que tiene aspecto de gárgola o ser infernal cuyo aspecto contrasta con la belleza de la joven sobre la que se sienta.

Emergiendo del fondo un caballo con los ojos fuera de órbitas que sirve al pintor para representar la pasión sexual que despierta la joven.

La escena transcurre en un espacio oscuro que simula la habitación de la joven y pretende ahondar en el objetivo principal del artista, que no era otro que representar un género literario que se puso muy de moda en época romántica: el género de terror que tanto éxito tuvo en la literatura, el grabado o, como en este caso, en la pintura.

Algunos autores han querido hacer una interpretación biográfica de la obra, tratándose la mujer de una de las amantes de Füssli: Anna Landolt, cuya fisionomía está pintada en el reverso del cuadro.

Con este cuadro Füssli ocupa una posición destacada en el mundo cultural londinense, gracias al éxito que tenían todas las representaciones de este género, en el que la noche, el erotismo, el terror, la simbología y la tradición popular articulan una imagen sencilla y muy efectista que se estuvo reproduciendo en grabados desde 1782 hasta bien entrado el siglo XIX.

Figuras como la mujer se convirtieron plásticamente en un icono de este tipo de pintura, que tomará este tipo de representaciones como arquetipo de mujer en muchas obras simbólicas de su época y épocas futuras.

Napoleón visita a los apestados de Jaffa de Gross

Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa
Jean Antoine Gross. 1804. Óleo sobre lienzo. 715 x 523. Musée du Louvre. París
Foto: Wikimmedia

Napoleón con los apestados de Jaffa es, junto a a batalla de Eylan, una de las mejores obras del pintor neoclásico que anticipó el prerromanticismo: Jean Antoine Gross.

La pintura nos muestra al emperador Napoleón entre los apestados, bajo un escenario arquitectónico medieval, que podemos apreciar en los arcos de ojivales de inspiración gótica y los de herradura y los minaretes del fondo, tomados de la arquitectura musulmana.

Al fondo y en lo más alto de una construcción que hay en las montañas del fondo, ondea una bandera francesa como prueba de su dominio sobre la ciudad.

Gross era discípulo de Jacques Louis David, su maestro, de quién aprendió los presupuestos de la pintura neoclásica, que desarrolló en obras como ésta que anticiparon los presupuestos estéticos del romanticismo.

Pinta a Napoleón en el centro y lo representa en el momento de acercarse y tocar el bubón de uno de los enfermos, lo que sin duda es una interpretación atrevida de una escena que nunca sucedió y que le sirvió al pintor para resaltar la figura del emperador, a quién todos quieren ver y tocar, como si de un curador o ser milagroso se tratara.

En el momento de tocar al apestado, su acompañante se tapa la boca simbolizando el asco, el mal olor y el elevado riesgo de contagio de la enfermedad de estos personajes: la peste. Este personaje era el médico jefe del ejército, René-Nicolas Dufriche, más conocido como Desgenettes.

Rodeando a Napoleón y Desgenettes representa la miseria de los pobres enfermos, demacrados y prácticamente desnudos, algunos de ellos atendidos por médicos que visten ropas orientales.

La escena está inspirada en uno de los viajes del emperador durante la campaña de Egipto que tuvo lugar en 1799.

Jaffa fue una ciudad a orillas del Mediterráneo en la que los servicios sanitarios franceses organizaron la asistencia a una gran cantidad de soldados afectados por una epidemia de peste.

La obra es sin duda una pintura encargada por el propio Napoleón como parte de una campaña de autopropaganda que promovió en su acceso al poder absoluto y que el propio pintor pagó con su vida cuando, tras la caída del emperador que le garantizó fama y fortuna, Napoleón, sus obras fueron criticadas por los academicos y terminó suicidándose arrojándose al Sena, donde se ahogó.

Abadía en el robledal de Friedrich

Caspar Daid Friedrich
Caspar David Friedrich. 1809 110 x 171. Óleo sobre lienzo. Staatliche Museen, Berlín
Foto: wikimmedia

Conocido también como “Abadía en un bosque”, en alemán Abtei im Eichwald, es una de las primeras obras de Caspar David Friedrich, el genio alemán del romanticismo.

No estamos ante un paisaje real. Es una vista imaginada por el arista con la que pretende trascender los meros elementos representados en el cuadro, por más que éstos sean representados con gran detalle y realismo.

Como se verá en muchas obras de época romántica el artista se sirve de una ruina. Las ruinas de edificios de estilos medievales son recurrentes en las obras románticas. 

En este cuadro se ven robles rodeando las ruinas de una abadía gótica. Friedrich se inspiró como en tantas ocasiones en las ruinas de la iglesia de Eldena, cerca de donde nació el artista, aunque añade elementos como el crucifijo del primer plano o las sepulturas de delante del ventanal del único trozo de muro que permanece en pie.

