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Surrealismo

El violinista celeste de Marc Chagall

Chagall
Marc Chagall. 1934. Gouache sobre papel. 65 x 52 cm. Museu Municipal de Tossa de Mar | Fotografía: donmirkobellora

Esta obra del pintor bieloruso Marc Chagall es una de las que se conservan en nuestro país, concretamente en el museo municipal de Tossa de Mar.

Marc Chagall veraneó unos años (1933 y 1934) en esta localidad de la Costa Brava catalana y en agradecimiento por el trato recibido por la ciudad donó una obra como recuerdo que puede verse actualmente en el museo de la ciudad.

Chagall fue un pintor judío de origen ruso que pronto se trasladó a París para empaparse de las vanguardias y aprender del ambiente bohemio y artístico del barrio de Montparnasse, aunque tras un periodo de tiempo vuelve a su ciudad natal donde funda y dirige la escuela de artes.

Comprometido con la revolución de 1917 se integra en el movimiento para pocos años más tarde, desencantado por la sucesión de los acontecimientos, y ya terminada la I Guerra Mundial, regresar de nuevo a París, donde se instala en 1923. Por su condición de judío, tras la ocupación alemana de Francia tuvo que huir a EE.UU en 1941.

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Su obra optimista y fantasiosa está conectada con diferentes corrientes del arte moderno que la hacen inclasificable hasta cierto punto.

En este violinista celeste retoma un motivo que para el es muy importante y que repetirá a lo largo de su obra: el violinista.

Para Chagall el violinista es la ilustración del buen humor y la alegría de vivir, que entiende como la única vía para la supervivencia y el mantenimiento de los valores que tanto pesan en la tradición judía, amenazada aquellos años por la barbarie nazi.

En este caso vemos a un violinista volando por encima de los tejados de una aldea tranquila en un día soleado, mientras se cuela por la ventana de una casa, que le abre sus contraventanas de color azul, muy frecuentes en el ámbito mediterráneo.

El colorido vivo e intenso de esta obra es caracteristico de su obra, y es el medio que el artista utilizaba para comunicar ese optimismo y felicidad que transmiten sus obras a quién las contempla.

Aunque algunos han querido ver en el violinista al propio pintor, por su gusto por incluirse en sus obras a modo de espectador de las escenas que representa, esta teoría no está contrastada en ninguno de los cuadros que pintó con este motivo, y pintó muchos.

Chagall cultivó durante más de ochenta años un arte inspirado en el amor, los recuerdos, las tradiciones rusas y judías, los acontecimientos históricos o los hitos artísticos de los que fue testigo y, en muchas ocasiones, entre las que para algunos éste sería un ejemplo, se sitúa él mismo como protagonista de la obra.

Accidente de Alfonso Ponce de León

Este cuadro del pintor Alfonso Ponce de León es un autorretrato muy original que podemos contemplar en el Museo Reina Sofía de Madrid, en la sala 207, “La nueva figuración. Entre clasicismo y sobrerrealidad”, del la segunda planta del edificio de Sabatini. Seguir leyendo “Accidente de Alfonso Ponce de León”

Mamá de Louise Bourgeois

Maman
Louise Bourgeois. 1999. Bronce, acero y mármol. Exterior del Museo Guggenheim de Bilbao
foto: Wikimmedia

Mamá (Maman en francés) es el nombre que recibe una gran escultura de la artista Louise Bourgeois que representa una araña y que podemos encontrar en el patio -bajo el puente de la salve- del Museo Guggenheim de Bilbao, del que forma parte de su colección permanente.

La escultura está fundida en bronce, al que se le añaden algunos elementos de otros materiales como el acero inoxidable y mármol. Mide 10 metros de altura y 10 de diámetro en un inquietante y “arácnido” conjunto que pesa más de 22 toneladas.

El nombre de la escultura se lo dio la propia artista y tiene su explicación en la profesión de su madre: tejedora de la fábrica de tapices de Saint Germain en París.

Louise Bourgeois
Araña en el exterior
Foto: Wikimmedia

Louise siempre manifestó que sus influencias artísticas tienen su origen en sus vivencias de infancia y juventud en París, donde conoció la vida bohemia de los barrios de Montmartre y Montparnasse.

En sus obras se aprecia claramente la incluencia del impresionismo abstracto y el minimalismo, aunque será el surrealismo el estilo que la artista manifestó que se sentía más suyo.

En este caso representa una araña de tamaño monumental que el espectador puede “recorrer” bajo su cuerpo, entre el intrincado espacio que delimitan sus patas.

La artista se sirve de las patas para crear unos ritmos controlados por las articulaciones de sus patas, que aunque sean de diferentes tamaños mantienen esas articulaciones en el mismo nivel.

Bajo el cuerpo de la araña representó rejillas, oquedades y nervios que crean un conjunto de formas indeterminadas que pretenden coaccionar la percepción del espectador y sobrecogerlo ante la imposibilidad de explicarlas, aunque en realidad sean una interpretación del insecto desde su interior.

De esta forma Louise Bourgeois expresa su pensamiento femenino, al representar las cosas desde un punto de vista femenino e intimista, y lo traslada a un mundo donde predomina la visión masculina de las cosas, basada en las apariencias externas.

La artista coloca la pieza en un lugar que se integra pefectamente con el conjunto que forman el museo y su entorno, pudiendose ver desde determinados untos de vista como el agua de la ría parece fluir por las entrañas “transparentes” de la araña, una de las atracciones del Museo que más sorprenden al visitante.

Mi aldea y yo de Marc Chagall

Yo y mi aldea
Marc Chagall. 1911. Óleo sobre lienzo. 192 x 151. Museum of Modern Art. New York
Foto: usuario Flickr farm5

Esta obra del pintor judío de origen bieloruso Marc Chagall es uno de sus cuadros más conocidos y que mejor resumen su arte, al aglutinar buena parte de sus gustos estéticos y características de su pintura.

A pesar de los intentos por encuadrar a Chagall en algún un estilo o corriente, sus cuadros son lo suficientemente herméticos y personales como para adscribirlos a un estilo determinado. Adoptó presupuestos formales de corrientes como el fauvismo, el constructivismo ruso o el cubismo, aunque fue el surrealismo el más predominante en toda su producción.

El cuadro nos muestra en primer plano dos rostros enfrentados: un hombre y un cordero.

A la derecha vemos el hombre, un autorretrato del pintor con el típico gorro de los judíos de su aldea natal, Vitebsk, y a la derecha un cordero que representa a su madre y al que el artista ofrece un ramo de flores.

La representación de su madre como un cordero tiene que ver con sus creencias religiosas. En la religión judía el cordero era lo más importante, el centro de cualquier celebración. Para Chagall su madre era también lo más importante -crió a 9 hermanos mientras su padre trabajaba todo el día- y por eso la representa como el cordero.

En la parte superior representa al padre volviendo del trabajo hacia la aldea en la que vivían. En su camino se topa con una mujer representada al revés -con la cabeza hacia abajo- que simboliza la alegría por el retorno del trabajo del hombre de la casa.

Si nos fijamos detenidamente en el cuadro hay una finísima línea que une las miradas del cordero y del propio Chagall, símbolo del amor materno-filial.

Aunque la formación del artista se centró en parámetros estéticos del expresionismo y constructivismo ruso, en esta obra ya se aprecian algunas de las influencias de estilos como el fauvismo por el uso de colores brillantes, el ajuste de la composición que recuerda al cubismo y el aspecto onírico de la obra que lo acercan al surrealismo.

Como se puede apreciar perfectamente en esta obra Chagall se mantuvo siempre al límite estético de todos estos estilos, sin que realmente ninguno de ellos predominara en su pintura.

Más allá de estilos y corrientes estéticas el cuadro es un buen ejemplo del apego del artista por su tierra natal y de su añoranza por la naturaleza de su tierra y de su familia, a la que dejó cuando se marchó a estudiar pintura, primero a San Petersburgo y luego a París, donde pintó este magnífico cuadro.

Esto no es una pipa de René Magritte

René Magritte. 1929. Óleo sobre lienzo. 60 x 81 cm. Los Angeles County Museum of Art Fotografía
René Magritte. 1929. Óleo sobre lienzo. 63 x 93 cm. Los Angeles County Museum of Art
Fotografía

Este cuandro, cuyo título en francés es Ceci n’est pas une pipe, pertenece a la serie de imágenes de René Magritte conocida como “la traición de las imágenes”.

En el cuadro vemos exactamente lo que la inscripción nos está negando. Vemos una pipa mientras el rótulo nos dice que no es tal cosa.

Y Magritte tenía razón. Porque no es una pipa, es una representación de una pipa. El propio artista sostenía que si hubiera escrito “esto es una pipa” habría mentido.

La idea de Magritte era la de provocar una sensación en el espectador de incredulidad y negación de la imagen. Y lo consigue porque al tiempo que lo leemos lo negamos, ya que para nosotros es una pipa.

Otra cuestión importante para el pintor es si es necesario que un elemento tan perfectamente dibujado necesita de una leyenda que lo aclare. Esto entronca con la idea de Magritte de la importancia de la subjetividad del espectador en la interpretación de los cuadros, y de cómo el pintor puede, introduciendo determinados elementos, condicionar esa percepción o provocar un efecto en él.