Una comitiva de monjes se acercan hacia las ruinas portando lo que se ha interpretado como un féretro que llevan a la abadía, con lo que introduce el tema de la muerte en la obra, recurrente a lo largo de toda la producción del artista.

La luz del cuadro es muy evocadora y la compuso el artista diferenciando dos ambientes: la parte inferior, gris y sombría, y la parte superior con un cielo amarillo en el que se recortan los sinuosos -y siniestros- robles y el ventanal del muro. Una espesa niebla horizontal divide ambas partes.

La religiosidad del pintor (era luterano) es otro tema que introduce en el cuadro y que algunos estudiosos han querido ver como un símbolo de esperanza en el Más Allá a través de la religión. De los robles paganos del cementerio emerge la abadía dejando atrás la oscuridad y la muerte del mundo terrenal para acceder al cielo.

Para otros autores tiene una interpretación política en la que las ruinas medievales emergen por encima del robledal que simboliza el glorioso pasado alemán y que recupera como un símbolo patriótico fruto de la reacción a la ocupación francesa de Napoleón en tierras germanas.

Esta obra huye en todo momento de la representación naturalista de un entorno natural real y busca plasmar un estado de ánimo, el alma y los sentimientos que el autor plasma en todos los cuadros que pintó a lo largo de su carrera.

El enigma de Gustave Doré

Esta obra de Gustave Doré es uno de esos cuadros no demasiado conocidos y sorprendentes que tuvimos la suerte de descubrir casi por casualidad durante nuestra visita al Museo de Orsay.

Nunca veréis mucha gente apelotonada para ver esta obra, como si ocurre con otras de este museo. Sin embargo si observáis a los visitantes que pasen delante de ella apreciaréis cómo la mayoría se detienen ante este cuadro más tiempo que con otros.

Su autor, Gustave Doré, que sobre todo se dedicó a hacer grabados, consigue con esta obra llamar la atención del espectador, que curioso ante la misteriosa imagen que contempla intenta descifrarla. Lee el titulo, que todavía le genera mayor curiosidad, e intenta escudriñarla para descifrar su significado.

Un enigma es un misterio, algo que desconcierta o que tiene una difícil comprensión o explicación. En este caso el autor ha pretendido representar ese misterio y lo consigue utilizando la atmósfera oscura y vaporosa que queda en un campo de batalla tras la lucha. Oscuridad y sombras monocromáticas que hacen difícil interpretar lo que vemos.

La imagen está llena de soldados caídos en combate y en el fondo hogueras todavía humeantes de París arrasado por la artillería enemiga, que nos indica que la lucha continúa.

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En el centro y en lo alto de una colina cubierta de cadáveres de soldados caídos, las figuras principales del cuadro y que refuerzan todavía más si cabe el misterio de lo que vemos: una figura alada que parece representa una mujer alada -Francia- y una esfinge -Prusia- que lo sostiene entre sus patas delanteras.

Para algunos estudiosos es una representación de una rendición o una petición de tregua de la figura alada que implora clemencia a la esfinge advirtiéndole que ante tal destrucción va a ocupar un territorio arrasado en el que no va a quedar nada por someter a su gobierno.

La obra es una clara alusión a la derrota de Francia en la Guerra contra Prusia por la que el país galo pierde los territorios de Alsacia y Lorena, que causó gran sentimiento de aflicción a los franceses. La visión de Doré, natal de Estrasburgo (Alsacia), es la visión triste y abatida propia del derrotado.

Para Doré es una visión apocalíptica, el fin del mundo. Para ello se inspiró en los versos de Víctor Hugo del poema “El arco de Triunfo”.

El baño turco de Ingres

Arte, historia del arte, romanticismo, Ingres, Desnudas
Jean Auguste. Dominique Ingres. 1862. Óleo sobre lienzo. 108 cm de diámetro, Museo del Louvre. París
Foto: Wikimmedia

El baño turco es considerada una de las obras maestra del pintor francés Jean Auguste Dominique Ingres (1780 – 1867).

Se trata de un cuadro de estética orientalista que representa a un grupo de mujeres desnudas en un harén. El formato del cuadro no es casual. Aunque en origen era rectangular finalmente decide darle forma de medallón para simular la imagen que se vería a través de un óculo secreto para miradas furtivas al interior del harén.

El desnudo femenino fue la constante en la carrera de Ingres. Cuando pinta esta obra tiene 82 años y ya no necesita recurrir a modelo alguna para pintar la escena. Los numerosos croquis, estudios y cuadros que ha pintado a lo largo de su carrera le sirven como ejemplo.