En este sentido hay que pensar que si no existiera la leyenda, o nosotros no pudiéramos leerla, el cuadro ya no sería lo que es. Ni sería demasiado conocido ni probablemente aportaría nada a la historia del arte. Veríamos una pipa, sin más.

Magritte contribuyó a desarrollar un surrealismo en arte alejado de lo que estaban buscando el grupo surrealista francés liderado por Bretón. El pintor de origen Belga no buscaba tanto la representación automática del subconsciente sino más bien romper con algunos convencionalismos en la representación de la realidad.

Es lo que consigue con esta leyenda: condicionar la percepción del espectador y así “romper” con la tradicional representación de objetos, que como esta pipa, sin la leyenda no habrían suscitado ningún interés en el espectador, o como vimos en el imperio de las luces en la que representa un cielo luminoso de día sobre una población sumida en la oscuridad de la noche.

El Ángel del Hogar de Max Ernst

Max Ernst
Max Ernst. 1937. Óleo sobre lienzo. 114 x 146. Colección particular
Foto: Wikimmedia

Max Ernst, al igual que Francis Picabia en “la revolución española”, forma parte de ese grupo de artistas europeos que reflejaron la difícil situación de la España de 1937, sumida por aquel entonces en una cruenta guerra civil.

El lenguaje pictórico tan peculiar de Ernst le llevó a representar a la Guerra Civil como un monstruo que siembra el pánico, la destrucción y la muerte, que sólo puede ser consecuencia de la destrucción de valores, moral y ética de la sociedad posterior a la Primera Guerra Mundial.

A pesar de haberse iniciado en el grupo de los dadaístas, Ernst encontró en el surrealismo un estilo que le permitía expresar sus ideas políticas y sobre todo estéticas, que contribuyeron a desarrollar este estilo de las vanguardias.

Con esta obra pretende mostrar su rechazo por la Guerra Civil Española y sobre todo por el ascenso de los regímenes autoritarios belicosos que estaban cometiendo atrocidades con la población más allá de sus ideologías.

Para ello se sirve de la rprsentación de un monstruo que lejos de estar estático realiza un movimiento violento pateando el suelo con toda la fuerza de que es capaz y con el que pretende sembrar el terror.

Podemos apreciar algunos rasgos humanos en el monstruo, como son las extremidades y la cabeza. Una cabeza en el que se dibuja una sonrisa victoriosa y placentera por conseguir el sometimiento de la gente a su voluntad a través del miedo.

La razón por la que elige como inspiración para el monstruo un ave es fruto de su admiración por estos animales, que aparecen de forma recurrente en sus obras. En este caso por la postura y la forma de la cabeza parece un buitre avanzando hacia su presa.

Max Ernst lo representa en un ambiente sin apenas referencias espaciales, un páramo que simboliza cómo había dejado el fascismo en España el país: arrasado, y como consideraba él que quedaría Europa si las tensiones del momento acababan en lo que acabó la Segunda Guerra Mundial.

El Surrealismo le servía para expresar ideas racionales sirviéndose de elementos irracionales extraídos del subconsciente, tal y como hicieron otros exponentes de este estilo como Breton, Chirico, Miró, Dalí o Magritte.

Ernst pintó este cuadro en una época en la que estaba preocupado también por el entorno político y la tensión de la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial. En este contexto fue perseguido y acabó marchando a EE.UU. con Peggy Guggenheim, con quién posteriormente se casaría.

Era un investigador incansable que experimentaba con técnicas y nuevas formas de pintar, como el Frottage, el grattage o la decalcomanía para transferir pinturas a soportes de cristal o metal sirviéndose para ello de un papel especialmente preparado.

La revolución española de Francis Picabia

Guerra Civil Española
Francis Picabia. 1937. Óleo sobre lienzo. 162 x 130. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid
Foto: agujeroglífico

Esta obra cargada de simbolismo y significado de lo hispano fue pintada por el artista francés Francis Picabia en el año 1937 como denuncia de la díficil situación que estaba sufriendo el pueblo español, inmerso en ese momento en una cruel Guerra Civil.

Aunque muchos han querido catalogar esta obra como surrealista con cierto aire expresionista, lo cierto es que, al igual que en otras obras del autor, es difícil adscribirla a uno u otro estilo.

Picabia es considerado uno de los artistas más versátiles de principios del siglo XX, que llegó a dominar numerosos estilos que cultivó y ayudó a su desarrollo en distintas etapas de su vida. En la época que pintó este cuadro exponía frecuentemente con los surrealistas, de ahí que haya sido catalogado en este estilo.

Conservada actualmente en el Museo Centro de Arte Reina Sofía, en la sala contigua a la del Guernica, ambas relacionadas temática y cronológicamente con la época de la Guerra Civil Española.

El cuadro representa a una mujer típicamente española flanqueada por dos esqueletos: el de su izquierda representa a una mujer con el peinado y la flor típica de una madrileña castiza, mientras que el de la derecha representa a un hombre, en este caso parece ser un torero por la montera que lleva en la cabeza, que coge de la cintura a la muchacha

La figura de la mujer quiere representar un tipismo español: una andaluza morena vestida con su vestido de cola y peineta con una mantilla blanca que le cubre la espalda.

Una bandera roja clavada al lado del esqueleto del torero sirve para envolver a las dos figuras por detrás dejando de lado al esqueleto femenino, a través de cuyos huesos podemos ver el cielo y el paisaje del fondo, en el que distinguimos la conocida Torre del Oro de Sevilla, que ubica en un espacio campestre y desprovisto de cualquier referencia que nos permita enmarcarlo en ningún lugar concreto.

El cuadro es una parábola de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en España desde 1936. Un país dividido en dos bandos enfrentados en una revolución de la que ninguno saldrá victorioso.

La bandera roja, asociada a las revoluciones de izquierdas, envuelve al esqueleto y a la muchacha . El esqueleto masculino abraza a la muchacha delante de la bandera roja, lo que ha querido verse como el paso previo de la muchacha para convertirse en el esqueleto femenino.

La lectura moralizante de la obra es el efecto que la revolución- representada en la bandera- tiene para las personas que están inmersas, o envueltas en ella, un efecto devastador.

El gran masturbador de Dalí

Visage du Grand Masturbateur
Salvador Dalí. 1929. Óleo sobre lienzo. 110 x 150 cm. Museo Reina Sofía. Madrid
Foto: xtec

Esta famosa obra de Salvador Dalí que se expone en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid es uno de los cuadros que presentó Dalí en la primera exposición que hizo en París.

Pintado en Cadaqués en el verano de 1929 es una obra plenamente surrealista en la que las connotaciones sexuales -tanto formales como las que nos sugiere el título del cuadro- y la claridad con que la pinta definirán su obra y la de todos los surrealistas en general.

La imagen principal del cuadro representa un rostro grotesco que ocupa casi todo el espacio. Esta imagen está tomada del tríptico de El Bosco el “El jardín e las delicias”. En la tabla de la izquierda, “la creación o el paraíso”, la roca antropomorfa a la derecha de la fuente representa el pecado y es la imagen que eligió Dalí para la figura principal de este cuadro. También la utilizaría en su otra obra famosa,” la persistencia en la memoria“.

Dalí era un gran conocedor de la obra de El Bosco y de esta forma quiso relacionar ambos cuadros, cuya temática es común: los orígenes del hombre y su relación con la sexualidad y las perversiones humanas.

Con el explícito título el pintor introducía el autoerotismo como tema del cuadro, aunque por lo que el mismo manifestó es posible que sólo sea un elemento más de los muchos que componen la pintura.

El Bosco
Tabla de la creación (detalle)

Algunos autores han querido ver en esta obra un paisaje mental altamente sofisticado en el que el autor nos muestra y describe sin tapujos sus temores y sus obsesiones sexuales más ocultas.

Más allá de interpretaciones y teorías podemos afirmar que tenemos ante nosotros un rostro. Una cabeza amarilla con mejillas sonrosadas, largas pestañas y una enorme nariz. Sobre su boca, o en lugar de boca, tiene un saltamontes -insecto que disgustaba a Dalí-.

Su vientre en descomposición está repleto de hormigas, símbolo de muerte y putrefacción. A la derecha un personaje masculino, “el gran masturbador”, del que vemos el vientre, los genitales y los muslos, hacia donde se acerca el rostro de una mujer de cuyo escote surge un lirio, símbolo de pureza que se ha interpretado como la idea de Dalí de que la masturbación era el acto sexual más puro del ser humano.

Bajo el rostro hay otros personajes y elementos en un espacio infinito que refleja ante todo la soledad y el vacío del propio acto de la masturbación.

Vemos como para Dalí el dibujo era muy importante como medio para definir objetos, detalles, aunque en muchos casos no sean fieles a la realidad ni proporcionados. La luz de sus cuadros es plana y de una claridad y brillo muy característico en Dalí, especialmente de la época en la que pintó este cuadro, que es considerada la principal aportación del genio de Cadaqués a la Historia del Arte

INFORMACIÓN ADICIONAL

Retrospectiva de Dalí en el Reina Sofía

Web de la fundación Gala Salvador Dalí

DOCUMENTAL DE DALÍ

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