En primer plano vemos a una mujer vuelta de espaldas que está tocando una especie de laúd y que nos recuerda a su conocida obra la bañista de Valpinçon. A su derecha una odalisca con los brazos levantados que recuerda a un dibujo que hizo de su mujer Madeleine en 1818. Detrás de esta última incluye una escena con tintes lésbicos, en el que la mujer que lleva la corona (madre del sultán) acaricia un pecho a otra mucho más joven en una actitud de marcado carácter erótico.

Ingres llena el cuadro de infinidad de mujeres en diferentes posturas y actitudes. Desde tomando café y charlando, hasta bailando, estiradas o tumbadas alrededor de una piscina.

A pesar de la evidente influencia orientalizante en la obra de Ingres sabemos que, a diferencia de otros pintores románticos como Delacroix que visitó un harén de Argelia, Ingres nunca viajó a África u Oriente Medio.

El tema orientalizante es una constante en su obra, aunque en realidad no es sino una excusa para representar su tema predilecto: el desnudo femenino, que es en este y otros muchos de sus cuadros el principal motivo de su pintura.

En “el baño turco” el resultado es el más erótico y sensual de su obra, sin llegar en ningún caso a incluir gestos o detalles que indujeran al escándalo.

La balsa de Medusa de Géricault

Cuadro de la balsa de La Méduse pintado por Theodore Géricault
Theodore Géricault. 1818. Óleo sobre lienzo. 491 x 717. Museo del Louvre. París.
Foto: Wikimmedia

La Balsa de la Medusa, “Le Radeau de la Méduse”, es una de las obras maestras del romanticismo y de las principales del pintor francés Théodore Gericault (1791–1824).

Representa el momento del rescate de una fragata francesa, La Méduse, que había encallado frente a las costas de Mauritania en julio de 1816.

La selección del tema fue muy inteligente por parte del pintor. Seleccionó un acontecimiento relevante que pudiera generar interés en el público para atraer visitantes y le ayudara a lanzar su carrera como pintor.

Fue exhibida con gran éxito en el Salón de París de 1819, en el que los elogios y las críticas se contabilizaban en igual número. Gericault lo había conseguido: nadie quedó indiferente y su fama y reputación como artista creció considerablemente, a pesar de contar con tan sólo 27 años cuando pintó esta obra.

El naufragio de la fragata enseguida sedujo al artista, quién se documentó exhaustivamente sobre el acontecimiento, entrevistó a supervivientes, elaboró numerosos bocetos preparativos, y hasta construyó un modelo a escala de la balsa.

La visión que nos propone Gericáult es terrible, con la balsa medio deshecha por el oleaje, los cuerpos de los muertos putrefactos desperdigados en una balsa que está parcialmente hundida, y que apenas cuenta con una vela hecha jirones para no quedar completamente a la deriva.

Los hechos cuentan que la fragata partió hacia Senegal para aceptar la devolución de la colonia de Senagal de manos de los franceses tras la “Paz de París”. La méduse, estaba capitaneada por un francés emigrado que había accedido al puesto gracias a un favor político, a pesar de no contar con la habilidad y la experiencia necesarias para gobernar la nave.

En un esfuerzo por intentar llegar antes se adelantó a las otras naves de la expedición, pero debido a su velocidad se desvió del rumbo algo más de 60 millas y encalló en un banco de arena. A pesar de los esfuerzos por liberar el barco finalmente los pasajeros deciden abandonarlo y viajar las 37 millas que los separan de la costa en los botes salvavidas.

Como la fragata contaba con botes para 250 de los 400 pasajeros se tuvo que improvisar una balsa de 20 metros de largo donde se apiñaron los restantes supervivientes, y que es el motivo que Géricault eligió para representar este trágico suceso.

La composición de la obra es completamente asimétrica, buscando en todo momento una cierta sensación de desorden, a pesar de estar perfectamente estudiada. Es una composición piramidal sobre una base inestable, con dos planos diferenciados: la balsa y el paisaje del fondo.

Con la línea ascendente que parte del cadáver de la izquierda con las piernas en el agua y que va hasta el marino que agita un trapo en la parte superior, el artista quiso marcar la sucesión de sentimientos experimentados por los náufragos: desde la desesperación y muerte a la esperanza en el rescate, que también representa con las nubes negras de la izquierda frente al cielo luminoso de la lejanía.

Para acentuar el dramatismo de la escena se sirve de una pincelada suelta y unos contornos poco definidos, además de la utilización de una paleta de colores pardos claros y oscuros.

Esta obra marcará un antes y un después en la evolución de la pintura porque logró alcanzar una intensidad formal y emocional nuevas, que marcarán algunas de las bases de la pintura del movimiento romántico.

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